El texto de la narración en Paul Ricoeur

Recién editado

La narración de lo que pasó ayer y la narración de una novela emplean las mismas palabras y son, en cambio, dos discursos diferentes, dos narraciones distintas por la estructura de su lenguaje. No por la calidad de su estilo que puede oscilar entre bueno y malo en ambos casos.
Paul Ricoeur ha realizado una interminable singladura en un océano de libros, una lista que ocupa diecisiete páginas en la bibliografía de Tiempo y Narración, su libro, traducido al español y editado en México. Tres tomos con más de más de mil páginas.
Este libro sobre el texto de la narración en contraste lo que dice Paul Ricoeur resulta extraordinariamente interesante porque comprueba, a nivel del texto, el acierto de Ricoeur en el método empleado y la coincidencia con la descripción del texto hecha desde la lingüística.
Una perspectiva desde la que se aprecian las dos narraciones indicadas anteriormente. Pero no todo coincide y es necesario corregir algún planteamiento de Ricoeur. Se limita al terreno cercano del texto. Ricoeur, francés de origen no presta atención al español. No obstante, su teoría sirve para la narración de todos los idiomas y el paso por Ricoeur es obligado e inevitable en los estudios sobre la narración. De esta incursión y solo desde la perspectiva del texto trata este libro.

Los pronominales en la comunicación

El sistema verbal de las personas o pronominales indica que se dan dos formas de discurso: el primero procede del hablar enunciativo, que consiste en un acto o ejecución del habla, unido a lo hablado, que coexisten, pero son dos entidades de diferente orden: conducta y lengua.  Y, el segundo procede de la tercera persona, discurso o frase que representa el mundo, y que permite a los interlocutores hablar de la objetividad representada. El enunciador o hablante la emplea como contenido de su comunicación. Como referencia a algo externo y distinto de la relación del yo con el tú.

El uso de la tercera persona corresponde a un discurso objetivo, que se inserta en la comunicación, cuando la frase está referenciada y atribuida al emisor. Tiene con la primera o segunda persona una relación externa.  Necesita la referencialidad. Decir quien habla. De otra manera de ordinario no se puede saber quién la dice. Solo cuando se atribuye a un hablante se sabe.

En este punto es donde se sitúa la noción de que toda narración es un comunicar de uno a otro el suceso que se narra. Se concibe la narración como perteneciente al único discurso, siempre enunciativo. Todo elemento de lenguaje está dicho por alguien. El narrador ¿quién es? El que enuncia la narración, el que cuenta la historia, y la sitúa en su tiempo.

Con la tercera persona desaparece la comunicación puesto que no está relacionada con otra. Es el mundo representado. El mundo representado se configura en un lenguaje que no se encuentra en una estructura de comunicación, en el sentido de que el lenguaje mismo no la refleja, él nadie habla. Esta la lengua, están sus frases, pero no aparece nadie que las diga. La instancia del hablar es otra, corresponde al enunciador y si es frase de tercera persona no está reflejado el texto. El enunciador es la primera persona y la tercera persona no es persona sino algo externo, que podría adjudicarse a un hablante, no mencionado en la lengua. El narrador, primera persona, se dirige a la segunda que será el lector y el discurso se adjudica al yo enunciador. Las frases de tercera persona pertenecen al yo enunciador siempre que se adjudiquen a alguien y sepa que son suyas y no se sabe por su contenido ni por su forma, sino por la adscripción o por atribución. 

La atribución se realiza por la coexistencia del acto y su frase. El agua es dulce, dijo Matilde. La conducta se percibe por la presencia misma, si alguien habla lo que dice es suyo: el jardín ya tiene flores, esta noche ha caído el rocío (dijo Lola). La indicación de Lola, el adjudicarle la frase, no hace falta si ella está presente.Y si las frases fueran el jardín tenía flores, aquella noche había caído rocío, como las pertenecientes a una narración, describían el jardín, están en tiempos pretéritos, están escritas. ¿Quién las dice? El acto no existe ya en lo escrito, la enunciación no se percibe, porque no está presente, no son coexistentes acto y frase enunciada, se trata de un texto escrito. En realidad, no hay enunciación, pero queda lo enunciado. Al añadir dijo Lola, se afirma que fue enunciada y se atribuye a Lola. En general se piensa que toda frase fue enunciada en algún momento por alguien y se indaga al desconocido.  Y recae en un anónimo narrador.

Pongamos que una persona hace con estas frases un juego, como si fuera una especie de crucigrama. Las pone y las quita, las altera, las trata como objetos. No enuncia nada ni comunica nada a nadie. Y aparece la frase: el jardín no tenía flores, sobre el yermo cayó el rocío. ¿Es posible esta situación? Por descontado que sí. Pues si este supuesto puede acontecer como real, también es posible componer la descripción del jardín de este modo desde el principio. Una composición significa poner juntas piezas de lenguaje, como quien construye un objeto con ellas. ¿Es esto lo que llamamos enunciación? No lo parece. Es más bien componer que enunciar. Las pone en el escrito y no las pronuncia ni comunica nada, no son de nadie, aunque son lenguaje inteligible que pone el autor del supuesto crucigrama de frases. Se ha confeccionada un objeto que es representación del jardín.

 El acto de enunciar es una ejecución, una forma de conducta físico-fisiológica que consiste en emitir sonidos y comunicarse, porque se trata de sonidos con significado y comunicación. La enunciación es un acto de la primera persona, el tú no enuncia nada y menos aún la tercera persona.  El que actúa es siempre primera persona. Y su misma persona está presente en lo que dice, coexiste con lo enunciado. Y su presencia permite adscribir lo enunciado, no hace falta decir Lola dijo si Lola está delante diciéndolo. Pero también puede quedar la impronta subjetiva de un yo autorreferencial: porque nosotros pensamos– sin estar presente el que habla. 

Sin embargo, en la enunciación de una frase en tercera persona no queda nunca la impronta de la subjetividad, la tercera persona representa el mundo, la representación está ahí, es objetiva, y aunque cualquier frase puede ser dicha por un yo enunciante, hace falta adscribirla, dijo-replicó.  Para saber quién habla, hace falta la referencialidad, la atribución.

En el discurso de la narración intervienen los dos tipos de frases, las de primera y las de tercera persona. El discurso producido por el yo que comunica al tú es un discurso de comunicación y enunciativo, emitido en un acto de conducta personal o hablar.  Y el discurso objetivo de la representación no pertenece al hablar subjetivo, sino representación objetiva del mundo. Este discurso no es comunicativo, no es hablar. Pero lo puede incorporar a su comunicación un emisor hablante, como materia que utiliza al hablar del mundo. Pero estas dos instancias, el emisor y el lenguaje, son entidades independientes entre sí y necesitan ser referenciadas una a otra. En cambio, la frase de primera persona siempre esta adjudicada al enunciador, no son independientes. Por ello son dos discursos diferentes y su diferencia radica en la naturaleza personal (primera persona) o no personal (tercera persona, la no-persona) del verbo. Pero la conjunción entre ambas, para formar la narración con narrador, forman el discurso narrativo, por lo que este discurso es dual y compuesto de dos formas. La correspondiente al hablar y la correspondiente al representar. Pero lo específico de la narración es lo representado.

Se deducen dos colorarios: 1, La representación no está situada en el tiempo porque en ella nadie habla y 2, El que habla es solamente uno. Puede haber muchos personajes, pero solo un narrador.

José Antonio Valenzuela Cervera

Enero de 2020

Narración. Trama del texto

Amazon, 2018
Por José Antonio Valenzuela

NARRACIÓN
TRAMA DEL TEXTO

En este libro se describen las frases que componen la narración y se explican para su ejercicio.
¿Se puede enseñar a escribir narraciones sin practicar sus frases? Muy difícil.

Una narración cualquiera se escribe en español con cinco frases diferentes. En este libro se definen con precisión inequívoca las cinco frases del texto narrativo. El conjunto de ellas, de la misma categoría, se llama en este libro estrato. Y los cinco estratos están entramados. De manera que la narración se confecciona con cinco estratos, compuestos de oraciones.

Detalles del libro en Amazon

La sintaxis oracional no puede explicar por completo el texto de la narración. Los tipos de frases se definen ontológica y lingüísticamente.
Uno de los estratos es el nuclear. En el núcleo se apoyan los cuatro restantes: segundo plano, diálogos, el descriptivo, el habla del narrador.
La trama del texto es la trabazón entre ellos. Si quieres escribir o leer narraciones estudia de sus frases. Logra que te sean familiares.

Si enseñas ¿Cómo no puedes hacerlo sin entrenar el uso de sus frases con el ejercicio? ¿Quién aprende, sin practicar sus frases? En este libro pone la base de esos ejercicios.
Con decir que la narración tiene principio, nudo y desenlace, y si no se desciende al texto, no se enseña a escribir.

La enunciación y la representación

Al ser la enunciación el momento germinal de la lengua hablada, es decir, de la lengua simplemente, porque es oralidad en su nacimiento, voy a explicar desde ella la estructura principal de la narración. En los rasgos de la enunciación se encuentran, como en la raíz de un árbol la configuración de sus ramas, el doble desarrollo del texto de la narración, su naturaleza dual.

La enunciación

Enunciar consiste en el acto de hablar, la emisión de frases de una lengua, para comunicarse con otros hablantes y, cuando se logra la comunicación, se alcanza el entendimiento y la réplica. La lengua que nace con la comunicación ¿Cómo se origina? Las lenguas naturales se cuentan por miles y nacen en los intentos de comunicación a partir de cero. Se puede suponer que su formación sea desde un inicio elemental, una mínima comunicación lograda y sobre ella con contrastes, oposiciones y derivaciones se origina la vasta red que constituye su sistema de reglas y signos. Un proceso continuo y largo. La lengua que se usa está siempre viva.

Pasado el momento inicial, el sistema de signos preexiste ya a todo individuo por su naturaleza eminentemente social y colectiva. Pues bien, la enunciación es la voz de un hablante concreto en este ámbito lingüístico y social.

Cualquier sujeto de la sociedad lingüísticamente ya formada, puede ser emisor. Con un acto de enunciación ocupa el centro como persona viva y su tiempo será el punto originario de coordenadas. El sistema de signos y de reglas, interiorizadas en el hablante y desconocidas por él, se actualizan, se hace tangible la lengua y queda insertada el tiempo humano.

La enunciación, por tanto, es el funcionamiento subjetivo de la lengua, que tiene por principio la acción de un individuo concreto. ¿Quién habla y en qué momento? Un yo. El ejercicio del uso de la lengua es egocéntrico, se constituye en el ahora, el aquí y en el yo de una persona. Esto hace posible la comunicación.

El verbo

El verbo conjugado personalmente es el signo principal de la lengua. Se asocia con las personas gramaticales yo, tú y él. Estos pronombres son unidades sin referente, desocupadas, como monos de una baraja, y que sujetos individuales pueden ocupar ese vacío. Que activan con un acto de su conducta la lengua. El que habla es una persona real, el yo de primera persona. Es la pieza principal. La enunciación pertenece siempre a un yo, es la única persona que habla, la persona que realiza el enunciado.

Si dice, salgo, se menciona a sí mismo, si dice vienes, se refiere al tú, si dice sube, a la tercera persona él. En todos los casos la enunciación es suya. Y las acciones salir, venir o subir, tienen lugar en el tiempo del yo que enuncia, quien sea.Con el acto de enunciación de un presente de indicativo, ese yo señala su propio tiempo de persona viva.  Por ello el tiempo verbal de presente es un señalador o deíctico del tiempo, pero no de un tiempo cualquiera, sino el de la persona que habla. El tiempo es el mismo para todos.

Así es como se incorpora a la lengua el tiempo humano o, visto desde el ángulo opuesto, el tiempo humano se inserta en la lengua y forma la temporalidad; porque el tiempo es siempre una realidad humana y la temporalidad es su expresión o equivalente en el lenguaje. Y se emplean dos palabras para poderlos distinguir. Los verbos son la pieza clave de la temporalidad en el lenguaje y por ello son esenciales en la narración, ya que un suceso es tiempo. Los verbos sitúan los procesos que ellos significan de la vida, en el tiempo del acto de la enunciación de un sujeto.  Punto en el que conviene parar la atención: el acto de quien habla es tiempo de la persona viva; la lengua es el signo o la frase dicha, en cuanto tal no tiene tiempo, pero tiene temporalidad. El tiempo presente es de la persona que tienes delante y por ello el tuyo también, el tiempo del presente de indicativo es la temporalidad de la lengua.

Los pronominales, yo y tú, por estar vacíos de referente, están a disposición de cualquier hablante. El yo, un signo vacío, se reviste del que toma la palabra. El es igualmente un signo vacío, y lo constituye el yo en su comunicación enunciativa y anticipándose, porque el tú no tiene iniciativa. Cuando un sujeto realiza un acto de enunciación, su yo se convierte en el centro referencial de la lengua, y este acto tiene como elemento esencial su carácter de comunicación. Y debido a esto, el yo enunciante implica necesariamente el y la comunicación. A la segunda persona solo se le habla, no puede nunca hablar, porque si lo hace, se convierte en yo. Viene a ser como una persona incapacitada o minusválida. Siempre dependiente del yo, como un niño pequeño de su madre.

La enunciación es comunicación

Y el carácter comunicativo pertenece al acto de enunciar. Si el depende del yo, el yo no puede existir en la lengua sin el .  Forman una indisociable unidad. La comunicación que es elemento esencial, como he dicho, de la enunciación, requiere al menos dos individuos. El yo es la única persona gramatical independiente y activa. Pero requiere el tú y por ello el discurso establecido por la enunciación es intersubjetivo y social. Cualquier enunciante implica y constituye a un tú receptor.

En esta intersubjetividad del discurso el no puede darse sin el yo, y el yo no se da sin el . Pero el referente primario es el sujeto de la enunciación y al receptor lo define la comunicación misma. Y esto parece claro que no se debe a la mera enunciación, sino a que la enunciación es siempre comunicación. Y existe el por la comunicación enunciativa de un yo.

Yo-tú son necesariamente coexistentes. Y dado el carácter vacío de los dos, cualquier individuo puede ser yo o en la relación comunicativa y por lo tanto son inversibles. Yo y tú se definen por la oposición entre ellos. Y como cualquiera puede constituirse en enunciante, cualquiera puede ser también receptor. La relación de comunicación yo-tú puede ser inversa a una relación dada entre personas concretas, y por ello la comunicación se convierte en réplica o diálogo.   

Fue el lingüista francés, Émile Benveniste, quien describió la estructura de las personas en su relación con el verbo y la naturaleza de sus oposiciones. La definición de las personas gramaticales la realizó por la posición que tienen los participantes de la alocución comunicativa. De aquí se va a derivar como veremos una estructura esencial de todo texto narrativo.

Las correlaciones de persona

Émile Benveniste trazó las oposiciones que distinguen a las personas gramaticales en el marco de la alocución comunicativa: el hablante (yo) hace uso de la lengua para articular un discurso y comunicar algo a alguien (tú). Benveniste distinguió dos correlaciones que explican la función de las personas gramaticales en toda lengua: la correlación de subjetividad entre las dos primeras personas, que hemos visto, y la correlación de personalidad que opone las dos primeras personas a la tercera.

La correlación de subjetividad

La primera persona del singular, el yo, es la clave para comprender la estructura de las personas gramaticales. El enunciado del yo va dirigido a un interlocutor, que se define como la persona opuesta al yo, sin necesidad de comprobación previa. El hecho mismo de la enunciación implica un destinatario. Tú, en la situación de alocución, será el individuo al que se dirige la alocución. Así pues, no puede existir, sino en relación con la forma pronominal yo.

La correlación de personalidad

Se establece entre las personas yo / tú y la tercera persona, él. Esta tercera persona no se encuentra dentro de la correlación primera, pero viene a ser la materia objetiva en el proceso de comunicación: Elvira dice a Juan: pasa el tren. El paso del tren es la tercera persona, el evento ferroviario. Es el asunto o materia de la comunicación entre yo / tú, es el mundo que cae fuera de ellos mismos y al que se hace referencia. Esto significa que es un tercero. Se refiere siempre a otra cosa ajena a los interlocutores y fuera de la mutua relación comunicativa del discurso en que aparece.

Lo propio de la tercera persona es carecer de la marca de persona, él no implicar persona alguna tal como señaló Benveniste. Un proceso, acción o evento puede adoptar cualquier sujeto, o no tener ninguno, y este sujeto, expresado o no, no es jamás planteado como persona en la comunicación. Tenemos entonces que la tercera persona no sólo no es persona en la situación de alocución comunicativa, sino que pertenece a la enunciación en cuanto es referido. Un enunciado como el del tren que pasa, indica un fenómeno natural en proceso de realizarse, puro fenómeno, sin agente. Como si lloviera o tronara.  

La tercera persona permite hablar al yo de un fenómeno en curso que se realiza por sí mismo y sin participación del hablante. Por ello la identificación entre persona humana y persona gramatical es incorrecta. Además, la tercera persona no es hablante con la primera ni la primera con ella. La función primordial de la tercera persona es la de permitir al verbo referir cualquier proceso del mundo, incluyendo las acciones de las personas, materia de la narración. Solo en este caso se puede decir que la tercera persona es persona. No en los demás.

La flexión verbal se reparte entre las tres personas gramaticales. Los verbos se conjugan según las tres personas. El yo y tu son coexistentes y la tercera persona, él, queda fuera. Porque el uso del yo implica comunicación con el tú, pero no hay comunicación con la tercera persona, él, que resulta del todo independiente.  Su verdadera función consiste en no ser persona, dice Benveniste, nunca habla, aunque hablen de elle y nunca se le habla. De modo que, desde la naturaleza de la enunciación, ya se vislumbra que nacen dos discursos: uno en el que se habla y en el otro, no. Es para referenciar el mundo y representar sus fenómenos.

Veamos en un fragmento narrativo contemporáneo los dos discursos de la narración.
Capítulo 50 de la novela Patria, de Fernando Aramburu
El fragmento de este capítulo lo dispongo sin diálogos en dos columnas. A la izquierda el discurso de hablar, a la derecha el representar. El texto en su forma original está en el apéndice

                                    Representación                                  Hablar
Sin esperar a darle el beso de bienvenida, se lo preguntó.Que si había visto el telediario
Gorka, contrariado, lánguido, asintió. Y dijo quehabía sentido vergüenza, mucha vergüenza.
Se le encendió a Gorka un destello de súplica en los ojos,como diciendo: tus palabras son muy fuertes, por favor no hables así.
Los crímenes imputados al comando ponían los pelos punta. 
Arantxa le dio una palmada de aprobación en las largas y cargadas espaldas por no haber seguido el mismo camino que  nuestro hermano.
Y añadió, remedando la voz de la locutora:El peligroso terrorista
Eran tres los militantes buscados. Sus fotos en la pantalla. La de Joxe Mari, melena, pendiente en la oreja, juventud, había aparecido en el centro.   A Arantxa la habían llamado por teléfono del pueblo. Una amiga de los viejos tiempos. Para darle la enhorabuena.    Por cierto, se ha hecho famoso ¿Quién?
 Su predicción agorera sobre el futuro de Joxe Mari ahora que está en búsqueda y captura:
 o le explota una bomba mientras la transporta o la manipula, y tenemos funeral con ataúd envuelto en la ikurriña, danza tradicional y el resto del programa folclórico, o lo pillan las fuerzas de seguridad en cualquier momento. Esto último sería lo mejor para todos: para sus víctimas potenciales, que salvarían el pellejo; para sus parientes, porque sabríamos que donde lo van a encerrar ni correrá peligro, y para él mismo, que así conocerá la que ayuda a los hombres a volverse serenos y reflexivos.
Gorka, facciones mustias, apenadas, asintió de nuevo. había tenido el detalle de visitar a su hermana con ocasión de su cumpleaños y porque le habían dicho sus padres por teléfono que estaba embarazada. 
¿Regalos?: Dos. Un librito para niños en euskera, Piraten itsasontzi uraina, su primera obra publicada  qué bonito, verdad, muy bonito   
y flores 
Los dos hermanos se pusieron de acuerdo en no hablar más de Joxe Mari.  Ya basta. ¿0 es que no había otros asuntos importantes en su vida?
Arantxa salió de la sala en busca de un florero. Casada con Guillermo, vivía en Rentería, en un piso del barrio de Capuchinos. Y la foto de Joxe Mari, que, claro, ahora es un héroe para los chavales del pueblo, estaba demasiado presente en sus respectivos pensamientos como para olvidarse de ella. Así que no lo pudieron evitar; colocadas las flores en una vasija de vidrio, tratados a la ligera algunos temas de circunstancias, volvieron a hablar de su hermano. 

La temporalidad

Otro tema implicado en la enunciación es el pasado. Se habla de sucesos ocurridos, se cuenta un sucedido.  Algo sucedido es por su naturaleza misma pasado. Y la pregunta es si la historia contada del pasado es enunciada o es representada.

Si es contada, el primer caso, nos encontramos en la correlación de la primera con la segunda persona, que es el hablar; y si es representada, en el segundo caso, nos encontramos en la correlación de la primera con la tercera persona, que es la representación objetiva del mundo.

Todo acto de un yo es por definición presente y si alguien en presente cuenta una historia, ha de referirse al pasado, en el presente no hay historias, y como la historia es un suceso en el mundo, ha de emplear la tercera persona. De modo que una historia es pretérito y tercera persona.

El presente

<p class="has-drop-cap has-medium-font-size" style="line-height:1.4" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">Al reflejo del tiempo en el lenguaje se le llama, como ya he dicho, temporalidad, para distinguirlo del tiempo real, que la lengua no tiene, porque el tiempo pertenece a la vida de las personas. El presente de la conjugación, el presente de indicativo, <em>el caballo salta</em>, no es más que la coincidencia entre el acontecimiento del salto y el acto del hablar que lo enuncia. Se trata de una relación, y consiste en el punto formado por dos sucesos, como dos rectas que se cortan: el del salto y el del enunciador. Este señala el tiempo del salto del caballo en relación con el suyo. Por lo tanto, la temporalidad de la lengua se encuentra en la subjetividad de su ejercicio. En el acto deíctico de señalar.Al reflejo del tiempo en el lenguaje se le llama, como ya he dicho, temporalidad, para distinguirlo del tiempo real, que la lengua no tiene, porque el tiempo pertenece a la vida de las personas. El presente de la conjugación, el presente de indicativo, el caballo salta, no es más que la coincidencia entre el acontecimiento del salto y el acto del hablar que lo enuncia. Se trata de una relación, y consiste en el punto formado por dos sucesos, como dos rectas que se cortan: el del salto y el del enunciador. Este señala el tiempo del salto del caballo en relación con el suyo. Por lo tanto, la temporalidad de la lengua se encuentra en la subjetividad de su ejercicio. En el acto deíctico de señalar.

El punto de referencia atemporal absoluto lo establece el sujeto que emite un discurso, ese es el presente y no tiene dimensión, es de naturaleza relacional. Aunque el proceso mencionado, el salto, conlleve un tiempo.

De todo ello sacamos dos aspectos que afectan a la narración; uno, que el anclaje de la lengua en el tiempo real pertenece a la enunciación viva de una persona; y dos, que el señalamiento es un punto sin dimensión, aunque la tengan los significados léxicos que se emplean. Como la narración es tiempo estos principios son esenciales, el tiempo es de las personas y la temporalidad es del lenguaje. De la relación o coexistencia física de ambos viene la enunciación.

La referencialidad

El discurso escrito retiene la lengua que lleva el viento cuando se habla.  La lengua escrita conserva, al desaparecer los interlocutores, lo que dijeron; ya no hay enunciación, pero tenemos lo que fue enunciado.  El punto de referencia temporal ya no existe, porque las personas han desaparecido. Ha desaparecido el yo presente de la enunciación y tiene que ser nombrado o referido o recordado su acto. Decir quién habló es la referencialidad. Por eso Benveniste al tratar la enunciación incluyó el acto de habla en la relación del yo con el , el sujeto de la enunciación y planteó el tema de la tercera persona.

De lo dicho se desprende que la estructura del texto narrativo arranca de la posición de las personas en la enunciación. En las correlaciones de las personas gramaticales se encuentra la base de la duplicidad del discurso narrativo, que tiene una forma de comunicación y otra de representación. Benveniste indicó la falta de homogeneidad entre las tres personas del verbo. Y, en efecto, basta considerar dos personas: la primera y la tercera. La correlación de primera con segunda es interna al yo y al hablar; y la correlación de primera con tercera es la externa mención del mundo, la primera persona no habla con la tercera.

Por esta dualidad de raíz, el texto de la narración es doble.  No se puede hablar de un solo hilo en el que se anudan los sucesos.  Es un texto compuesto de varios hilos. Y de momento tiene dos visibles ya en la doble correlación de las personas, origen de la dualidad del texto narrativo. Algunos narratólogos hablan del telling y del showing y buena parte de la confusión la ha inducido Genette que sostiene que toda narración es comunicación en la que un hablante comunica un mensaje a un receptor. (Genette, Gérard . Narrative Discourse Revisited,1988).

Por otra parte, cuando las personas desaparecen, aparece el problema de la referencialidad. ¿De quién fue el texto si se enunció alguna vez? Pero como la narración tiene doble texto, habrá que preguntarse quién habla en la parte hablada y si la parte de representación tiene hablante o no lo tiene. Si lo tiene es necesario referenciarlo, identificar y decir quién es. Cuando la narración es escrita y la enunciación está perdida, en realidad no habla nadie. Pero aparece una voz que habla, aunque no se sabe quién es. Y se le llama narrador. Y las frases o discurso de tercera persona no tienen hablante. La tercera persona no habla con nadie ni nadie le habla a ella. Pero alguien la puede decir. Y se entra en el proceso de atribuir este discurso de tercera persona. ¿Quién habla? Para afrontar este problema se dice de todo: es del narrador, es el autor, es autor primario o secundario, es un representado, tiene varios enunciadores, es el escritor conocido, el que cobra los derechos, o es desconocido o simplemente no hay enunciación de nadie y no habla nadie. El discurso de la correlación primera tiene yo hablante, conocido o no. El de tercera persona puede tenerlo, o no tenerlo, como sus frases son tercera persona no exigen un hablante, no lo reclaman, las frases funcionan bien siendo mera representación.

La primera persona

Los tiempos del verbo se conjugan con las personas, los pronominales yo, tú, él. Las personas ofrecen una clave para explicar la forma del texto narrativo.  La voy a desarrollar en estas líneas. Para empezar, hay que decir que la primera persona en la conjugación del verbo es la principal, porque corresponde a quien está hablando. Y si se habla por turnos corresponderá al que le toque el turno, ese ocupará el lugar del yo. Su papel principal como yo es hablar, y esta actividad toma el nombre de enunciación.

La acción de enunciar consiste en decir frases, pero las frases no son la acción misma, son piezas de lengua con un significado. Van juntos el significado y la acción, coexisten, pero son entidades o partes diferentes de un mismo hecho.  Enunciar solo lo hace la primera persona y al decir algo siempre se comunica con alguien. Enunciar es también comunicar.

Con la comunicación hace aparición el . Enunciar es siempre un acto hacia otro, sin que por el momento nos importe nada quien es tú o el vosotros a quien se dirige el yo. La misma acción de comunicar lo presupone, aunque pueda ser fallida.

La tercera persona

La tercera persona, en cambio, está fuera de la relación de la comunicación con otro. Con la tercera persona no habla el yo. Y el tú tampoco, porque el tú no habla nunca y cuando habla es que se ha convertido en yo. Entre el yo y el tú se invierten los papeles. Y los ocupan alternativamente en el convenio de la comunicación. Por lo que lo que importa siempre es el yo. Pero la tercera persona está fuera del convenio.

 La frase o las frases o el discurso en tercera persona representan el mundo, lo que permite a los interlocutores, hablar del mundo representado en ellas. El enunciador o los hablantes las emplean como contenido de su comunicación, el tren circula, que es referencia a algo externo y distinto de la relación del yo con el tú. De los sucesos del mundo se habla.

La tercera persona ni habla y ni le habla nadie, pero hablan de ella, habla el yo, que es el único que habla. Veamos la ejemplificación.

En la cantera de Patria, Fernando Aramburu
Capítulo 51, (parte escogida)

Como en las películas. En serio. Gorka salió de su casa a media mañana para dirigirse a la biblioteca. Un sábado. Con lo tranquilo que estaba. Cielo azul, pocas nubes, buena temperatura. La vio, grande, gruesa, en la acera de enfrente: Josune, que, en lugar de corresponder a su saludo, iepa, se llevó un dedo a los labios en petición de silencio. Labios que o son muy delgados o le quedan en el interior de la boca.

Ella caminaba un paso por detrás de él.

-No te vuelvas. Sigue, sigue.

Y él no se volvió y siguió. Al doblar la esquina, también en voz baja, ella le rogó/mandó que la esperase en la iglesia. Se separaron.

Gorka tomo asiento en un banco de la última fila. La iglesia, vacía. No había otra iluminación que la de los vitrales allá arriba en el muro. Si aparece el cura, ¿qué le digo? ¿Qué me ha dado un ataque de devoción? Josune le hizo esperar más de veinte minutos. Él, mosca, se barruntaba que había ocurrido algo grave. Ojeaba los libros ya leídos que pensaba devolver en la biblioteca. Miraba el reloj, miraba el retablo, las estatuas, las columnas; volvía a mirar los libros. Por fin notó, por un leve chirrido de goznes y por la claridad repentina que entró a su espalda, que la muchacha había abierto la puerta. Por señas, Josune lo urgió a reunirse con ella debajo de las escaleras que suben al coro.

Si entra alguien, aunque sea conocido, nos vamos cada uno para un lado. Te aviso, igual me están siguiendo.

-Tú mira que no te siga nadie.

Acordaron que primero saldría ella de la Iglesia. Gorka, prométemelo, esperaría otros veinte minutos dentro. Mejor más que menos.

El decidió dirigirse lo primero a la biblioteca. ¿Y eso? Pues porque los libros le iban a estorbar y para no levantar sospechas.

-Yo ya te he dicho todo lo que te tenía que decir.

Y se marchó corpulenta, con la boca sin labios ¿Qué verá mi hermano en esta chavala? No me lo explico. Se le había contagiado el temor. ¿Temor a qué? Ni idea. Por si acaso permaneció media hora dentro de la iglesia. Intentó leer, pero qué va.

Comentario

Para analizar el texto narrativo se retiran los diálogos. Los diálogos son el hablar representado. No es lenguaje narrativo, sino hablar común. En los personajes tenemos hablantes, sus actos de habla son su presente, el imaginario, no tienen presente real.  Su hablar es enunciación representada. En la narración es necesario saber qué personajes hablan. Y se contemplan estos actos como se contemplan en la realidad.

Ella caminaba un paso por detrás.

No te vuelvas, Sigue, sigue.

Leyendo los hechos representados, la primera frase, se sabe quién habla en la segunda, se le ve. Y si no, se atribuye: ella, Josune, caminaba un paso por detrás, o bien, dijo Josune y se explícita al personaje. Se emplea un verbo de decir, tan abundantes. La segunda frase, el diálogo, no tiene lenguaje diferente al del hablar común y enunciativo del yo.

Pero en las narraciones hay otro hablante que no es personaje como en este caso, el narrador. En la siguiente frase se lee:

Gorka tomó asiento en un banco de la última fila. La iglesia, vacía. No había otra iluminación que los vitrales allá arriba en el muro.

Si tenemos en cuenta que las narraciones están de ordinario escritas, en ellas no hay enunciación. Solo queda por escrito lo dicho, sin hablante alguno real. Sin hablante vivo. Entonces estas frases sin hablante son el resto, el lenguaje solo, que queda de la enunciación.

Todo ello es tercera persona:  la acción que realiza Gorka y el estado de la iglesia vacía y oscura. Que es como la primera de las frases anteriores. Una objetividad que es representación de sucesos del mundo. En realidad, nadie dice esas frases. Pero si pensamos que toda frase la tiene forzosamente que decir alguien, estas las habría emitido un hablante que no conocemos. Las mismas frases no nos dicen nada, precisamente porque son tercera persona y no contienen ningún rasgo de subjetividad o de persona que hable. Es necesario atribuirlas y en vista de esta necesidad se las adjudicamos a un narrador, que no es persona real ni sabemos quién puede ser. Aunque la novela la escribe Fernando Aramburu, eso sí lo sabemos, pero no nos podemos imaginar a esta persona enunciándolas, aunque le imaginemos escribiendo la novela. El caso lo dejo así de momento, con la idea de que escribir no es enunciar o solo en contados casos.

Él decidió dirigirse lo primero de todo a la biblioteca. ¿Y eso?  Pues porque los libros le iban a estorbar y para no levantar sospechas. Puede que, al haberlo visto con Josune, ahora también lo vigilasen a él.

Él decidió dirigirse lo primero de todo a la biblioteca.

Es tercera persona y representación de una acción: la decisión de Gorka.

¿Y eso?  Pues porque los libros le iban a estorbar y para no levantar sospechas. Puede que, al haberlo visto con Josune, ahora también le vigilasen a él.

La pregunta y la explicación no son representación objetiva, sino intervención de quien habla. Y es la misma persona, porque evidentemente no pueden ser dos distintas. Pregunta el narrador sobre lo representado y se contesta. Y esto nos hace ver que el narrador está frente a la representación, al menos, le extraña y se hace una pregunta retórica, puesto que él mismo la contesta. Nos está diciendo que la representación no es suya.

Esta postura frente a lo representado del narrador, aunque sea un juego de estilo frecuente en esta novela, nos hace ver que hay dos planos en el texto- La representación de los hechos, que están ahí, podríamos decir se ven y no se tocan, no se discuten, pero este escritor juega. Es como si se preguntara por qué la realidad es así. Pero las frases no son de nadie, la realidad es esa. La representación no es la opinión de alguien al que se le puede discutir.  Estas frases no reclaman ningún hablante, no son el hablar subjetivo de alguien, no cabe preguntar ¿por qué dices eso?  Estos son los dos discursos que se distinguen en la narración.  Uno se entronca con la tercera persona, representación objetiva y otro con la voz de una persona que habla.

En el comienzo se lee:

Como en las películas. En serio.

Esta frase está escrita, no es enunciada, pero evidentemente es hablar por su forma coloquial. Y, además, habla de la representación que va a seguir, que compara a una película de acción. No lo puede decir un personaje y como es de un hablante, que no podemos conocer, le llamamos narrador y basta.

Gorka salió de su casa a media mañana para dirigirse a la biblioteca. Un sábado.

Frase es de tercera persona y de representación.

Con lo tranquilo que estaba.

Es hablar de alguien que se lamenta. No está atribuida, pero puede ser el pensamiento de Gorka o lo dice el narrador refiriéndose a él.

Cielo azul, pocas nubes, buena temperatura. La vio, grande, gruesa, en la acera de enfrente: Josune, que, en lugar de corresponder a su saludo, iepa, se llevó un dedo a los labios en petición de silencio. Labios que o son muy delgados o le quedan en el interior de la boca.
Ella caminaba un paso por detrás de él.

Son acciones o eventos representados.

– No te vuelvas y sigue.

Habla el personaje Josune.

Y él no se volvió y siguió. Al doblar la esquina, también en voz baja, ella le rogó/mandó que la esperase en la Iglesia. Se separaron.
Gorka tomo asiento en un banco de la última fila. La iglesia, vacía. No había otra iluminación que la de los vitrales allá arriba en el muro.

Todas son frases de representación. Este escritor tiene la costumbre de actuar sobre la representación y la modifica, rogó/mandó, como en este caso, lo cual nos demuestra que no habla él en ella.

Si aparece el cura, ¿qué le digo? ¿Qué me ha dado un ataque de devoción?

Lo piensa para si el personaje. Es un decir que entrecorta el párrafo objetivo de los hechos. Es lenguaje directo.

Josune le hizo esperar más de veinte minutos.

Es representación

Él, mosca, se barruntaba que había ocurrido algo grave. Ojeaba los libros ya leídos que pensaba devolver en la biblioteca. Miraba el reloj, miraba el retablo, las estatuas, las columnas; volvía a mirar los libros. Por fin notó, por un leve chirrido de goznes y por la claridad repentina que entró a su espalda, que la muchacha había abierto la puerta. Por señas, Josune lo urgió a reunirse con ella debajo de las escaleras que suben al coro.

Todo es tercera persona y representación de hechos.

Acordaron que primero saldría ella de la Iglesia. (a) Gorka, prométemelo (b), esperaría otros veinte minutos dentro. (c) Mejor más que menos. (d)

a) es representación seguido de lenguaje indirecto, b) lenguaje directo de Josune, sin guion, c) el narrador calcula el tiempo, la representación sería *esperó veinte minutos más, d) hablar de Josune. Pertenece al estilo de mezclar los planos, entrecortar, decir a medias y obtener un efecto de lenguaje hablado.

El decidió dirigirse lo primero a la biblioteca. ¿Y eso? Pues porque los libros le iban a estorbar y para no levantar sospechas.

Después del hecho representado, el narrador, como acostumbra,  se pregunta por qué hace eso y él mismo la contesta.

Y se marchó corpulenta, con la boca sin labios ¿Qué verá mi hermano en esta chavala? No me lo explico. Se le había contagiado el temor. ¿Temor a qué, a quién? Ni idea. Por si acaso permaneció media hora dentro de la iglesia. Intentó leer, pero qué va.

Hecho representado. Pensamiento en lenguaje directo de Gorka, pregunta y contestación. Representación: Se le había contagiado el temor. Pregunta del narrador y contestación: ¿Temor a qué, a quién? Ni idea. Tiene la forma de la precedente y sigue la representación con un final de lenguaje coloquial que da la impresión ya dicha.

La representación

La representación se compone de frases que contienen un proceso o evento del mundo. Es como una moneda o un objeto. Nadie habla en la frase, no se siente necesidad de que la formule alguna persona. La frase de la representación no es comunicación de una persona que esté detrás de ella hablando. La frase se basta a sí misma, como las estampas, las fotos, los cuadros, y no digamos nada los billetes de dólares.  Ahora bien, como nuestro tema es la narración, la pregunta será, sobre la representación: ¿De dónde viene? Pues evidentemente de la necesidad de presentar otra vez los sucesos que desaparecieron con el tiempo. Sin remontarme a los primeros orígenes del mundo, viene de contestar a la pregunta: ¿cómo se cayó ayer la farola de la plaza?  Se puede suponer que lo más elemental es contar sucesos como este.

La representación de lo pasado es el funcionamiento normal de la lengua. Es la manera de hacer presente lo que ya no existe. La temporalidad de la lengua dispone de tiempos para referirse al pasado. Las narraciones orales de la conversación utilizan estos tiempos. Supongamos que el suceso del ejemplo anterior, la entrevista de Josune con Gorka en la iglesia, es objeto de una conversación y Arantxa, su hermana, no el personaje, sino la persona viva, te lo cuenta. Ella empieza y toma un punto del pasado, Gorka salió de casa, y va añadiendo lo que vino después vio a Josune, la saludó, se llevó un dedo a los labios, silencio, siguió ella por delante y le llevó a la iglesia. Hay que representar uno tras otro los sucesos y recomponer lo que pasó.

Arantxa hace dos cosas: recompone los hechos tal como fueron, con la representación objetiva de ellos, en tercera persona; y dice (en lenguaje indirecto) lo que acordaron y calcula lo que tuvo que esperar Gorka en la iglesia: primero saldría ella de la Iglesia y Gorka esperaría otros veinte minutos dentro. Esta conversación supone enunciación en presente real, hablan del pasado, emplean tiempos pretéritos y con ellos hace Arantxa una representación oral. Arantxa, según nuestro supuesto, es narradora y todo lo dice ella.

¿Y cómo es esto en la novela? Nadie enuncia nada, porque nadie habla en tiempo vivo. Un narrador habla, pero con falso hablar, en realidad es nadie cuando aparecen sus frases de hablar. El tiempo real de la enunciación no funciona, los tiempos pretéritos, los de la representación o los del narrador, no pueden indicar tiempo, ni presente ni pasado, sin enunciación.

El supuesto primero sería el contenido y la forma de una conversación real y hablada. Arantxa presente mientras tomáis un café.   Es la enunciación originaria de la comunicación con la lengua. Pero no es así en la novela. Todo está escrito, no hay enunciación de ningún narrador, no se puede señalar un tiempo de alguien real, no hay comunicación ninguna, y aunque se empleen, como en la conversación real los tiempos, como no hay tiempo de nadie, tampoco hay pasado. Pero hay frases de hablar, aunque sea falso, y hay frases de representar, aunque nadie las diga.

Tenemos los dos discursos: un hablar de alguien, un yo; y un discurso en tercera persona en tiempos pretéritos que es la representación de sucesos y nadie los dice, están ahí.

En la narración oral estamos en el ámbito de la enunciación de un yo real que ha confeccionado en tercera persona la representación de un suceso pasado.

En la novela estamos fuera de la enunciación, pero tenemos lo mismo, un narrador desconocido habla y una representación en tiempos pasados que nadie dice y no son pasados.

Estos hechos, descritos brevemente, nos están diciendo que la forma originaria de la lengua es la enunciación comunicativa y posteriormente es la representación no comunicativa. El hablar y el representar. Las dos correlaciones de las personas gramaticales del verbo.

La comunicación

Con la tercera persona se forma un discurso objetivo, el zorro entró de noche en el gallinero, lo dice Raimundo que cuenta el suceso en el bar, con los pormenores de otras acciones y otras frases: ¡qué animal tan astuto! ¡quién diría! No hace falta decir luego a los presentes quien lo contó. A los no presentes sí. La frase objetiva se inserta en el hablar de Raimundo y la subjetiva también. Raimundo comunica todo el suceso a quien le escucha. Sus impresiones personales y los hechos objetivos.

Pero cuando es un escrito y por el escrito en sí, nunca se puede saber si existió el zorro y Raimundo.  Lo que tenemos son dos frases “el zorro entró de noche en el gallinero. ¡Qué animal tan astuto! Las dos sin atribuir. La primera es representación la otra es hablar de alguien.

Como la persona que habla, a la que se llama narrador, no tiene existencia, es casi como el zorro al que tomamos por tercera persona y no es persona, la comunicación es falsa.

Y si se trata de la primera frase objetiva: el zorro entró de noche en el gallinero, que apareciera en el periódico, diríamos el periódico dice. Pero el periódico no dice nada, es un escrito y el acto enunciador ya ha desaparecido. Solo cuando se atribuye a un hablante deja de ser representación objetiva y pasa a ser enunciación.

En el escrito retiene lo dicho cuando la instancia enunciadora se deshace.  Lo que queda es un resto de ella, si es que sucedió, y se ha recompone atribuyendo las frases dichas a un hablante

En este punto quiero poner en relación con lo dicho, la noción universalmente aceptada de que toda narración es comunicar un suceso de uno a otro. Eso es narrar. En el bar de Raimundo es lo que pasa. Pero puesto que las historias hoy se escriben y se leen, el acto enunciativo ya está desecho. El enunciador ha desaparecido. Solamente tenemos en todo caso el resto de una enunciación naufragada.

La frase en tercera persona

Volvamos de nuevo a las tres personas gramaticales, yo, tú, él. En el contar una historia el yo presente es quién lo cuenta. Si es un escrito ¿Quién está contando? No se sabe y figura un narrador irreal, al que se le adjudican las frases de la primera correlación. Las frases en tercera persona no las dice nadie. Cuando el texto sustituye al habla, ya no existe propiamente hablante alguno, dice Ricoeur. (Paul Ricoeur, Historia y narratividad, Barcelona 1999, p. 64.)

La frase en tercera persona la puede decir cualquiera, pero si no está atribuida, no hace falta inventarse un hablante. Esto es lo que plantea la frase de tercera persona. Y sigue diciendo Ricoeur que al faltar el acto emisor, la persona del acto enunciador y lengua dicha, se sustituyen por la relación autor-texto, un sujeto para la lengua conservada. Se cambia narrador por autor, porque parece imposible pensar que no habla nadie.

Este problema de atribución, desde que los narratólogos, empezando por los clásicos, Genette, Todorov, Batjim, Greimas, etc., sostuvieron que todo es comunicación, han originado sustitutos, complicando y enredando hasta lo inverosímil el problema de la atribución y de los dos componentes del texto narrativo.

Como esta dualidad originaria y estructural es insoslayable, al encontrarla en el que para ellos es un texto único e indistinto, la explican como formas de estilo y tipos de narradores. La interpretación de los ejemplos citados sería para ellos solamente estilo. El estilo no es estructura del texto.

La narración tiene por su estructura un texto doble

Se puede ya sacar como conclusión de esto último, que es erróneo pensar o dar por supuesto que el texto de la narración consiste en un discurso único. Es un pensamiento simplemente asumido. Desde las personas gramaticales, explicadas por Benveniste, se llega a la noción más exacta de que el texto es dual, compuesto de dos frases diferentes: una corresponde al hablar subjetivo de la primera persona en comunicación falsa con quien sea, y otra el discurso de la objetividad y la representación del mundo, el de tercera persona. Con la tercera persona desaparece la comunicación. No toda forma de actualizar la lengua es enunciación.

En el discurso de la narración intervienen las dos instancias verbales. El discurso producido por el yo enunciativo que comunica.  Y el discurso que no pertenece a la comunicación y no es subjetivo, siempre tercera persona, es representación del mundo. Este discurso no es hablar, puede estar ahí, como representación hecha sin hablar.  Son dos discursos diferentes y su diferencia radica en que se adscriben a las correlaciones de las personas: la correlación de subjetividad (yo-tú) y la correlación de personalidad (él). Y con las dos se forma el único discurso narrativo, por lo que este discurso es dual y compuesto de dos desde su nacimiento.

La atribución

La atribución de una frase se realiza por la visible coexistencia en la persona del acto y su frase. El jardín tiene flores, y vemos y oímos a Lola. La conducta se percibe por la presencia misma, ella lo dice, es suyo. Otra frase:  el jardín ya tiene flores, esta noche ha caído el rocío, dijo Lola. La indicación de Lola hace falta si ella no está presente. Pero si leemos en una novela: el jardín tenía flores, aquella noche había caído rocío. Está en tiempos pretéritos ¿En el pasado de quién? ¿Y quién las dice?

El acto ya no existe, la enunciación no se percibe, no está presente Lola, no se atribuye a nadie. En realidad, no hay enunciación, queda lo directamente representado. Y si no es de nadie, es simplemente representación.

La composición

Pongamos que una persona hace un juego de frases, consistente en hacer cuantas se puedan con unas cuantas palabras que se entregan. Pon y quita, altera, cambia, trata las palabras como objetos, y las combinas en frases con sentido. El jugador no enuncia nada ni comunica nada a nadie. Y salen frases, por ejemplo, esta: el jardín no tenía flores, sobre el yermo cayó el rocío. ¿Es posible esta manipulación? Por descontado que sí. Pues entonces, si este supuesto puede acontecer como real, también es posible componer la descripción del jardín de este modo desde el principio. Componer las fases que gusten para el jardín. Una composición significa poner juntas piezas de lenguaje, como quien construye un objeto con ellas. Como quien hace un castillo con piezas de construcción. O un soneto. Si las frases fueran musicales, sería componer una tonada ¿Es esto es enunciación? No, ni lo parece. Es otra cosa. Un escritor puede componer sin enunciar, sin hablar con nadie, sin comunicar nada, no las sitúa en el tiempo humano suyo, sino en un retablo.  Y en resumen no son de nadie, pero las ha compuesto alguien, como la silla es del carpintero. Se ha confeccionada un objeto, la representación de un jardín.

El texto de la narración es dual

De acuerdo con esto en la noción consabida de que toda narración es un comunicar de uno a otro el suceso que se narra, se asume que no hay representación y todo es hablar. Y precisamente lo fundamental es la representación y no el hablar. Del hablar se puede prescindir del representar, no. Son dos textos y desiguales.

Y otras consecuencias que no desarrollo, entroncadas con la enunciación y con la representación, es decir, con la primera persona y la tercera, son las siguientes: la representación es atemporal, el narrador es solamente uno y no puede haber dos, la representación no distingue entre lo verdadero real y lo imaginario, no hay estructuralmente una lengua literaria frente a la lengua común, ni una lengua de ficción y otra de historia real, la lengua puede estar actualizada, pero no en el tiempo y algunas más.

La enunciación y la representación

 El acto de enunciar es una ejecución, una forma de conducta física y-fisiológica que consiste en emitir sonidos con significado y comunicarse. Es un acto del yo, nativo y primordial. Todo ser humano es primera persona. Cuando está vivo su acto existencial es simultáneo con su hablar. Así la lengua de cada uno en el tiempo de todos u uno, y se configura la sociedad humana. La enunciación es un momento germinal. Es un manantial que brota en cada uno de los hablantes, delicado e impetuoso, desde el fondo de la tierra y de la vida. Tiene el poder generativo de la vida. Llena el mundo de relaciones, de sentido y origina el vivir propiamente humano. La enunciación tiene el poder de la semilla. Ante la lengua, la particular lengua que hablamos, estamos como ante el misterio de la vida, para vivirla con respeto y admiración,  no con dominio, por no ser nuestra, sino como don de Dios.

El acto de representar es también una ejecución, una conducta, que consiste en componer un discurso con frases sin hablar. Es el acto de un hacedor de objetos hechos con palabras. Esta actividad secunda la enunciación, y como ella configura nuestra vida. La retención de la permanencia de la vida que pasa. La representación llena la sociedad de objetos, que tienen la consistencia del recuerdo y la memoria. La representación conserva la vida y la crea para su contemplación. La representación es el segundo momento germinal. El segundo manantial de la lengua. La vida se desparrama y se pierde. Lala grabación escrita o sonora la conserva su materialidad, pero la representación narrativa conserva la vida.  

La enunciación es lo originario en el hablar y la representación es lo originario del representar. El momento germinal de la narración. El verbo tiene dos personas gramaticales yo y él.  El yo es el fundamento del hablar y él es fundamento del representar. Estamos, pues, ante dos modos nativos y elementales de producir la lengua concreta: hablar y narrar. Enunciar y representar.

José Antonio Valenzuela

Noviembre 2020

Apéndice

Sin esperar a darle el beso de bienvenida, se lo preguntó. Que si había visto el telediario. Gorka, contrariado, lánguido, asintió. Y dijo que habia sentido vergüenza, mucha vergüenza.

–No me extraña. ¿A quién le gusta tener un asesino en su familia?

Se le encendió a Gorka un destello de súplica en los ojos, como diciendo: tus palabras son muy fuertes, por favor no hables así. Los crímenes imputados al comando ponían los pelos de punta.

Arantxa le dio una palmada de aprobación en las largas y cargadas espaldas por no haber seguido el mismo camino que nuestro hermano. Y añadió, remedando la voz de la locutora: el peligroso terrorista. Eran tres los militantes buscados. Sus fotos en la pantalla. La de Joxe Mari, melena, pendiente en la oreja, juventud, había aparecido en el centro. Por cierto, se ha hecho famoso. A Arantxa la habían llamado por teléfono del pueblo. ¿Quién? Una amiga de los viejos tiempos. Para darle la enhorabuena.

Su predicción agorera sobre el futuro de Joxe Mari ahora que está en búsqueda y captura: o le explota una bomba mientras la transporta o la manipula, y tenemos funeral con ataúd envuelto en la ikurriña, danza tradicional y el resto del programa folclórico, o lo pillan las fuerzas de seguridad en cualquier momento. Esto último sería lo mejor para todos: para sus víctimas potenciales, que salvarían el pellejo; para sus parientes, porqué sabríamos donde lo van a encerrar ni correrá peligro, y para el mismo, que así conocerá la soledad que ayuda a los hombres a volverse serenos y reflexivos.

Gorka, facciones mustias, apenadas, asintió de nuevo. Había tenido el detalle de visitar a su hermana con ocasión de su cumpleaños y porque le habían dicho sus padres por teléfono que estaba embarazada. ¿Regalos?: Dos. Un librito para niños en euskera, Piraten itsasontzi uraina, su primera obra publicada, qué bonito, de verdad, muy bonito, y flores.

Los dos hermanos se pusieron de acuerdo en no hablar más de Joxe Mari. Ya basta. ¿0 es que no había otros asuntos importantes en su vida? Arantxa salió de la sala en busca de un florero. Casada con Guillermo, vivía en Rentería, en un piso del barrio de Capuchinos. Y la foto de Joxe Mari, que, claro, ahora es un héroe para los chavales del pueblo, estaba demasiado presente en sus respectivos pensamientos como para olvidarse de ella. Así que no lo pudieron evitar; colocadas las flores en una vasija de vidrio, tratados a la ligera algunos temas de circunstancias, volvieron a hablar de su hermano.

HABLAR REPRESENTAR NARRAR

La narración es una forma nativa de lenguaje; como el hablar, que no necesita escuela. Es nativo y maternal. Se origina en la necesidad de retener el pasado. Nace al hablar del pasado y no necesita aprendizaje.
La lengua escrita, sí. No es nativa, necesita profesor. Lee este libro.
La lectura es recomendable solo a personas cultas.


Hablar es lo primero y de todos
Representar un suceso pasado es lo segundo y todos saben contarlo.

Narrar es la representación escrita y sin hablar.
La representación independiente.
No es todos, pero cualquiera puede ser narrador .

Hablar y representar son necesidades primarias de la vida.
En el hablar del pasado se origina la representación.
Narrar es la autonomía de la representación.

Se explica la configuración subyacente de todo texto narrativo.
Un enfoque enteramente distinto al de la narratología.
Es la configuración común de todo escrito que consista en narrar.

Es un trabajo comienza con el texto narrativo mismo, con su observación y la gramática. La primera fue preguntarme porque un niño de siete años tiempos indefinidos.
Como hizo Julio Cesar ante el Senado Romano, quizá con un gesto de menosprecio. Llegué, vi. vencí.. hora puedo contestarlo y lo hago en este escrito

El mostrar y el hablar. Interpretaciones inadecuadas

Las ideas que recojo en las dos citas siguientes están espigadas de textos y son las que se encuentran de modo habitual. Un modo de hablar que revela el desconocimiento del texto. La interpretación que sostengo sobre la narración las desecha, y el comentario que hago muestra su confusión.

Primera cita

El narrador utiliza dos técnicas una mostrar y otra hablar. Mediante el mostrar, describe sin necesi­dad de decir, califica, evalúa. El mostrar es más directo, esconde al narrador, permite al lector evaluar por sí mismo, inferir, llegar a conclusiones… de forma que lo vuelve más libre y activo.

Este texto recoge la noción de representación con la palabra mostrar:  el mundo se muestra, no hay necesidad de decir, no se habla. Calificar y evaluar es, sin embargo, lo propio de una persona que estima y enjuicia, y, por lo tanto, de un hablante. El mostrar es directo, sin duda, pero el narrador no se esconde, es que no hay narrador, el lector no escucha a nadie, porque no hay nadie. Escuchar es un compomiso con un hablante. El lector de una narración no tiene ese compromiso, como no lo tiene el que contempla el monumento de la plaza, y por esto es más libre, porque no depende de quien le habla, es observador nada más.

Segunda cita

Mediante el contar, dice, evalúa, califica, clasifica, sin describir. El narrador se hace presente y explícito con su palabra, se ade­lanta al lector, le resume o le facilita los da­tos, le ofrece evaluaciones. El narrador se comunica con su lector y se deja ver. El lector se encuen­tra más pasivo. El modo de narrar es más in­directo y menos visual.  Exige la confianza en el narrador.”

Este texto recoge los rasgos del hablar o contar, que es lo que hace una persona, evaluar, clasificar. Dice que cuenta “sin describir”. ¿Qué quiere decir con esto? Según interpreto, que no hace representación, porque la representación, sean descripciones o el mismo argumento, ocultan al hablante. Según su idea el narrador dice la representación entera, pero no se hace presente, comunicativo o explicito, no se deja ver.

Pero la realidad es que la representación esta ahí presente y sin hablante.

Si aparece el narrador y habla hay comunicación, con la salvedad de que la comunicación del narrador en el texto narrativo es falsa. No hay comunicación real. Cuando dice que el lector se encuen­tra más pasivo. El modo de narrar es más in­directo y menos visual. Hay que matizar esto: el lector se encuentra mas activo ante la comunicación, es parte de ella, y mas pasivo ante la contemplación.

El hablar del narrador es un narrar más directo. Si la representación es contada y dicha, cuanto más se note que alguien habla, es más directo y visual. La noción de representación sin habla este autor no la tiene. El narrador cuando aparece es un intermediario visible. Narrar es siempre hablar. No distingue la parte hablada y la parte representada. En lo hablado se requiere la confianza en el sujeto, en lo representado no. Lo representado es lo fundante, no se admite la duda ni la desconfianza, no ha lugar. Ante la presencia del árbol, del río o del leñador que corta leña no se duda.
Lo representado no se puede atribuir a un narrador.

Noviembre, 2020

José Antonio Valenzuela

Gramática del texto de la narración

Esta entrada se escribe con referencia a lo tratado en El texto de la narración en español, en los números 21 y 35 y otros varios. Y recoge dos entradas con el mismo título que se eliminan.

Se trata de algunas insinuaciones sobre la gramática del texto narrativo, que está por hacer. El lenguaje exclusivo de la narración se encuentra en los estratos mostrativos. Describir cómo está formada la lengua de la representación equivale a componer su gramática. No se encuentra este lenguaje propio en la parte dialogal, que es también un estrato mostrativo, pero en él se representa el uso de la lengua hablada. La lengua de los diálogos no es la específica del texto de la narración, porque son personas que hablan y emplean la forma común del hablar, forman parte de la representación, pero no de su lenguaje. Y por razones análogas el hablar de un narrador tampoco es la lengua específica de la narración. No es lenguaje de representación, sino de hablar.

La representación pone un retablo de lo singular y concreto. Ese retablo tiene que contener una historia, mostrar hechos sucesivos, hilvanados en continuidad. Tan esencial es este contenido, que sin él no hay narración. Si falta, se disuelve. Pero no es lo único que contiene el retablo. Se representan en él realidades estáticas sin tiempo alguno o acciones laterales al núcleo configurativo de la historia.

La presentación del mundo en el retablo se desdobla en dos formas diferenciadas lingüísticamente.  Un conjunto de frases, o estrato, muestra un acontecer; otro conjunto, colateral a los hechos, sin el valor temporal de la historia articulada, se denomina descripción. Estos dos elementos son dos especies de representación, ambas muestran lo concreto singular. Las dos formas tienen un común carácter mostrativo. Se diferencian porque en la primera tenemos la historia, el trascurso del tiempo.  El término frase mimética, o frase apofántica, que se aplica a las frases de los dos estratos, viene a significar lo fundante de la representación. Con ambos se constituye un mundo de individuos y cosas singulares. Fundamento que no se puede poner en tela de juicio. Lo representado hay que aceptarlo como se acepta la realidad misma. La duda de si es o no es no tiene cabida. El mundo es así. La historia así es.

El texto que corresponde a la representación narrativo-descriptiva tiene frases propias. Y hay otras frases que nunca pueden encontrarse en un discurso donde se representa lo singular y fundante. En el estrato representado no podemos encontrar una frase que exprese duda, condición, disyuntiva o asuntos que implican incertidumbre de la realidad representada. La representación exige lo concreto, la objetividad de la tercera persona. Requiere asentar los sucesos y lo escénico como la verdad presencial, no se pueden representar nada dudoso, lo que todavía no existe o tiene existencia condicional.

Una expresión de duda no sirve para representar. Es lo antitético, porque se trata de establecer lo que las cosas son. Por esto no hay subjetividad, nadie habla. El texto es como un objeto y lo que se representa es un mundo concreto, sin pareceres. Nunca ideas generales o reflexiones. Lo que dice alguien nunca puede ser fundamento de la realidad. En el texto de la representación no cabe el yo digo tu opinas. No es comunicación.

La gramática del texto narrativo es gramática de las frases narrativo-descriptivas, miméticas, apofánticas. Si no se distinguen estas frases de las demás, no se puede diferenciar una gramática de la narración en contraste con la gramática general. El leguaje de la narración es específico y propio y con él se construye la representación.

La narración tiene que contener la representación de un suceso. Asunto imprescindible, no es optativo. El texto de la representación narrativa contiene una estructura sintagmática temporal, que consiste en la serie de acciones puntuales, formada con los perfectos simples. La articulación del tiempo es lo esencial del texto, pues consiste en una historia representada, los sucesos hilvanados en continuidad.

Conviene tener en cuenta que los sucesos que componen la historia no son acontecimientos colocados en el tiempo. Como si este fuera una entidad previa y vacía. La arquitectura del lenguaje, la serie sintagmática, es la que forma el tiempo. El tiempo de la historia es la sucesión de acciones o eventos, el puente establecido entre una acción y a siguiente. La representación es la partitura, son los momentos que han de recorrerse para ponerla en el tiempo, para alcanzar la historia, suceso vivo, y esto lo que hace el lector.

Por ello en la estructura de la narración y de su texto se contiene un elemento temporal tan hondo, que sin descifrarlo no se puede dar un paso adelante. En general la expresión del tiempo constituye un elemento esencial de la gramática, que se centra en la forma más importante de la oración, el verbo, para explicar la temporalidad, la forma en que la lengua recoge la experiencia humana del tiempo. Y en el verbo se centra también la diferencia entre la gramática del hablar común y la gramática de la representación narrativa.

Lo esencial del texto narrativo es su articulación temporal, que se realiza en la serie verbal de perfectos simples o indefinidos. El tiempo en la narración es primordialmente la arquitectura del suceso y la función que cumple, como núcleo en todos los demás elementos.

La gramática general nos dice que el verbo actualiza la lengua en el momento del habla, al emitirla un hablante, con ese acto de enunciación se realiza el anclaje en el tiempo. Su temporalidad es deíctica ad oculos. en situación de comunicación. El verbo no es un sustantivo, simple significado. Significa una acción o proceso, incluso un estado, pero es una señal en el tiempo del que habla. Por ejemplo, Reichenbach, que contempla todos los tiempos que existen en el sistema verbal, e incluso los que no existen, porque es una construcción teórica, enfoca cada tiempo aisladamente, pero pronunciado, actualizado como señal en la enunciación. Así se estudia el tiempo en todas las gramáticas.

En la representación narrativa, sin embargo, los verbos que componen el suceso de la historia no los pronuncia nadie. Están colocados como en un retablo. En una colocación sucesiva. Tienen el significado de proceso, indican una acción, levantó la mano, golpeó con el hacha, cada uno una acción el tiempo, pero en el tiempo de nadie. Como las notas en el pentagrama que esperan la pulsación que las active en el tiempo. Nadie las activa hasta que se leen.

Los verbos se emplean de modo tan diferente que en su peculiaridad debe centrarse el estudio de la temporalidad de la narración. Es una gramática diferente y sin desarrollar. Las explicaciones que se dan en las gramáticas son inadecuadas por lo que se refiere a la deixis verbal y a la sintaxis oracional.

El verbo que se emplea en la representación narrativa carece de deixis, y además no emplea nunca el subjuntivo, no dispone de los tiempos de la esfera del presente, el pretérito perfecto simple, con el que se forma la arquitectura temporal básica, no tiene valor de pasado, no se narra en futuro, porque los actos que no existen no se pueden representar. Y todos estos cambios crean modificaciones en el empleo de las expresiones temporales como se puede comprobar examinando el cuaderno de Hortensia Martínez García: Construcciones temporales. 2003.  Estudia, como indica el título, las formas de expresión del tiempo. Además de los adverbios y construcciones adverbiales de tiempo, se ocupa de las oraciones subordinas, `por lo tanto dos oraciones juntas en relación temporal. Contiene más de quinientos ejemplos del español estándar. No se puede saber el origen de los ejemplos, pero en su inmensa mayoría no proceden de textos de representación narrativa.

Esto se deduce fácilmente. En el texto mostrativo, el propio de la gramática de la narración no aparecerá nunca un presente, ni un pretérito perfecto, ni un futuro, ni un condicional ni un subjuntivo. Nunca aparecerá el yo, el , el hoy, el mañana, el ahora. El hoy aparecerá como ese día y el ahora como entonces. Las ideas generales no tienen cabida, como un refrán o un juicio, a buen entendedor, pocas palabras. La representación no tiene por materia ideas, sino realidades concretas. Los razonamientos y explicaciones tienen que atribuirse a un hablante, un narrador, no son texto narrativo.

Un verbo de habla dijo o decía tiene por complemento, en lenguaje indirecto, lo que dijo el personaje: comeré con Alicia; y en indirecto las palabras del narrador, Juana dijo que comería con Alicia.  Las palabras dichas por un personaje pertenecen al texto mostrativo, pero no a la gramática narrativa, sino a la gramática común del hablar, al sistema verbal general. Las del lenguaje indirecto pertenecen al hablar del narrador y no son mostrativas.

La representación narrativa requiere la tercera persona, no dispone de todos los tiempos del sistema verbal ni de todas las formas personales, pues se excluyen la primera y segunda personas. Las frases: me acuerdo de aquello, ¿han llegado los estudiantes?, si hubiera sido posible, -le convenciste tú, después de convencerle yo-, -después de la juventud, llegará la vejez, no pueden ser elementos de una representación. Lo serian estas otras: se acordó de aquello, llegaron los estudiantes, fue posible, -le convenció uno, después de convencerlo otro-, después de la juventud le llegó la vejez. Es evidente que en la representación no hay interrogativos ni preguntas, porque no hay comunicación entre personas. La representación tiene restricciones con respecto al habla. La representación delimita y restringe el amplio lenguaje del hablar.

El cuaderno de Hortensia Martínez es un ejemplo no excepcional, el cuaderno cumple adecuadamente su fin. Lo mismo se puede decir de la gramática de la AE. Pero es perfectamente inútil para estudiar la temporalidad de la narración. La representación es un discurso propio. Abundaré en las diferencias.

El anclaje del verbo narrativo no existe, el verbo está colocado en la serie. Cada uno de los tiempos se activará en el momento de la lectura, en el recorrido del lector, en paso instantáneo por cada acción de la serie. El acto de lectura equivale al acto enunciativo del hablar. Un momento enunciativo en el interior del lector. El lector, que no es hablante, actualiza el lenguaje en momentos puntuales y sucesivos, cuando despliega su contemplación sobre lo representado. Esos instantes, con un paso tras otro, despliegan el suceso. Convierten lo representado en suceso temporal.

Cuando un hablante vivo enuncia y emite un tiempo presente de la conjugación, usa un presente, hace con él autorreferencia a su ahora. Desde él, como persona hablante, desde su ahora vivo señala su tiempo. Y así funciona la deixis en el habla común. En la lectura narrativa la deixis no funciona así. Primero está la representación, que es un objeto, que en sí no tiene tiempo, porque nadie lo enuncia. El objeto de lenguaje, lo representado, es lo que antecede. El lector contempla un objeto sin tiempo, lo actualiza en el suyo, y sigue la arquitectura temporal con la que está construido, puesto que contempla una historia, que se hace viva en él. Cada tiempo de la serie es el presente de la contemplación narrativa. De modo que la deixis funciona en sentido inverso al de la enunciación. El lector efectúa el anclaje de lo representado en su tiempo, pues el tiempo pertenece a las personas, sean hablantes o lectoras.

En la comunicación estamos ante un hablante y su tiempo. En la narración estamos ante el texto apofántico, mostrador, que contiene una historia representada concreta es completamente inútil la gramática general del verbo, tiene que estar diferenciada funcionalmente. Dice Hortensia Martínez: el valor del verbo “consiste en significar la relación entre lo referido por la parte léxica y el momento en que se produce la conjunción (caso de los tiempos absolutos: presente, pretérito y futuro), o bien entre lo referido y un momento especificado en el contexto (como sucede en los tiempos relativos: imperfecto, pluscuamperfecto y condicional) pág. 10.

La gramática del texto de la narración se asienta en tiempos desligados por completo del presente enunciativo. Un sistema verbal derivado del común por el fenómeno de la representación y en cierto modo contrapuesto a él. Lo que expongo ora sobrepasa la noción de actualización que planteé en mi tesis doctoral, pero no se invalida en lo fundamental. Puede consultarse en el siguiente vínculo.

 (http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcrj4s9 

Ningún estudio o tratado gramatical tiene en cuenta esta diferencia de discursos, empezando por la GRAE, y por ello en las ejemplificaciones se mezclan las oraciones que pueden ser narrativas con las que no pueden serlo. Ilustran los tiempos con toda clase de matices, menos el empleo narrativo. Hay frases que no pueden ser narrativas nunca.

Por ejemplo, en el trabajo de Hortensia Martínez: Construcciones temporales, 2003, se ejemplifica el uso de los adverbios temporales en conjunción con el valor temporal del verbo. Y este siempre se sitúa en el contexto de la comunicación y por ello el verbo implica el acto enunciativo, a él se refieren y los complementos circunstanciales de tiempo, los adverbios y expresiones adverbiales. Planteamiento que, en el caso de un texto de representación no tiene sentido. La deixis temporal del verbo no es posible, salvo la anafórica, dentro de lo ya representado.

Cuando se trata de oraciones adverbiales de tiempo, una principal y otra subordinada temporal, pueden contener dos indefinidos en tercera persona, y ambos pertenecerán al núcleo. Son, aparte de la sintaxis oracional que explica la autora y miembros de la arquitectura sintagmática de la representación: Dos indefinidos son dos puntos temporales, en la serie de actos que componen la historia. Por ejemplo: tuvo problemas desde que nació hasta que cumplió los cuatro años (pág. 43) o tuvo problemas hasta que cumplió los cuatro años. La subordinada temporal delimita del tiempo referido en el proceso del verbo principal. Lo que quiere decir que entre las frases de la representación narrativa caben relaciones de orden temporal, causales, consecutivas y otras; pero en ningún caso cabe una relación condicional.

El tiempo narrativo es la arquitectura temporal con la que se traza el relato.  Cada evento es un momento de la lectura, en la línea sucesiva por referencia al evento anterior. La secuencia no es simple colocación en orden lineal, porque la lectura es un acontecer de contemplación viva, que hace falta recorrer, el suceso narrativo tiene lugar cuando se presencia, aunque su movimiento esté en el interior imaginario del que lee. El suceso mismo es el que pide y necesita el orden. La gramática de la narración tiene por tarea la observación de estos fenómenos, pero es intuitivo decidir si una frase es mostrativa o no lo es.

Por ejemplo, la diferencia entre la frase (1) Juan abrió un paquete, que es un evento concluido, y la frase (2) Juan jugó al futbol, que consiste en una actividad abierta, se encuentran diferencias aspectuales al considerar los eventos en su significación, pero si leemos estas oraciones en un texto narrativo: “Juan abrió el paquete, sacó las botas nuevas y jugó al futbol” las diferencias de aspecto léxico no importan. Lo que importa es su valor perfectivo gramatical, y los tres verbos se encadenan por este valor completo de sus tiempos, sean de la clase semántica que sean. Con el aspecto léxico no se articula la sucesión temporal del relato.

La secuencia de eventos compone un suceso y el suceso es secuencia de verbos linealmente dispuestos y trabados como una cadena de eslabones bien delimitada. El aspecto perfectivo gramatical es el que articula la serie de los eventos. Si su valor léxico de carácter télico o atélico apenas importa.

El lector que observa el entramado del suceso necesita pocas explicaciones para entender como está formado el hilo del relato. Las múltiples disquisiciones y teorías dispares sobre el verbo de nada sirven, si no se ven en el texto de la narración. Estas consideraciones son apuntes tentativos que pueden ayudar a delimitar los temas propios de una gramática en el texto de la narración.

José Antonio Valenzuela

Noviembre 2020

20 abril, 2017 / 13 septiembre, 2017 / marzo, 2020 / noviembre 2020 ·

W. Bull: Verbo, Tiempo y Representación

 Dedico este articulo a comentar el sistema verbal descrito por W. Bull en su libro: Time, Tense and the Verb, 1960. Libro de especial importancia para entender el tiempo en la narración. Obra fundamental y desconocida. Por ejemplo, el libro de Ariel: Lingüística de los textos narrativos (1999) que contiene un capítulo enteramente dedicado al tiempo, y ni siquiera menciona este libro en la bibliografía general. Me ocuparé, quizá en otra ocasión, de ese capítulo. El estudio de William Bull (1960) es exhaustivo y dice en el prólogo que no sabe si habrá agotado el tema, pero sí sabe que le ha agotado a él. No me extraña. Aunque no agotó el tema como se verá en estas líneas.

De su estudio resulta la distribución de los tiempos del verbo español en dos grupos: los tiempos primarios y los tiempos secundarios, que forman un solo paradigma, todas y cada una de las formas personales están referida al acto de hablar. Define estos grupos verbales como resultado del análisis temporal del verbo. Estos grupos son los que la RAE denomina esfera del presente y esfera del pasado. Este criterio permite definir con claridad el sistema verbal que emplea la representación narrativa. Bull no ha definido los tiempos secundarios como tiempos narrativos, sino como tiempos de la retrospección, pero ha dejado todos los indicios que llevan identificarlos como tiempos narrativos y a definir el discurso en el que se escribe la representación o discurso narrativo.

Conceptos fundamentales del sistema.

Bull ordena los verbos en relación a dos ejes, el de presente y el de pasado remoto, y en cada uno sitúa un punto, origen de coordenadas. En el primer eje, el origen de coordenadas lo llama point present (PP), es el acto de enunciación, es la coordenada cero. En el segundo eje el origen de coordenadas lo denomina retrospective point (RP), es el pasado remoto, llegó, pretérito perfecto simple, que coloca la acción de llegar en la coordenada cero en ese eje. El pasado remoto es diferente del pasado próximo ha llegado pretérito perfecto compuesto. Pero no utilizaré la nomenclatura de Bull, pues puedo exponer el tema sin valerme de ella, salvo alguna palabra.

El primer eje tiene como punto referente el propio acto de hablar. El hablar es un suceso objetivo en el tiempo, aceptado por el hablante y por el oyente como centro de referencias temporales. Sobre el carácter deíctico de este punto y del primer eje en el planteamiento de Bull no cabe la menor duda.

 “PP (acto de enunciación) which has been defined abstractly as the prime point of the system has as its referent in any real life situation an actual event inside the speaker” (Bull, 1960: 23) y continua: “it is to be remember that the act of speaking of a clock, that this event is, in fact, the prime axis of orientation of the vector system, and, finally, that while the event is personal, it is actually, a public axis of orientation. All members of the speaker’s audience must, like that speaker, accept this event as their axis of orientation while they are listening. The audience and the speaker are, then, in what may be called common focus” (Id.: 27)

 Según el funcionamiento binario de oposición, los tiempos primarios, son tiempos no marcados; y los tiempos secundarios son tiempos marcados. La presencia de la marca indica, pues, el segundo eje de referencia. La forma no marcada no implica la negación de la marcada y, en consecuencia, los tiempos primarios pueden funcionar en el lugar de los marcados o secundarios. Y al revés, no. Este hecho nos va a explicar la presencia de tiempos primarios en el discurso de los tiempos secundarios.

 Ya se puede apreciar un hecho significativo. La marca de los tiempos secundarios funciona si funciona el acto de enunciación, que es conducta sin signo lingüístico, razón por la cual se da por descontado que siempre funciona, o lo que es lo mismo, que toda frase o pieza de lengua esta pronunciada por alguien. Cualquier frase tiene un hablante, ha sido enunciada y resulta inconcebible que no sea así. Es algo dogmático, porque de otro modo el sistema no funciona, pero esto es una presuposición, que desaparece en el momento que se entiende que el discurso de la representación está compuesto por frases en tercera persona que nadie enuncia.

 “A marked form … must perform the function indicated by the mark; otherwise the system is destroyed. An unmarked form on the other hand, may exhibit infinite potentials without endangering the structure of the system. In other words, the function of the marked form is determined by its mark while the function of the unmarked form is actually determined by its context” (Id: 37).

 Por contexto se entiende la comunicación entre personas. Los tiempos no marcados de la esfera de presente funcionan deícticamente, señalando el presente del acto de hablar, por tanto, cuando hay enunciación y comunicación efectiva. Ese es el contexto pragmático. Bull indica que hay que acudir al acto de enunciación o comunicación, al contexto extralingüístico. El punto de referencia del primer eje de orientación es el acto de la enunciación. El mismo acto del hablar significa la presencia del signo en el campo mostrativo temporal, y el tiempo del que habla, que es el mismo que el de los que escuchan, es presente intersubjetivo. Lo denomina common focus y significa la conciencia que los hablantes tienen de su orientación con respecto al tiempo, al suyo, y esta conciencia la forma la deixis enunciativa.

 La deíxis de presente no necesita marca alguna, puesto que la referencia al ahora se realiza con el mismo hablar. El hablar actual en presente es la situación más primaria de la comunicación, por lo que le corresponde la ausencia de marca. Frente al presente, aparecerá el pasado marcado

 “The principle being elaborated here is that communication is virtually impossible without the establishment of common focus. We rarely say precisely what we mean; we simple provide clues which the hearer interprets in terms of his own observations of the life situation in which we are involved at the moment of speaking. These clues have to be more explicit and more detailed at the initiation of common focus than after the establishment of common focus. This means, to return to the problem of axes of orientation and the prime tenses, that Spaniard must, at the initiation of common focus, either state the axis involved or assume that his hearer will react in a predictable fashion” (Id: 58)

La oposición presente / perfecto simple significa distinguir el ahora del entonces; el presente (tiempo de la enunciación) del pasado (tiempo anterior a la enunciación), pero para ello se necesita que el presente funcione deícticamente, es decir, que haya enunciación. Si no hubiera enunciación no habría deixis o señalamiento del presente y por lo tanto tampoco pasado. Por esto dice Bull que el análisis de la función de los tiempos del verbo llega a ser un análisis de la conducta humana.

Es de primera necesidad contemplar la lengua desde la conducta lingüística. El verbo no se explica solo por la temporalidad interna. Es conveniente no separar la temporalidad interna de la lengua y la referencia deíctica, que es una cuestión situacional y pragmática. Estas dos realidades vienen expresadas por los conceptos de axis y de common focus. El primero está ampliamente desarrollado y significa el orden temporal interno de la lengua; el segundo está menos desarrollado. El common focus implica la existencia de enunciación y esta, implica la comunicación.

El axis o eje de orientación no tiene relación con la enunciación, es la temporalidad interna, asunto de orden. El orden del sistema interno de la lengua lo asienta Bull en un esquema temporal hipotético, previo al examen de la lengua y válido de modo general para todas.

Los axis o ejes de coordenadas

Si los sucesos señalados por el verbo en sus relaciones mutuas se colocaran en una línea, que replicase la dimensión lineal del tiempo, tendríamos en ella un punto, origen de coordenadas, punto cero, acto de hablar. Pero un único punto de referencias y una sola línea temporal es insuficiente para ordenar la temporalidad del verbo. Sobre el acto de hablar se menciona el pasado de dos formas: llegó y ha llegado. En una sola línea no se pueden situar estos dos tiempos: uno está en el ámbito del presente y el otro es pasado remoto. Se necesitan dos ejes y dos centros de referencia, uno en la línea del del presente enunciativo y otro en la línea del pasado remoto. Dos líneas temporales.

  ha llegado                 llega           llegará

       había llegado              llegó             llegaría

En la frase cuando llegó, había comido, se dan tres lugares de ordenación temporal que no se pueden poner el mismo eje

 había comido                     llegó                           acto de hablar
_•____________________________•_____________________•____

El acto de hablar debe estar en el primer eje, como se ve en el esquema, cubierto por la forma llega. En el segundo eje, el centro de referencia, y grado cero en él, está cubierto por llegó. Ese pasado remoto conlleva dos tiempos adjuntos y laterales, hacia adelante y hacia atrás, por lo que es eje. La relación entre los ejes se realiza entre sus puntos de referencia, grado cero y Bull la llama a esta relación recollection.

Ahora bien, lo que importa señalar es que el último origen de ordenación, de todos los verbos es el acto de hablar. Por tanto, no se segmenta el sistema en dos paradigmas. Todos los sucesos entroncan en el tiempo real de la enunciación y comunicación, el tiempo de los hablantes: “In recollection, the act of recalling is PP (acto de hablar) and the event recalled is oriented directly to PP.” (Bull, 1960: 24). Por tanto, el sistema verbal es uno. Todas las formas verbales personales, distribuidas en dos ejes, pertenecen a un solo y único sistema, cuyo centro es el acto de hablar, presente actual, y todos los verbos, cualquiera que sea su orden en la temporalidad, se incluyen dentro de él.

El common focus.

Ahondemos ahora en el concepto de common focus. Bull no conoce la diferencia entre comunicación y representación. Su sistema verbal está diseñado para la única posibilidad de empleo de la lengua, que es la enunciación comunicativa. Pero indica que el participante en el uso de la lengua debe orientarse ante la comunicación y, por lo tanto, también ante la representación. Son dos situaciones pragmáticas. Una es relación de persona a persona y la otra de persona a objeto. A la primera corresponde un discurso con enunciación y la segunda un discurso sin ella. La primera tiene como referencia el presente actual de alguien que habla. Y por esto funciona el sistema verbal al completo y unido.

¿Qué ocurre con el common focus cuando el uso de la lengua es representación? En la representación nadie habla. ¿Qué common focus puede haber entre una persona y un objeto? Ninguno. Si nadie habla y solamente una persona contempla, o una multitud de personas aisladas como en un concierto, no puede establecerse una conciencia común de estar en comunicación. Y no puede haber centro de referencias situado en el presente del hablar. Sin hablar falta el eje primario y sus tiempos no se usan. Este discurso confeccionado con tiempos secundarios del segundo eje, solo dispone de la temporalidad interna de la lengua o temporalidad de orden. No puede haber recollection, puesto que solo queda un eje de orientación, las acciones de la narración no están situadas en el tiempo, pero mantienen el orden interno. En la narración ya no tiene ningún sentido relacionar el verbo con el tiempo real.

Esta situación de atemporalidad sólo se da en la representación. Donde no hay acto enunciativo y la lengua está convertida en un objeto, como un botijo. Contiene una historia, eso siempre, pero no se narra un pasado, aunque haya acontecido, porque los acontecimientos pasados se pueden representar, sin hablar de ellos como pasado. Aunque Bull no puede plantear lo que acabo de exponer, ha planteado que en el sistema verbal hay dos cuerpos, que es lo definitivo y además señala que hay cierta independencia del segundo eje con relación al primero. Casi apuntando a su posible desvinculación. Porque efectivamente la representación se logra con la independencia completa del segundo eje.

Los tiempos primarios en el texto narrativo.

Los tiempos secundarios se emplean en el sistema verbal completo y en él todos los tiempos están referenciados al presente deíctico. Pero se emplean también, en la representación, segregados del sistema general. Formando un sistema independiente y aparte, solamente los tiempos secundarios, no referenciados a ningún acto de hablar, por lo que, aunque conserven la forma o marca de tiempos pasados no son pasados, esa marca no funciona, no son pasados ni presentes, se trata de acciones en una historia nombradas en sucesión.

Por ello se puede hablar de la doble funcionalidad de los tiempos del segundo eje, o de un sistema verbal completo y de otro incompleto, nacido y segregado de él. La marca que llevan los tiempos pasados funciona en el discurso actual y no funciona en el discurso de la representación. El presente, pretérito perfecto y futuro no se emplean. Este es el caso general. Pero si acaso se encontraran en él, está claro que no desempeñan su valor. Como se trata de formas no marcadas pueden sustituir a las formas marcadas. Esta interpretación la da ya Bull. Por otra parte, estos fenómenos dejan bien claro que las formas verbales aisladas, en sí mismas o en su contexto oracional, no pueden definirse.

Es necesario situarlas en el discurso correspondiente para determinar su valor. Así un presente (canta) o un pretérito (cantó) son formas que pueden encontrarse en ambos discursos. Sólo después de haber determinado el discurso en cuestión podemos hablar de su valor. Por tanto, especifíco primeramente el tipo de discurso
1) si estamos en la situación de comunicación lingüística ordinaria, canta es un presente referido al tiempo real de esa situación, y cantó un pretérito que indica tiempo pasado real;
2) si estamos en el discurso de la representación, canta es una forma substitutiva de cantó o cantaba, puede sustituir a ambas, no está en oposición con ellas, manifiesta simplemente la acción de cantar, con aspecto imperfectivo que conserva como presente.

Conclusión y resumen.

En el sistema verbal de Bull aparecen los fundamentos necesarios para definir el discurso de la representación, el narrativo, y el discurso normal del hablar.
Los tiempos secundarios tienen dos funciones: o bien están integrado, como época pasada actual, en el sistema general de la lengua; o bien se encuentran en el discurso de la representación, y son atemporales, no indican pasado.

El sistema verbal general, el del discurso enunciativo del hablar, tiene su centro en el presente actual y se compone de todos los tiempos del verbo sin excepción alguna.
El sistema de la representación, que es el discurso narrativo, tiene su centro en los pretéritos (el absoluto, pretérito perfecto simple, y el relativo pretérito imperfecto) y se compone de todos los tiempos verbales de ellos dependientes, pero no admiten los tiempos primarios, a no ser que estén desvirtuados de su función propia.
El siguiente esquema ejemplifica lo dicho.

SISTEMA GENERAL
Presente 
ha cantadocantacantará 
                                       ANTICIPACIÓN
  habrá cantado  
             RECOLLECTION
 Pasado remoto  
hubo cantado / había cantadocantó / cantabacantaría
                                    ANTICIPACIÓN
  habría cantado  
SISTEMA SECUNDARIO
hubo cantado / había cantadocantó / cantaba *cantaría 
ANTICIPACIÓN
 *habría cantado

En el sistema verbal general integra todas las formas del pasado, que están en relación con el presente.
El futuro no se emplea en la representación, porque no cabe representar algo que no es y será.
Por razones semejantes el subjuntivo no es tiempo de representación.
Los asteriscos indican que no se emplean en la representación.
Los tiempos narrativos son los de este sistema y con ellos se forma la estructura temporal del relato: Las series y el segundo plano.
A estas formas se añaden las no personales, infinitivo, gerundio y participio y las perífrasis verbales que cumplan las condiciones.

José Antonio Valenzuela Cervera, Granada, agosto 2020

La intensidad narrativa

El texto de la narración se escribe con cinco fases que están lingüística y ontológicamente definidas. La narración, toda narración, tiene a su disposición únicamente cinco tipos de frase. Este número está asentado, descrito y demostrado.

Las frases van apareciendo sucesivamente en la línea del escrito narrativo. Al conjunto de ellas, las de un mismo tipo, aunque desperdigadas en la línea, las he llamado estrato. La narración tiene o dispone de cinco estratos. Como la lengua es de naturaleza lineal, no se superponen, forman una trama consecutiva de cinco hilos. Se puede reflejar esta de estructura y también su intensidad en un pentagrama.

Cada una de las frases con las que se compone una narración tiene un intensidad narrativa diferente, que va en cuatro pasos de fuerte a débil.

El estrato más fuerte es el núcleo o serie de pretéritos perfectos simples de indicativo. Que es la arquitectura temporal básica de toda narración. Imprescindible y primero en intensidad y fuerza narrativa. Da la pauta de las acciones y la consistencia del relato.

El estrato más débil, de menor fuerza narrativa, es el hablar del narrador. Al describir el origen de la representacón narrativa, se aprecia que en la formación de su núcleo el hablar real desaparece y luego aparece un hablar inmanente. El hablar del narrador es, sin duda, el estrato de menor intensidad narrativa. Parece incluso contrario a la representación o al menos se sitúa fuera de ella, incompatible con ella. El narrador es el último, por ser un habla residual que está como flanqueando los estratos de la representación, en los que nadie habla. Cuando el narrador habla, la historia representada cesa. En cierto modo es antinarración.

El otro estrato de hablar, como el del narrador, es el lenguaje directo de los diálogos. Estos dos estratos de hablar no emplean la lengua de la representación. Pero es muy distinto el hablar de los personajes y el hablar del narrador. Estos no hablan al lector de modo sumiso, sino que manifiestan vivamente su hablar vivo. Lo digo paradojicamente, porque su hablar es representado, no vivo, pero la representación procura poner con fuerza su mundo ante los ojos. El mundo representado no es el mundo vivo y el hablar representado tampoco es el hablar vivo. Pero el diálogo es representación de primer plano. Después del mundo representado en el núcleo, la fuerza narrativa la tiene la representación del hablar, los diálogos o el lenguaje directo.

¿Y por qué en segundo lugar? Porque el diálogo solo no es narración, es narración cuando se apoya en el soporte de lo representado, en el núcleo. Necesita la representación lingüística, que es donde se encuentra la historia, y el diálogo solo no la forma. El diálogo es la incorporación de la subjtividad a la objetividad de la represetación.

Por último las dos líneas del pentagrama que quedan por asignar corresponden a los estratos de la representación que acompañan al núcleo: las acciones en imperfecto del segundo plano y los imperfectos descriptivos. El plano descriptivo es el más débil entre los que configuranla representación, por carecer de acción articulada y se acerca, por esta condición, al hablar del narrador con el que a veces se confunde y el lector tiene que decidir si habla alguien o se describe.

Si los estratos se escribieran sobre un esquema pautado de cinco líneas, se diferenciaban por estrato y por intensidad. Y el escrito narrativo desplegado en él, mostraría su naturaleza lineal y estratificada.

La intensidad narrativa se refleja y de modo claro en el buen estilo, cuando la frase es oportuna se sintonizan el contenido significado y la estructura, con la intensidad del estrato. Ordenados en disminución son estos:

Núcleo. . . . . . . . . . . . . . . . . . __________ subió el maestro
Diálogos. . . . . . . . . . . . . . . . __________ ¿Se sabe algo?
Segundo plano. . . . . . . . . . __________ echaban el cierre
Descripción. . . . . . . . . . . . .__________ estaba al completo
Narrador. . . . . . . . . . . . . . . __________ si hubiera llegado antes.

Las frases corresponden a este fragmento:
El maestro subió y preguntó: –¿Se sabe algo? En ese momento echaban el cierre. El almacén estaba al completo. Si hubiera llegado antes, no estaría sofocado.

José Antonio Valenzuela

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Estudio del diálogo narrativo

El estudio el texto narrativo que he desarrollado hasta el presente ha dejado a un lado, el estrato de los diálogos, las partes del texto de la narración habladas por personajes. Un tema orillado en buena parte, porque el lenguaje de estas zonas habladas no se puede explicar con el modo de analizar la representación.

La parte dialogada es conducta y, por lo tanto, es argumento. El discurso de la representación contiene el argumento, la historia. Esta se corta y empieza un discurso hablado. Lo introducen los verbos de lengua o los dos puntos o el guión que marca el hablar de un personaje y la atribución: María volvió la cabeza: – ¿Qué debo hacer? – dijo. Se representa la conducta de hablar con su gesto y se vuelve a representar al escribir el contenido, la pregunta. El diálogo es parte de la historia.

Como el diálogo es otra clase de representación, el análisis realizado sobre la representación como discurso propio, no se puede aplicar a la parte hablada, que es hablar común y general. Porque es otro modo de representación. El modo icónico de representación introduce en el texto el mismo hablar, por ser lengua con lengua. Pero en realidad, hay que observarlo bien, no es el mismo hablar, sino representación de hablar, entrocado en la representación objetiva ya analizada.

Parece como si los diálogos no fueran lenguaje narrativo, porque pertenecen al discurso del hablar, y efectivamente es así, pero con la diferencia de ser un hablar representado e inserto en un discurso de representación. No se emplea en ellos el sistema de tiempos narrativos, sino el sistema verbal completo del hablar general.

Los diálogos forman, sin embargo, parte del texto de la narración, de su intríseca naturaleza, son un estrato del texto narrativo, pero no son discurso narrativo. Como lenguaje es discurso discurso del hablar. Aunque, como dice Martínez Bonati, es hablar inauténtico, no es verdadero hablar, sino un hablar representado, pseudo hablar, porque quien habla no es un ser real, sino un ser representado. Habla un personaje, figura de la historia o de la ficción, que tiene su campo de existencia en la representación narrativa. Su hablar sigue la línea de una historia ya representada y en su trascurso y le da continuidad temporal, como el tren que entra en otro paisaje, sigue el camino de la vía; el texto entra en otro modo de representación, pero no interrumpe la línea argumental.

Se aprecia, pues, que el análisis de los diálogos narrativos es materia perteciente al estudio de la lengua conversacional, pero con una condición de importancia, es pseudo conversación, y su contexto es el discurso narrativo de la representación.

Podría pensarse que el estudio y análisis de los diálogos es equivalente al estudio de la conversación hablada. Como la que se realiza sobre una grabación tomada en vivo, es decir, el estudio de la lengua coloquial. La lengua viva coloquial se representa en la novela, y precisamente por eso se convierte  en pseudo hablar. Parecerán a primera vista el mismo género de discurso, pero no lo son, aunque tengan la misma viveza y parecido, como es el caso de la novela costumbrista.

La lengua hablada es un discurso contrapuesto a la representación narrativa, pero la lengua hablada en la narración tiene otra entidad. Sus rasgos morfológicos, léxicos, gramaticales, y el sistema verbal son los mismos de la lengua hablada. Pero como el diálogo está intrínsecamente ligado al estrato de la representación y no puede desprenderse de él, hay que estudiarlo con él. Esa es la diferencia, el diálogo hay que estudiarlo en lo que dice, no en la forma de sus tiempos, en la conexión del texto y con el argumento de la representación.

Este enfoque es el que tengo que desarollar. Cuando trate del diálogo, dejaré de lado el análisis del texto realizado hasta el presente, porque el dialogo pide otro modo de análisis. Reproduzco aquí párrafos del capítulo 26 del libro El texto de la narración en español, donde se planteó el problema básico, pero sin darle desarrollo.


 Lo que importa ahora es su condición de representación. La frase representada no es la frase viva –sea histórica o imaginaria – precisamente porque el estrato mimético o el discurso de la representación es el fundante del estrato dialogal. Los diálogos o monólogos se apoyan en él, ue se intercalan en el acontecer del estrato mimético-representativo, dependen estructuralmente de ese estrato y se sostienen por él.

Es diálogo en la narración es diferente categoría ontológica de signo, aunque la frase viva y la representada son lingúísticamente iguales. Cito el antiguo planteamineto del problema:

El diálogo es una imagen del hablar que está enmarcada en la representación mimética icónica. No es la misma acción verbal, como si estuviera en dos sitios, pues la acción de la que es representación en el texto tiene otro enmarque. … El hablar de los personajes es parte de la representación completa.Lo que importa ahora es su condición de representación. La frase representada no es la frase viva –sea histórica o imaginaria – precisamente porque el estrato mimético o el discurso de la representación es el fundante del estrato dialogal. Los diálogos o monólogos que se intercalan en el acontecer del estrato mimético-representativo, dependen estructuralmente de ese estrato y se sostienen por él.

J. A. Valenzuela:El texto de la narración en español, 2016, capítulo 26

Los temas que hay que enfocar son la relación de lo dicho con la trama argumental con la anterior y con la posterior. Cómo empalmalo que se dice con lo que se representa y como se distribuyen sus contenidos. Y dentro del diálogo como engarza cada parlamento con el anterior y el siguiente, sus formas de relación, preguntas y respuestas, dificultades y soluciones. La interacción de los personajes, pero solamente en la medida en que afecta a la trayectoria argumental. Los elementos subjetivos que no caben en la representación objetiva, de lo que deduzco que no será posible transformar un dialogo en representación objetiva, pero si será posible transformarlo en hablar del narrador que explica. En resumen, todos los elementos de la conversación que inciden en la línea argumental es un tema de estudio principal.

La linea argumental se identifica facilmente con la definición de los planos, pero en el diálogo solo puede tenerse en cuenta el contenido. Con él se introduce la subjetividad a través de los personajes: la duda, el futuro la posibilidad, la sospecha y demás elementos que no caben en la representación objetiva.

Seguiré en este desarrollo el método que he seguido en todo lo anterior: abordar directamente la realalidad del texto y el problema y, después de plantearlo, como acabo de tantear en esta entrada, buscar en la bibliografia si hay algo dicho. Y me encontraré seguramente con un vacío. Es un tema con poco interés en el mundo académico, que funciona al revés, primero todo lo que se ha dicho sobre un tema y ordenarlo, de ahí la inmensa bibliografía de empaque.

El gerundio narrativo.

El gerundio narrativo.

Este estudio se refiere al gerundio en el texto de la narración. Para observar la función que cumple  en él hay que tener en cuenta los rasgos del texto de la representación narrativa y del sistema verbal narrativo.

El texto de la representación narrativa tiene estos rasgos:es un discurso cuyas sus formas verbales son las de la esfera del pasado de la conjugación general, pero pierden la temporalidad deíctica propia de este paradigma, organizado sobre el presente enunciativo; y, por tanto, nombran las acciones o eventos, pero no indican en qué momento ocurren. El discurso de la representación narrativa emplea la tercera persona exclusivamente, nunca hay frases en primera o segunda persona y está ausente de él toda forma lingüística de subjetividad, ningún lo emite ningún  hablante que pueda introducir ese lenguaje.Sus formas verbales de la esfera el pasado, siendo morfológicamente pretéritos, no indican pasado. Son atemporales, pero el encadenamiento de los perfectos simples en una serie construye una estructura temporal sintagmática, que corresponde a otro rasgo fundamental de la representación narrativa: contiene una historia siempre. Y siempre está presente esta serie verbal, que constituye el núcleo.

Los tiempos de la esfera del pasado forman, por su funcionalidad propia en el discurso de la representación narrativa, un sistema verbal secundario.  Las formas del sistema verbal narrativo son las que se emplean en este discurso y precisamente, por su naturaleza antes descrita, podemos hablar de sus verbos como sistema propio. El sistema verbal de la narración carece de referencia deíctica temporal, y en su paradigma están ausentes la primera y segunda persona. El perfecto simple y el imperfecto, esfera del pasado, no indican pasado en el discurso de la representación narrativa. Es decir, son formas atemporales.

Este rasgo es el mismo rasgo que presenta el gerundio, que es una forma atemporal y durativa. El gerundio es atemporal de igual manera que lo son todas las formas del discurso de la representación, el perfecto simple y el imperfecto.  Y se diferencia de ellas porque carece persona. Contrasta con el indefinido, porque este es puntual y personal: picando a la mula, pasó adelante, la acción del carretero, pasó adelante, es tercera persona, es completa y puntual,y da la gerundio, picando, el sujeto que no tiene. Le da también el tiempo, pero el tiempo que aporta es el punto en la serie, el lugar entre los hechos de la historia, puesto que el tiempo que tiene no es deíctico de pasado, sino el punto en la serie temporal en la que se sitúa el hecho durativo, el pasó adelante ocurre en un momento de la serie, entre hechos anteriores y posteriores y corresponde a la tercera persona del carretero.

Debido a que el gerundio carece de persona se comporta como predicado secundario del  sujeto del verbo personal, no es una acción independiente, sino subordinada. Se trata de dos acciones realizadas por el mismo sujeto, el carretero, independientes y simultáneas, pero una es principal y la otra subordinada, una puntual y otra durativa. Y por otra parte la acción del gerundio tiene carácter adverbial al modificar la acción principal, en el modo de pasar adelante.

Debido a que carece de persona, por tanto, el gerundio no puede formar una serie de acciones encadenadas y sustentar una historia, pero las acciones del gerundio pertenecen al argumento de la historia. Están en un segundo plano y vinculadas a un verbo principal. Que en el ejemplo propuesto es la forma nuclear del perfecto simple o indefinido. Pero de la misma manera se comporta con el pretérito imperfecto.

En la frase, se tiraba de las barbas, maldiciendo aquella ora, tenemos la misma construcción con el pretérito imperfecto, un tiempo durativo, como el gerundio, pero con marca personal. De modo que el verbo principal y el subordinado tienen el mismo sujeto, maldecir, esta acción toma como sujeto el sujeto al que se tira de las barbas y se subordina de esta manera al verbo principal, al que modifica. Se trata de dos accione independientes y simultáneas, ambas durativas.

¿Cuál es la diferencia entre estas construcciones? A efectos narrativos el pretérito imperfecto forma el segundo plano de la narración, jalona las acciones de la historia, pero como sus acciones son durativas, no delimitadas, se van solapando y se tienen que apoyar en la estructura puntual y delimitada de la serie nuclear formada por el perfecto simple. Pero son personales y marcan en el suceder de la historia momentos de su secuencia. Y esto es lo que no puede hacer el gerundio. Lo cual pone de manifiesto que el gerundio por carecer de sujeto personal propio no puede formar serie narrativa, pero no deja de ser una acción del argumento y por lo tanto se podría  transferir a forma personal:  picó la mula y pasó adelante; se tiraba de las barbas y maldecía aquella ora.

Esta exploración sobre el gerundio en la narración plantea la necesidad de describir su lugar en el contexto del discurso narrativo y en sus planos o estratos. Describir sus usos, su pertenencia a la trama argumental o en su caso a la parte estática y descriptiva y las conmutaciones posibles. El gerundio se puede transferir a una forma personal. Y a la inversa. Si este cambio da una versión gamaticálmente correcta, nos encontramos en el ámbito de la libertad y del estilo.

Así la frase del evangelio de san Marcos 3.13

Καὶ ἀναβαίνει εἰς τὸ ὄρος καὶ προσκαλεῖται οὓς ἤθελεν αὐτός, καὶ ἀπῆλθον πρὸς αὐτόν.

Tiene estas traducciones:

Y sube a la montaña y llama a sí a los que él quiso (O’Callagan)

Y subiendo al monte llamó a los que él quiso (Biblia de Navarra)

Subió al monte y llamó a los que él quiso (Biblia de Jerusalén)

He now went up onto the mountain and summnoned those he wanted (The new Jerusalem Bible)

He went up the mountain and summoned those whom he wanted (USCCB)

De modo que el presente de indicativo griego, ἀναβαίνει, como el presente histórico español, tiene diversas equivalencias. En las versiones en español que cito, se traduce de tres diferentes modos: por presente histórico, la más literal, por indefinido y por gerundio. Todas  son equivalencias legítimas. Y por lo tanto un texto español puede escribirse de estas tres formas diferentes. La exploración de los valores del texto contemplando las conmutaciones posibles es muy oportuna.

 La Real Academia Española recomienda utilizar, en lugar del gerundio, un verbo en forma personal. Por lo demás, como el gerundio tiene un valor de simultaneidad con la acción del verbo principal, puede producir una sensación de apelmazamiento, sobre todo si se subordina a otra forma también durativa como el imperfecto.

Referencia: Teresa Rodríguez Ramalle: Las formas no personales del verbo, Arco libros 2008

José Antonio Valenzuela

La comunicación y la representación

La comunicación y la representación

Los actos singulares de hablar entre  miembros de la misma comunidad idiomática, como el español, son la realidad de la lengua. Hechos primarios, actos de comunicación, de los que se  puede tener una muestra. Un corpus de actos de hablar que utilizan el sistema del español, su gramática  y los usos de sus palabras. La palabra, término corriente entre todos los hablantes, es una unidad del sistema y el individuo las encuentra en él, las conoce, aunque no todas, y tendrá un vocabulario abundante o escaso. Pero nadie las crea ni las inventa, nadie las puede modificar a su capricho. El orden propio de los sonidos en cada palabra está fijado. Son, por lo tanto, objetos, entidades estables.  

Pero en los actos de habla, cuando se tata de enunciados, el hablante emplea frases, que no son unidades ya hechas para escoger. Los actos de hablar los confecciona el propio individuo, son singulares y propios, aunque puedan  repetirse frases ya dichas por otros. Esa es la lengua que existe. El conjunto de todos los actos de habla. A este conjunto de hechos singulares, lo  denominó Saussure parole. Y la materia de estudio de la lengua no es esa, sino la estructura con que esos actos singulares se forman, no el montón de los hechos en bruto, sino el sistema presente en ellos.

Pero Saussure asumió que la parole o dicho en español actos de habla responden a una sola clase de acto: el uso que se hace de la lengua es únicamente hablar y comunicar a un tiempo.  Lo que no distinguió Saussure ni lingüistas posteriores, que yo sepa, es que en la parole o en los actos de habla o, dicho de otra manera, en el uso de la lengua, encontramos otro acto que no es hablar ni es comunicación. El empleo de la lengua no se despliega únicamente con actos de hablar. La lengua no es solamente comunicación y hablar. Se emplea para representar. También se emplea para formar con ella objetos. En los objetos nadie habla. Se confeccionan con frases únicas y personales, con frases no habladas y ajenas a la comunicación. Frases que de por sí son objetos, como acabo de indicar, pero no pertenecen al sistema, sino a sus actos a su parole. Los crea el hablante sin hablar. Los fabrica componiendo frases únicas y singulares, con el fin de representar sin comunicación hablada.

De este modo la lengua no es un sistema de comunicación.  Primariamente lo es, pero lo es también de representación. La lengua se emplea en la comunicación y en la representación del mundo. Dos actos diferentes entre los que no se establece un paralelismo, sino una derivación de primario a secundario. Pero son dos actos independientes e iguales. El segundo deriva del primero, que consiste en comunicación y hablar; de  ese uso nace el de representar con actos propios, que se independizan de tal manera que no son ni hablar ni comunicar.

La representación va cobrando un enorme desarrollo, por el empleo que los usuarios hacen de ella, sobre todo por la explosión de la  narrativa. Es necesario distinguirla, conocerla y señalarla como una propiedad que tiene la lengua, que no es la de hablar o la de comunicarse. La lengua es un sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura. Esto dice el diccionario de la RAE. Hay que añadir la función de representar.

La actividad más empleada es comunicarse, pero  el uso del idioma no consiste solamente en comunicación. Tenemos actos lingüísticos, de carácter también social, en los que la lengua es la materia para la construcción de objetos. Que naturalmente son objetos lingüísticos, lo que sintoniza con la condición de objetos de las palabras. Con unos objetos se construyen otros.

Se realiza una representación sin interlocutor presente o diferido. No hay comunicación. No se confeccionan frases comunicativas. Este acto lingüístico, acto de representar, tiene otro carácter, pero es también de naturaleza social. Acto singular, acto creador de un objeto con palabras, pero de orden superior a las palabras, porque no son objetos del sistema. Pertenecen al hablar, según el concepto de Saussure. El individuo hablante no puede crear palabras, que son  objetos de  lengua, pero con sus actos crea otros objetos, del mismo modo que se efectúan enunciados de comunicación lingüística, se confeccionan   obras, utilizando las palabras como barro de alfarero.

La comunicación requiere al menos dos personas, un hablante emisor y un oyente receptor. La representación no requiere el contacto con el contemplador de ella.  Para hacer un objeto, una bicicleta, no se necesita al ciclista, aunque se haga para que luego alguien se monte en ella. Pero no hay comunicación establecida entre artesano y usuario. Menos aún si se trata de un objeto de arte, la historia del arte es la historia de sus objetos, que por serlo están ahí para que se contemplen.   Y si su materia fuera los sonidos, los sonidos son objetos que requieren reproducción, realizarse cada vez con la interpretación de otro artista. Es la misma cuestión: la partitura o el escrito, el violinista o el lector. La creación de objetos con la lengua, no tiene la menor duda. Un poema es tan fijo como son fijos lo sonidos de las palabras.

José Antonio Valenzuela

20/05/20

La lengua como objeto y como hablar

La lengua como objeto y como hablar

La primera persona gramatical es el signo por el que atribuye la frase al que la dice. Tengo calor. La frase la dice el que tiene calor, y si no lo tiene, dice una mentira. Esa persona puede ser conocida o desconocida y si es fase escrita la persona puede estar ausente y el escrito conserva la frase de otro tiempo y de otro lugar. La frase la dijo alguien, la escribe o dice por escrito alguien. Toda frase hay que atribuirla a una persona, es de un individuo, aunque no conozcamos quién sea o sea un difunto.

La contestación a una frase dicha se atribuye a la persona que interviene en respuesta y ambos son ya entre interlocutores:

— Que listo eres
―Cuánta razón tienes
.
Y si la frase fuera en tercera persona, lo mismo
― ¡Qué listos son los gatos!
―Cuánta razón tienes.

Pero la frase: saludó atentamente a la portera, sin contexto de diálogo, es una frase sin atribuir. ¿Quién la dijo? No se sabe, presuponemos que la tuvo que decir alguien. El lenguaje pertenece a un ser humano que habla. Pero no siempre, ¿qué decir de una palabra que está en un diccionario?  Por ejemplo, portera. Esa palabra no la atribuimos a nadie ni se pone en boca de nadie ni es necesario buscar a un hablante para ella. Aun así, todo se puede atribuir: el niño dijo: portera. Los verbos que indican manifestar cosas con la lengua, sirven para atribuir lo dicho a un hablante, sean palabras o frases. En este caso el niño pronuncia una palabra, que pertenece al sistema lexicográfico de la lengua, es un objeto o una unidad de un elenco de unidades. Y lo mismo diríamos si fueran  frases hechas o lexicalizaciones. Un refrán pertenece al común acervo del idioma como un objeto. Lo mismo que la palabra portera  del niño. Los refranes se citan, pero como no son de nadie, no se cita a nadie. Solamente se puede atribuir la pronunciación. Es un objeto, que estará en boca de quien lo diga, porque los objetos de la lengua no se cogen con las manos, se pronuncian. Pero una frase completa y original no solo la pronuncia, sino que se habla.

La frase saludó atentamente a la portera, no pertenece al sistema de la lengua. Es parole, acto de un hablante. Un acto de habla original. Por lo tanto, se puede preguntar de quién es, no solo quién la pronuncia. Si se sabe, se atribuye si no se puede atribuir y adjudica a un hablante desconocido.

Como la fase es tercera persona la atribución está colocada fuera de ella. En otra frase, con un verbo de lengua, Matilde dijo, exclamó, pidió. Y si el hablante está presente no hace falta. Sin un procedimiento externo queda sin atribuir.

En un coloquio o diálogo, como el que reproduzco, las atribuciones se repiten.

— Yo te aseguro, Sancho —dijo don Quijote—, que debe de ser algún sabio encantador el autor de nuestra historia; que a los tales no se les encubre nada de lo que quieren escribir.
— Y ¡cómo —dijo Sancho— si era sabio y encantador, pues (según dice el bachiller Sansón Carrasco, que así se llama el que dicho tengo) que el autor de la historia se llama Cide Hamete Berenjena!
— Ese nombre es de moro —respondió don Quijote.
— Así será —respondió Sancho—, porque por la mayor parte he oído decir que los moros son amigos de berenjenas.

Si son dos los que hablan, la atribución va por turnos. La da el diálogo mismo, pero Cervantes no prescinde de los verbos de atribución.

Ahora bien, teniendo en cuenta que la representación narrativa se escribe con frases en tercera persona y en pretéritos, son frases que requieren atribución para saber quién las dice. Estas frases hay que atribuirlas externamente, hay que buscar a un hablante. ¿Y quién es? Se tenía por tal al autor de la novela, Cide Hamete Benegeli. Pero es ya acuerdo general que el autor que escribe la novela no es el hablante de ella. Entonces ¿quién es? Pues un ser etéreo o imaginario como los personajes. Se le llama narrador, como cuando no se sabe quién se ocupa de un asunto y se le llama encargado. De este modo se resuelve la ineludible exigencia de un hablante y de una atribución externa. Problema cerrado en falso.

Problema mal planteado porque procede de presuponer que toda frase en tercera persona la tiene que decir alguien y es algo hablado. Asunto que desaparece, si que se considera que con la lengua se construyen objetos. Los objetos no necesitan hablante. Necesitan un obrador, la pregunta más correcta sería: ¿Quién hizo esto? ¿Quién confeccionó ese objeto de palabras sin hablar? Lo que defiendo es que la exigencia de encontrar un hablante es un prejuicio, un presupuesto falso. En la lengua hay objetos del sistema, las palabras, y nadie se pregunta quien dijo la palabra del diccionario. Pues defiendo que también se componen objetos. Son objetos, pero no pertenecen al sistema, son parole, entendida comoactos singulares en el uso de la lengua.

¿Hay objetos fabricados de palabras? Es evidente que los hay. Un poema, por poner un ejemplo sin discusión, es un objeto de lengua. No es parte del hablar de nadie. Sus palabras y su orden es fijo, como una silla, no se pueden cambiar las patas y el respaldo. Una letrilla de Góngora es así como es y no se pueden tocar sus palabras o decir de otra manera como quien da un recado. El recado se puede dar bien dado de cualquier manera, no se rompe ni se altera, pero la letrilla sí.

Una letrilla no la dice nadie, se recita, se pone delante con la pronunciación, del mismo modo que se pone una flor en la mesa o se pronuncia una palabra. El que recita no habla. Y, además, no ha sido hablada, sino compuesta. Como la palabra que ya estaba en el sistema y solo se pronuncia.

Nos encontramos en el terreno de la representación narrativa. Un estrato compuesto con frases en tercera persona, sin atribución a un hablante. En esa condición puede ser que no se sepamos a quien atribuirla o puede ser que no hay hablante y es inútil buscarlo porque es representación, como un objeto que nadie dice. Objeto hecho con palabras. La representación no se puede atribuir a un narrador, sino a un hacedor. De él no nos preguntamos nada, porque está todo en el objeto.

Contra la interpretación de toda la narratología que conozco. Los hechos analizados llevan a entender la desorientación del sentido común  que se sufre, queriendo ver un hablante detrás de cada palabra o que un narrador habla todo el relato. Cuando en la práctica el genuino lector de narraciones no se anda con preguntas, si no se le malicia, entra en el mundo representado desarrollando el sentido de contemplación, con abandono de la comunicación hablada.

¿Dónde está el narrador de las narraciones? No está en la representación, en las frases en tercera persona. Esas frases no hay que atribuírselas a persona hablante o narradora. Si se percibe a un hablante, está detrás de las frases que son inconfundiblemente hablar. Pero Y ¿Quién es ese hablante? No se sabe, precisamente por eso lo llamamos narrador. Con el mismo nombre, sea cual sea el relato. Como el encargado. Los personajes tienen sus nombres. El narrador, no. No está dentro de la representación ni la hace él. El habla. Tiene otro espacio en la estructura del relato.

La conclusión de este escrito es que existen muchos argumentos y razones para entender que sin oponer la lengua como objeto y la lengua como hablar no se capta el sentido de la representación. Sin ella la estructura de la narración no se desvela.

José Antonio Valenzuela                                                                                                  Junio 2020

Autobiografía y ausencia de narrador

El lector percibe que Efraím cuenta una historia. Y asocia este hecho con hechos reales, por ejemplo, cuando un amigo cuenta lo que le pasó a él y a su familia en un viaje. El caso real y el caso de la novela son semejantes. En la novela Efraím cuenta su romance con María y el amigo cuenta en la conversación las incidencias del viaje. Y son narraciones paralelas y semejantes. ¿Qué diferencia hay entre ellas? Alguien dirá, pongo por caso mi amigo Vicente, que la diferencia está en que uno es verdad y el otro ficción o novela. Que el amigo es persona real y Efraím no, que es ficticio, porque es una novela. Y muchos lo consideran así. Esa es la diferencia.

Pero el prólogo no dice que sea novela, todo lo contrario, da por sentado que es suceso real y que son reales Efraím y sus hermanos y eso que cuenta Efraím es lo que sucedió. Aunque nadie se lo cree, porque el lector sabe de antemano que lee una ficción, pero acepta el convencionalismo: se la presentan como real. Sin embargo, puede entrar la duda y se preguntará alguien si el argumento de esa novela fue un suceso verdadero. Un caso de amor romántico, como los que han sucedido de verdad, porque todo lo que ocurre es verosímil que pase así. Para salir de dudas tendrá que informarse, porque la novela le dice que todo es real, no se lo creyó, pero ahora duda y no lo va a averiguar leyéndola otra vez. Tiene que indagar con otras fuentes de información.

Y también puede ocurrir y ocurre, en el caso paralelo del amigo que al contar el viaje que hizo con su familia, invente cosas que no sucedieron, incluso invente toda la historia, y dice que fue a la India y cuenta aventuras tan verosímiles y convincentes, que pasan por verdaderas. Tuve un amigo que lo hacia con tantísima convicción, que dejaba a sus oyentes asombrados y llenos de admiración hacia él. Y todo era fantasía. Es la situación contraria. Y cuando mi amigo hablaba a alguno le entraba la sospecha. ¿Si lo sacará de su imaginación? Y por no preguntarle a él y tomarlo por fantaseador, lo comprueba por otro camino.

Por lo tanto, la respuesta de Vicente no es correcta ni mucho menos. La diferencia entre una narración y otra no puede consistir en que se sepa de antemano que una de ellas es ficción y la otra no. Si se sabe de antemano no se sabe por la narración misma, porque ambas son iguales y el texto tanto puede ser de un caso o de otro. Esto significa que si nos atenemos al mismo relato, a su texto, tanto el relato histórico como el de la novela son iguales. El texto es de iguales características, es imposible saber por él si es verdad o ficción.

Y algún que otro Vicente volverá a decir que, por ejemplo, el texto del pato Donald me dice que es ficción y lo dice el texto, porque ese pato no es de verdad. Pero claro, tampoco aciertas, Vicente. Puedes decir eso de Pulgarcito. La diferencia entre Pulgarcito y el pato Donald es que Pulgarcito es verosímil con la realidad, aunque sea pequeño, y el pato Donald, no. Y claro está que eso no lo dice el texto, lo dice la realidad conocida de que los patos no hablan. Y por tanto hay que concluir que la representación de una historia, en su texto, es indiferente a que sea real o no. El texto empleado en ambos casos es el mismo, es representación narrativa, y por ella misma no se puede distinguir la realidad y la ficción. Distinción que quiebra la cabeza a muchas personas.

Estos dos casos tienen de común que ambos dan lugar a un narración en primera persona o autobiográfica, pero con mucha mas abundancia las narraciones no lo son. El suceso se presenta con objetividad: esto es lo que pasó, no lo cuenta nadie. Todo es tercera persona. y las frases en tercera persona ¿Quién las dice? Ahora no habla ni el amigo ni Efraim. La frase en tercera persona, Efraím entró en el salón, por ejemplo, la puede decir alguien, pero no se sabe quién la dice, no podemos atribuírsela a nadie. Pero se atribuye, sí, a alguien que no sabemos quién es. Ese desconocido es el narrador. No solo es desconocido, es que no existe.

Y en este punto pasa lo mismo o parecido a lo que hemos visto que ocurre con la pretensión de las narraciones en primera: que un sujeto se presenta a sí mismo como quien lo cuenta todo, nos va a contar la historia y se atribuye a sí mismo todas las frases, la entera representación y dice que es el narrador, Habla veces mucho. No hay que creerle. Las frases en tercera persona están ahí, sin atribución, no las ha dicho nadie, pero se inventa un narrador para ellas. Se confunden las cosas y al que habla como narrador, que hace comentarios o reflexiones subjetivas, y se le tribuye la representación entera, que no está atribuida a nadie. En la representación nadie habla.

Si se transcribe el siguiente párrafo a tercera persona. Efraím que hablaba y se atribuía el relato deja de hablar. ¿Quién dice ahora las frases, todas en tercera persona? Y se contesta el narrador, pero de dónde ha salido, nadie lo sabe.

A la mañana siguiente mi padre desató de mi cabeza, humedecida por tantas lágrimas, los brazos de mi madre. Mis hermanas al decirme sus adioses las enjugaron con besos. María esperó humildemente su turno, balbuciendo su despedida, juntó su mejilla sonrosada a la mía, helada por la primera sensación de dolor.

José Antonio Valenzuela

Mostrar y hablar

Completo la materia tratada en varios lugares, como en el capítulo 33 de El texto de la narración en español. PDF, descargable sin coste, pero no es repetición de lo dicho en él. Aporto aclaraciones que me parecen necesarias para denunciar como falsa la noción clásica de que la narración está vinculada al pretérito y se escribe poniéndolo todo en el pasado; y sobre otra equivocación: la presunción de que el narrador lo cuenta todo, que su voz y su perspectiva está sosteniendo la representación y que un narrador es el sujeto hablante de toda la historia y a veces ocultamente.

 Estas nociones, a mi juicio desorientadas, están tan reciamente arraigadas, que hace dificultosa la comprensión de lo que sostengo. El mismo Martínez Bonati está en ellas, cuando alguna vez se refiere a un hablante básico al que atribuye la representación (básico equivale a inexistente) o cuando explica el presente histórico como “aura de amaneramiento”.

La representación, o mostración, tiene la naturaleza de un objeto confeccionado con palabras. Las palabras son su materia como la madera es materia de objetos labrados en ella. Una pieza de madera, una simple cuchara o una figura, está ahí visible en su ser de objeto. Puede colocarse en una vitrina o expositor. Algo en un sitio. Los objetos, sobre todo si no son de uso, se miran, se contemplan. Un cuadro pone ante mirada el mundo que representa.

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El texto dual

El texto de la narración es dual. Su partición consiste en la representación por un lado y el hablar del narrador por otro. A su vez en la representación se distinguen cuatro estratos: el núcleo, los imperfectos de acción, los imperfectos descriptivos y los diálogos o estilo directo. En la representación nadie habla. Su esencia consiste en mostrar el mundo concreto con sus personajes, acciones y escenarios. La representación está para ser vista y contemplada. Ninguna voz nos cuenta esa imagen particular del mundo. Si los personajes hablan, su hablar es representado, tanto si son personas reales de una historia verdadera o personajes de ficción.

Estas dos parcialidades, la representación y el hablar, se encuentran en el texto, diferenciadas y contrapuestas, con cierta disyuntiva: reprentación o comunicación. Si se está ante la comunicación, alguien que habla, no hay representación; si se está ante la representación no habla nadie, no hay comunicación.

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La objetivación de la tercera persona

Este artículo es actualización de entradas anteriores del 5 nov 2017, actualizada en 9 abr 2019 y rehecha en 30 de marzo 200. 

El texto completo de la mayoría de las narraciones se compone de dos categorías o estratos, que por su naturaleza lingüística son enteramente diferentes: la representación y el hablar. El texto de la narración es dual, tiene dos elementos de distinta naturaleza. El hablar es lenguaje de comunicación, se encuentra en la esfera de las relaciones entre yo y tú, primera y segunda persona. El lenguaje de la representación se constituye con frases en tercera persona. Todo lo que sea ajeno al yo y al tú, no forma parte en la comunicación y se denomina tercera persona, para indicar que se encuentra fuera de esa relación comunicativa, pero se menciona en ella, se habla de Pedro y de Isabel y de la fuente. Sea persona o no lo sea se denomina tercera persona

Pues bien, la frase de tercera persona ofrece la posibilidad de no tener atribución a persona que habla. La atribución de una frase como Pedrito andaba pisando los charcos, no está en la frase misma, tiene que añadirse a ella, o bien se menciona como en lenguaje directo: su madre dijo que Pedrito andaba pisando, o sabemos de otro modo exterior a la frase quien la dice y se sitúa en comunicación o hablar. Precisamente esto ofrece la posibilidad de que frases en tercera persona se desprendan enteramente de atribución alguna. Entonces serían enteramente objetivas y esto es lo que, a mi juicio, da lugar a la representación y a la dualidad del texto de la narración.

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En el umbral originario de la representación

Las señales, como las de las sirenas en el mar, tienen que operar situadas y activadas en el campo que les corresponde. Desde el punto donde suenan alcanza el espacio circundante y actúan como señal. Son un señalamiento y un punto de origen para su medición: el allí es desde aquí y el entonces es desde ahora.

Los verbos son palabras que funcionan como señales en el tiempo. Por ello tienen naturaleza deíctica. La persona que habla es un punto de referencia, su acto de hablar, llamado enunciación. Si pronuncia un verbo en presente de la conjugación señala el presente de la voz, el tiempo de la enunciación.  El verbo sitúa el contenido de su lexema en ese momento. El verbo en pretérito hace lo mismo, sitúa su lexema en tiempo anterior al de la enunciación.

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Narrador ficticio y narrador histórico

 ¿Cuál es la diferencia? Insistiré en este punto, ya explicado, porque se ponen desde distintas ópticas resistencias a admitirlo.

En un texto de historia real el narrador es un hablante del mundo real. Y por eso está inserto en el mismo tiempo de lo narrado. La lengua de su hablar se actualizó de una vez por todas. Y el lector que contacta con él, con su comunicación real, también está inserto en el tiempo real. A este “narrador”, persona viva con hablar enunciativo y deíctico, se le atribuye la representación de la historia como quien la cuenta, pero no se percibe que cuando confecciona, cuando anudándo los en su serie temporal, deja de ser un hablante. Es compositor, como el artífice que diseña y pinta, y aunque lo haga con palabras, es más bien pintor que hablante. Es representador, si se puede decir así. El narrador es hablante cuando habla y no lo es cuando no habla.  No habla si construye con palabras un objeto, una representación, en este caso es de sucesos pasados, que será contemplada.

Pero se piensa que la representación es su hablar. Y para más confusión el narrador en el texto, puede decir que él cuenta la historia y es suya. Veamos este caso, con un ejemplo de un texto ficticio, como si fuese real. Texto del Quijote.  Es el momento en que maese Pedro llega a la venta. Marco numéricamente las frases:

1 en esto, entró por la puerta de la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, greguescos y jubón, y con voz levantada dijo:
2 Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el mono adivino y el retablo de la libertad de Melisendra.
3 ¡Cuerpo de tal —dijo el ventero—, que aquí está el señor mase Pedro! Buena noche se nos apareja.
4 Olvidábaseme de decir como el tal mase Pedro traía cubierto el ojo izquierdo, y casi medio carrillo, con un parche de tafetán verde, señal que todo aquel lado debía de estar enfermo;
5 y el ventero prosiguió, diciendo:

Maese Pedro llegó a la venta y pidió posada. Anunció su espectáculo. El ventero se alegra con su llegada.  Esta es la representación que se contempla. Y en la frase número 4 el narrador hace una aclaración, habla sobre lo representado, porque dice que se le ovidó.

Las frases 1, 2, 3 y 5 son la representación, por lo tanto, en ellas no habla el narrador. En la frase 4 habla lo que olvidó. De modo que el narrador se atribuye la representación como si la hubiera contado él. Este narrador da por descontado que él lo ha dicho. Y el lector lo admite sin objeción, y por ello se forma el tópico, una idea no puesta en duda: todo lo dice un hablante. Y muchos comentaristas del texto tienen esta idea asumida sin discusión. Sin embargo, el examen de la estructura del texto nos hace ver que no es así. Por mucho que el narrador se la atribuya a sí mismo, la representación olvidada de algunos hechos no es suya.

El escritor que ha compuesto el objeto, al que se debe todo, no es el narrador. Si lo fuera, el narrador sería la persona real del escritor. Y podría intervenir como tal, para rectificar, pero el que dice que se le olvidó, ya no es persona real. Si lo fuera no se tendría una pieza literaria. no se puede admitir lo que dice del olvido.  Situación difícil de sostener pragmáticamente. La comunicación con la persona real requiere algo externo al texto, es de un valor pragmático.

El cambio entre la comunicación lingüística real y la representación es desequilibrante. Al contemplar una representación se puede oír una voz, pero ha de ser inmanente, y aunque esa misma voz proteste de su realidad o pretenda que lo representado lo hizo él, no hay que creerle. Este pasaje pertenece al juego de engaños tan frecuente en la literatura. Es engaño pretender que se olvidó.

La estructura del texto nos hace ver que la representación no es hablada ni por el escritor ni por el narrador. Contrariamente a lo que se suele entender: el narrador cuando habla, habla; y está callado cuando se contempla la representación.

Si se trata de una narración ficticia, como es el caso, no cabe ni pensar que el narrador, persona desconocida, diga eso de que se le olvidó. Y por lo demás la diferencia entre histórico y ficticio de poco sirve para explicar esto.

Este pasaje de Cervantes es una perla para advertir el juego de confusiones. (Capítulo XXV, II parte).

En la ficción, además de ser representado, está la mampara de lo imaginario.  La comunicación con el lector es inexistente, como la propia del espectáculo. Los espectadores escuchan y los lectores también, pero no son interlocutores con el narrador.  No se encuentran con su narrador en comunicación propia. El lector ha dejado el mundo real y está al otro lado de la mampara.  En ese espacio se encuentra con la voz, pero no con la persona.

Por tanto, lo que tenemos en la narración ficticia y en la normal narración histórica es una comunicación hablada irreal. El narrador no es propiamente un hablante del mundo real. Y el lector no es un lector del mundo común, como un lector de periódicos, es lector- espectador del mundo representado.  Cuando una persona entra en el teatro o se pone a leer una novela, abre como espectador o lector un paréntesis en el tiempo del mundo actual en el que vive. Entra en el mundo inactual, es decir, el mundo que nunca existió o en el que existió, pero está representado.

El escritor del mundo fingido hace el retablo de cosas imaginadas, y el escritor del mundo histórico hace un retablo semejante. Y la figura del narrador en ambos casos no puede salir de la mampara del retablo. El que escribe la representación no es un ser ficticio, claro está, pero no es hablante, sino confeccionador de representaciones.

Esto se contrapone a la falsa opinión de Gerard Genette: el narrador se define por su actividad de contar una historia y el dice como suceden los hechos en la narración.

Tiene importancia la distinción entre la historia y la ficción.  Cómo se distinguen es otro asunto. Pero, desde luego, no lo sabremos por el texto mismo. Es necesaria la verificación pragmática.

José Antonio Valenzuela

Argumento, núcleo y descripción

1 Las acciones de la historia y la descripción tienen un mismo lenguaje
mimético y mostrativo. Los caracteres de objetividad señalados por Benveniste para la historia se aplican igualmente al estrato descriptivo. La descripción es mundo representado al igual que la historia. En la descripción y en la representación de la historia, que llamo también argumento, nadie habla. Martínez Bonati considera que tienen ambos la misma naturaleza lógica y mantiene que existe una identidad esencial entre narración y descripción. (Bonati, 1972).

2 Las acciones del argumento y la descripción estática dan la
representación lingüística de lo concreto individual
. Lo descriptivo es
un mundo que se constituye ante nosotros por la percepción de seres concretos. Lo argumental es lo mismo, pero contiene la representación de un suceso. Argumento y descripción constituyen el texto o discurso miméticos. También se puede llamar, al conjunto de estratos que lo componen, representación. Sin hacer diferencia entre suceso y descripción. No la hay desde el punto de vista lógico, pero se distinguen por el criterio de articulación temporal, lingüístico, que para Bonati no es irrelevante.

3 La articulación temporal implica el uso de los tiempos verbales. Se apoya en español en los aspectos gramaticales  que han ocupado nuestra atención: el aspecto perfectivo  y el imperfectivo. Con la perfectividad del pretérito indefinido se construye la   articulación temporal y el estrato propio del núcleo. Con los imperfectos es distinto y hay que distinguir si contienen acciones o eventos, que puedan incorporarse al argumento del núcleo por tratarse de significaciones no estativas.  Analizaré este texto:

se sentó y, llamando a los doce, les dijo: Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos. Y acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado. … Le presentaban unos niños para que los tomara en sus brazos; pero los discípulos les reñían.  Al verlo Jesús se enfadó y les dijo:  Dejad que los niños vengan conmigo, y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él. Y abrazándolos, los bendecía imponiéndoles las manos.

Marcos 9,42-50; 0,3-16

4 Los pretéritos perfectos simples dan el avance del relato con ocho puntos sucesivos. De estos ocho momentos temporales tres de ellos corresponden al verbo introductor dijo. Que tiene su peculiaridad, puesto que, en las frases, (1) se sentó y, llamando a los doce, les dijo, (2) lo abrazó y les dijo, y /3) se enfadó y les dijo, contienen la acción sentarse, abrazar y enfadarse y después viene otra acción, la de hablar, dijo. Pero después no viene otra acción, sino la misma: dijo y lo que dijo. Por lo tanto, se duplica la acción, pero solo en el texto, la historia no da un paso. Se repite el paso, porque el modo de representar el hecho cambia. El tiempo se prolonga con la intervención que reproduce lo dicho. pero la acción no adelanta, al menos por lo que se refiere a la articulación temporal.

5 Al hacer el análisis de la trama argumental, teniendo en cuenta que dijo y las palabras dichas son la misma acción prescindo de una de las dos. Bien de los verbos de lengua redundantes o del lenguaje directo. Cervantes en el Quijote nunca omite los verbos de lengua, aunque sean innecesarios, y la lengua coloquial contemporánea tampoco los suele omitir.

6 Separo ocho puntos temporales y omito los diálogos.

se sentó y, llamando a los doce, les dijo:
Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos.
Y acercó a un niño,
lo puso en medio de ellos,
lo abrazó y 
les dijo:
El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado.
Le presentaban unos niños para que los tomara en sus brazos; pero los discípulos les reñían. 
Al verlo Jesús se enfadó y
les dijo: 
Dejad que los niños vengan conmigo, y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios. En verdad os digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él. Y abrazándolos, los bendecía imponiéndoles

se sentó y, llamando a los doce, les dijo:


 
Y acercó a un niño, 
lo puso en medio de ellos, 
lo abrazó y
les dijo:



Le presentaban unos niños para que los tomara en sus brazos; pero los discípulos
les reñían.
Al verlo Jesús se enfadó y
les dijo:




Y abrazándolos,
los bendecía imponiéndoles las manos.

7 En este relato aparecen imperfectos que son acciones del suceso, (le presentaban, les reñían, les bendecía). Avanzan el relato, pero estas acciones vienen encadenadas con la holgura de su simultaneidad o reiteración, sin la delimitación del perfecto simple. Por tanto, no están en el núcleo, no son acciones concluidas. Pero podrían estar en él, como se apreciar al conmutarlos por pretéritos perfectos simples y el texto encaja bien el cambio. Esta prueba indica que en el uso de estos tiempos goza de la libertad del estilo. Obedece a una elección no obligada. Con la conmutación tendríamos un relato con diez momentos sucesivos. Pero el texto es como es.

8 Narrar es organizar los sucesos en el tiempo o el tiempo por medio de los sucesos, y esta operación tiene lugar en el núcleo, que consiste en puntos o instantes en sucesión. La serie supone que lo que viene después ha sucedido después, la alteración de esta sucesión hay que marcarla. Por ejemplo, si se dijera: se rompió el brazo y se fue al hospital. La secuencia indica que primero se rompe el brazo, después va al hospital. Pero si se dice: se fue al hospital y se rompió el brazo. El brazo se lo rompió después de ir al hospital. Para que signifiquen lo mismo habría de decir: se fue al hospital porque se había roto el brazo, señalando la anticipación con el pretérito pluscuamperfecto. También la causa puede señalar la anticipación: se fue al hospital, porque se rompió el brazo.

9 En el núcleo los verbos son enteramente argumentales o de acción y forman una serie, que es una estructura sintagmática. Se rompe la línea argumental, cuando se va hacia atrás. Se hace una retrospección, pero hacia atrás no se puede narrar. Se retorna otra vez al movimiento hacia delante. Por su parte, los imperfectos soportan significados estativos, cualidades o incluso eventos que no pueden incorporarse al núcleo y forman un estrato diferente, descriptivo. La distinción entre ambos estratos se produce por el significado.

10 El estrato descriptivo tiene las cualidades de la representación, es objetivo y nadie habla, es el mundo o sus escenarios mostrados. El aspecto de las personas y lugares que complementan la acción. Esta es lo propiamente narrativo e insoslayable. Cabe preguntarse qué capacidad de subsistir tiene o tendría este estrato aisladamente, sin ser complemento de acción o historia alguna. Se entiende fácilmente que en la narración lo primario es un suceso representado. Lo esencial en toda narración es el núcleo. Naturalmente es pensable la mostración sin suceso. Pero la descripción sola difícilmente surge de una conversación coloquial, en contraste con la facilidad natural de la representación argumental del pasado.

11 La descripción es atemporal, el imperfecto tiene un valor temporal secundario, porque su temporalidad es relativa. Todo esto sitúa el estrato descriptivo de imperfetos en lugar secundario con respecto al suceso o materia argumental, que se encuentra de modo concentrado en el estrato nuclear. Se cuenta un suceso del pasado, se confecciona su representación, pero no se describe nada dejando un cuadro sin suceso.

12 El texto de la representación argumental se escribe en pretéritos porque surge del relato del pasado, si lo descriptivo tuviera ese mismo origen iría en imperfectos. Pero en las obras de Azorín, por ejemplo, Castilla, Antonio Azorín y Los pueblos, encontramos la representación sin suceso en presentes de indicativo. Se emplea el presente porque no tiene valor narrativo. No son narraciones. Se trata de una mostración, como ejercicio literario, de la que hablaré en otra ocasión. El texto de la narración debe contener un núcleo y un suceso o no habrá narración.

13 Ya he dicho en otro lugar que los diálogos constituyen también parte de lo mostrativo, aunque el estatuto lógico según Bonati (1972) no sea el mismo que el del discurso narrativo-descriptivo. Con ellos se representa el mundo de las intervenciones habladas, como objetos para la observación y para escucharlas. Su estatuto lógico es otro, son frases que representan a otras frases y las llama Martínez Bonati frases inauténticas o pseudofrases. Pero por lo que se refiere a la articulación temporal ocupan un espacio y punto temporal en la trama y están insertados en ella.

José Antonio Valenzuela

Narración

Trama del Texto
Amazon, 2018
Por José Antonio Valenzuela

Detalles del libro en Amazon

Una narración cualquiera se escribe en español con cinco frases diferentes. En este libro se definen con precisión inequívoca las cinco frases del texto narrativo. El conjunto de frases de la misma categoría se llama en este libro estrato. Y los estratos están entramados.

Los tipos de frases se definen ontológica y lingüísticamente. La sintaxis oracional no puede explicar el texto de la narración. De manera que la narración se confecciona con cinco estratos, compuestos de oraciones.
Uno es nuclear. Los demás se apoyan en él, los cuatro restantes. La trama del texto es la trabazón entre ellos. Escribir o leer narraciones requiere el estudio de sus frases.
¿Cómo se puede enseñar la lengua narrativa, o simplemente la lengua española, sin practicar sus frases? En este libro se trazan las bases para este ejercicio.
Si se comentan los argumentos y no se desciende al texto no se enseña a escribir.

Dos actos: hablar o representar

En el artículo de Martínez Bonati, The Art of Writing Fiction, se plantean las bases para identificar la naturaleza de discurso que llamo representación, que es el componente principal la narración o texto narrativo, del que se deduce la inequívoca actividad correspondiente, la acción de confeccionar representaciones. (http://www.jstor.org/stable/468936).  La representación, es una pieza de lenguaje que no se realiza con actos de habla. Es el producto de un trabajo que se hace con frases y las palabras y se construye un objeto tal, que en él queda representado un suceso.

La representación es un discurso o pieza de lenguaje, un texto o tejido de palabras, que se confecciona en un telar, como los objetos que crea el arte o la artesanía, con trazos o pinceladas, con hilos como un bordado, pero realizado con palabras. Las palabras forman el objeto y están ahí, pero objeto no se han originado por actos de habla. Aunque los objetos tienen un autor, artista o artesano, no resultan de los actos de habla de sus autores. Cuando se lee que don Quijote “hizo testamento”, tenemos una frase que no se diferencia, en su forma lingüística, de la que dice un vecino del testamento de su padre. Pero son frases muy diferentes desde el punto de vista de la lógica o de la ontología del lenguaje. La frase del Quijote no tiene hablante real, porque como ente de ficción, no existió y no hizo testamento.

Por esta diferencia gnoseológica los filósofos del lenguaje, como Searle, Frege, Ingargen y otros, han tratado de explicar la evidente y contradictoria diferencia entre estas frases. Planteado el problema de manera general, es la diferencia entre el lenguaje de la ficción y el lenguaje del hablar real. Las soluciones dadas por los filósofos citados son las discutidas por Bonati, y no las reproduzco en este comentario para no extenderme, pero se pueden leer en el artículo de la Hopkins University. Me atengo a la solución que Martínez Bonati diseña. Este es su planteamiento y diferencia con los filósofos citados.

My view of this matter is different. I submit that novelistic sentences possess all the attributes of meaning and function belonging to the corresponding nonnovelistic sentences: they are statements, function fully as assertions, have referents beyond themselves, are true or false. But they are not real utterances. They are as fictitious as the events they describe or narrate. They are not sentences said by the novelist, but are sentences uttered by a merely imaginary speaker. Because they constitute fictitious acts of speech and are a part of the fictitious realm of the novel, they can have, in addition to the common properties of ordinary sentences, fantastic properties. Therefore, what would be illegitimate in real discourse is natural for them (just as what would not be acceptable in a realistic frame nor possible in real experience is legitimate and acceptable in the characters or the events of a fantastic tale). Fictional discourse, then, does not differ from ordinary, real discourse as to the nature and structure of the acts of speech involved, nor as to the basic logical properties of such acts, but fundamentally as to their ontic status.

Precisa que las frases, tanto la del discurso real como la del literario, son completas en su configuración lingüística y por lo tanto iguales; pero los actos que las emiten son distintos. Sostiene que el acto de habla que corresponde a la frase ficticia es un acto igualmente ficticio. La distinción no está en las palabras mismas, sino en la enunciación de ellas, en su entidad de ser.

Esta solución de Bonati contiene una presunción que, para él como para todos los autores en su momento, es indiscutida: la noción de que toda pieza de lenguaje procede de un acto de habla. Esto lo asume y mantiene Martínez Bonati y la diferencia que introduce es la existencia de un hablante narrador ficticio. El narrador hablante ficticio o imaginario es el que produce las frases imaginarias, las de todo el texto de la novela. El escritor crea, al mismo tiempo, un mundo y un narrador ficticios unido a él. Y esto coincide con la idea, muy difundida desde Wolfgang Kayser, de que el escritor no es el narrador que habla en la novela, pero la entera novela está dicha por él. Toda pieza de enguaje es siempre acto de habla.

Mantiene, pues, Martínez Bonati que todo lenguaje proviene de un acto de habla. La diferencia entre esos discursos, el imaginario y el real, no se encuentra en diferencias de lenguaje, sino en diferencias de actos de habla. Y como la lengua siempre la pronuncia alguien, tiene que introducir, para mantener la diferencia de estos discursos, dos hablantes diferentes. Y como un escritor, persona real, no puede ser autor de frases imaginarias, sin referentes en la realidad, plantea la existencia de un hablante ficticio. Se postula que el narrador hablante es un ser ficticio, que habla ficticiamente. Se trata de una entera simulación de hablar. Y todas las frases de la novela son actos de habla de un ser imaginario. Por lo tanto, como en el texto mismo nada se diferencia, se distinguen hablantes.

Lo que yo planteo es la distinción entre hablar y no hablar, entre hablar y representar, entre el lenguaje que es entitativamente habla y el que no lo es, nadie habla al crear un objeto con palabras.

En resumen, para que se realice un acto de hablar real, es necesario que lo realice una persona real, que tenga un referente real y que a él se le atribuya el discurso, como fuente originaria. Por el contrario, el discurso imaginario, concebiso como acto de habla, solo se puede atribuir a una persona también imaginaria. Y si es imaginario no puede ser el escritor o autor hablante del relato, es decir el narrador ha de ser imaginario, el autor real crea un escritor narrador imaginario para toda la novela. De este modo se mantiene la idea de que toda lengua procede de actos de habla, sean actos de habla de persona real o de persona ficticia.

La noción de representar que sostengo, y su correspondiente de representación implica, por el contrario, la existencia de una actividad de lenguaje que produce lenguaje sin actos de habla. El escritor escribe todo el discurso novelístico, pero no lo hace con actos suyos de habla, sus actos son de ejecución, de composición, son como golpes de cincel con el martillo, trazos de pincel y espátula, tejer con hilos. Aristóteles decía que el poeta era un hacedor. Confecciona un objeto con palabras. Es decir, no habla. Y buena parte de esta realidad se puede demostrar con elementos lingüísticos: por ejemplo, en el hablar no real no hay referencia a ningún tiempo. Bühler recurrió al subterfugio de la deixis en fantasma, pero solo sabemos que hay deixis en fantasma, cuando sabemos de antemano que el texto es ficticio.

La representación segregada del hablar

El protagonista de Crónica de una muerte anunciada es Santiago Nasar y tenemos un personaje secundario que quier hacer la crónica de los hechos. Por lo tanto, tenemos dos clases de representación, la de los sucesos y aquella otra del personaje que hace se convierte en cronista.

El desdoblamiento del uso de la lengua entre el hablar y el representar tiene lugar en el uso de ella al hablar de los sucesos pasados. Este uso es el originario. La lengua nacce en la enunciación, en la comunicación establecida con los sonidos de las cuerdas bucales. La emisión de sonidos articulados y la comunicación con ellos se llama enunciación. Toda lengua es hablada y es enunciada. Las lenguas habladas son inmemoriales y la escritura, en cambio, tiene un origen, fecha, el año 1850 a. C., en Wadi el-Hol, Alto Egipto. La lengua escrita tiene un desarrollo muy lento y la narración, como discurso propio es anterior a ella, pero la narración ha gozado del privilegio de la escritura.

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La dualidad incompatible: hablar y representar

Los discursos fundamentales son el hablar de la comunicación con lenguaje y el representar, que consiste en confeccionar un objeto con palabras. Estos discurso son incompatibles, como lo son el decir y el hacer. Si se representa no se habla. Y si en el hablar se representa el pasado, la representación se inicia hablando, y puede mantenerse un tiempo, pero este hablar se descompone, es una dualidad presente pasado es inestable. La relación temporal que se establece en la conversación ordinaria entre el presente (el hablar actual) con el pasado (la representación del suceso ocurrido), se disocia. De los dos elementos solo quedará uno: si se mantiene la comunicación y se vuelve al presente, continúa el hablar, pero si la representación ocupa todo el cuerpo de la actividad, la comunicación desaparece, y resulta una actividad con lenguaje diferente, sin comunicación, una acción confeccionadora de representaciones. Los elementos, hablar y representar se disocian, Y cuando el suceso se disocia deja de ser pasado.

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El narrador en la narración

Artículo del 5 de noviembre de 2017, revisado en abril de 2019, abril de 2020 .

¿Cuál es lugar del del narrador en la narración?
Si se trata de una representación histórica y el narrador, por tanto, es una persona real, tiene o tuvo la capacidad de una hablar real, pero su hablar no pertenece al mundo real en el texto narrativo. Se da en el texto un hablar suyo que, en el conjunto de la narración, ocupa un lugar subordinado a la representación. En lo representado no habla nadie (los personajes se entiende que sí, entre ellos), de tal modo que el hablar del narrador no rompe la incomunicación que da entre espectadores y mundo representado. Esto es lo que significa estar subordinado.

Tenemos dos ordenaciones: si el orden primero es hablar, la representación es continua mención del pasado y no despega como representación, está subordinada a la persona real hablante, que domina; permanece inalterada la comunicación lingüística.  Si el orden primero es la representación, contemplación, por tanto, el hablar tiene que desaparecer; o bien, ocupar un plano secundario y subordinado. Y tampoco despega, por decir así, una real comunicación entre personas.

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