Autobiografía y ausencia de narrador

El lector percibe que Efraím cuenta una historia. Y asocia este hecho con hechos reales, por ejemplo, cuando un amigo cuenta lo que le pasó a él y a su familia en un viaje. El caso real y el caso de la novela son semejantes. En la novela Efraím cuenta su romance con María y el amigo cuenta en la conversación las incidencias del viaje. Y son narraciones paralelas y semejantes. ¿Qué diferencia hay entre ellas? Alguien dirá, pongo por caso mi amigo Vicente, que la diferencia está en que uno es verdad y el otro ficción o novela. Que el amigo es persona real y Efraím no, que es ficticio, porque es una novela. Y muchos lo consideran así. Esa es la diferencia.

Pero el prólogo no dice que sea novela, todo lo contrario, da por sentado que es suceso real y que son reales Efraím y sus hermanos y eso que cuenta Efraím es lo que sucedió. Aunque nadie se lo cree, porque el lector sabe de antemano que lee una ficción, pero acepta el convencionalismo: se la presentan como real. Sin embargo, puede entrar la duda y se preguntará alguien si el argumento de esa novela fue un suceso verdadero. Un caso de amor romántico, como los que han sucedido de verdad, porque todo lo que ocurre es verosímil que pase así. Para salir de dudas tendrá que informarse, porque la novela le dice que todo es real, no se lo creyó, pero ahora duda y no lo va a averiguar leyéndola otra vez. Tiene que indagar con otras fuentes de información.

Y también puede ocurrir y ocurre, en el caso paralelo del amigo que al contar el viaje que hizo con su familia, invente cosas que no sucedieron, incluso invente toda la historia, y dice que fue a la India y cuenta aventuras tan verosímiles y convincentes, que pasan por verdaderas. Tuve un amigo que lo hacia con tantísima convicción, que dejaba a sus oyentes asombrados y llenos de admiración hacia él. Y todo era fantasía. Es la situación contraria. Y cuando mi amigo hablaba a alguno le entraba la sospecha. ¿Si lo sacará de su imaginación? Y por no preguntarle a él y tomarlo por fantaseador, lo comprueba por otro camino.

Por lo tanto, la respuesta de Vicente no es correcta ni mucho menos. La diferencia entre una narración y otra no puede consistir en que se sepa de antemano que una de ellas es ficción y la otra no. Si se sabe de antemano no se sabe por la narración misma, porque ambas son iguales y el texto tanto puede ser de un caso o de otro. Esto significa que si nos atenemos al mismo relato, a su texto, tanto el relato histórico como el de la novela son iguales. El texto es de iguales características, es imposible saber por él si es verdad o ficción.

Y algún que otro Vicente volverá a decir que, por ejemplo, el texto del pato Donald me dice que es ficción y lo dice el texto, porque ese pato no es de verdad. Pero claro, tampoco aciertas, Vicente. Puedes decir eso de Pulgarcito. La diferencia entre Pulgarcito y el pato Donald es que Pulgarcito es verosímil con la realidad, aunque sea pequeño, y el pato Donald, no. Y claro está que eso no lo dice el texto, lo dice la realidad conocida de que los patos no hablan. Y por tanto hay que concluir que la representación de una historia, en su texto, es indiferente a que sea real o no. El texto empleado en ambos casos es el mismo, es representación narrativa, y por ella misma no se puede distinguir la realidad y la ficción. Distinción que quiebra la cabeza a muchas personas.

Estos dos casos tienen de común que ambos dan lugar a un narración en primera persona o autobiográfica, pero con mucha mas abundancia las narraciones no lo son. El suceso se presenta con objetividad: esto es lo que pasó, no lo cuenta nadie. Todo es tercera persona. y las frases en tercera persona ¿Quién las dice? Ahora no habla ni el amigo ni Efraim. La frase en tercera persona, Efraím entró en el salón, por ejemplo, la puede decir alguien, pero no se sabe quién la dice, no podemos atribuírsela a nadie. Pero se atribuye, sí, a alguien que no sabemos quién es. Ese desconocido es el narrador. No solo es desconocido, es que no existe.

Y en este punto pasa lo mismo o parecido a lo que hemos visto que ocurre con la pretensión de las narraciones en primera: que un sujeto se presenta a sí mismo como quien lo cuenta todo, nos va a contar la historia y se atribuye a sí mismo todas las frases, la entera representación y dice que es el narrador, Habla veces mucho. No hay que creerle. Las frases en tercera persona están ahí, sin atribución, no las ha dicho nadie, pero se inventa un narrador para ellas. Se confunden las cosas y al que habla como narrador, que hace comentarios o reflexiones subjetivas, y se le tribuye la representación entera, que no está atribuida a nadie. En la representación nadie habla.

Si se transcribe el siguiente párrafo a tercera persona. Efraím que hablaba y se atribuía el relato deja de hablar. ¿Quién dice ahora las frases, todas en tercera persona? Y se contesta el narrador, pero de dónde ha salido, nadie lo sabe.

A la mañana siguiente mi padre desató de mi cabeza, humedecida por tantas lágrimas, los brazos de mi madre. Mis hermanas al decirme sus adioses las enjugaron con besos. María esperó humildemente su turno, balbuciendo su despedida, juntó su mejilla sonrosada a la mía, helada por la primera sensación de dolor.

José Antonio Valenzuela

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