Comer sin lavarse las manos

07,01-05

Mc 7, 1-5
1Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas que habían llegado de Jerusalén, 2y vieron a algunos de sus discípulos que comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavar.

3Pues los fariseos y todos los judíos nunca comen si no se lavan las manos muchas veces, observando la tradición de los mayores; 4y cuando llegan de la plaza no comen, si no se purifican; y hay otras muchas cosas que guardan por tradición: purificaciones de las copas y de las jarras, de las vasijas de cobre y de los lechos.

5Y le preguntaban los fariseos y los escribas: —¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los mayores, sino que comen el pan con manos impuras? 6Él les respondió: —Bien profetizó Isaías de vosotros, los hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de mí. 7Inútilmente me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos. 8»Abandonando el mandamiento de Dios, retenéis la tradición de los hombres.

9Y les decía: —¡Qué bien anuláis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición! 10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, que sea castigado con la muerte. 11Vosotros, en cambio, decís que si un hombre le dice a su padre o a su madre: «Que sea declarada Corbán —que significa “ofrenda”— cualquier cosa que pudieras recibir de mí», 12ya no le permitís hacer nada por el padre o por la madre. 13Con ello anuláis la palabra de Dios por vuestra tradición, que vosotros mismos habéis establecido; y hacéis otras muchas cosas parecidas a éstas.

Universidad de Navarra. Santos Evangelios (Spanish Edition) . EUNSA. Edición de Kindle.

Comentario general

La aparición de los fariseos y escribas marca el comienzo y separación de esta unidad con la anterior. Delimitada de ella por la presencia y la controversia con escribas y fariseos. Ocurre en el lugar de llegada, en Genesaret. Es la orilla norte del lago, aunque toda la orilla occidental reciba este nombre y el mismo lago de Galilea es también el de Genesaret. El contenido de la unidad es la censura que hacen los llegados de Jerusalén y la respuesta. No me detengo en ello, porque este comentario se atiene a la forma narrativa del evangelio.
La materia de la controversia, las purificaciones y el recurso al Corbán, requiere una explicación extensa y en otro plano, no son narración, aunque la unidad tiene forma narrativa, porque las intervenciones de Jesús se enmarcan en un suceso, vieron a algunos de sus discípulos que comían. El final de la unidad se marca en el cambio, al dirigirse Jesús a quienes le escuchan, aunque el contenido seguirá igualmente una materia no narrativa. Se distinguen cuatro partes.

La forma de los cuatro párrafos A, B, C, y D

A. El primero es la entrada de los fariseos y escribas, que vienen de Jerusalén y su intervención tiene el carácter de inspección. Los escribas tienen esa función y actúan así dos veces más en unidades siguientes. Sus intervenciones con los fariseos forman una una trama constante a lo largo de muchas unidades.

B. El segundo párrafo obliga a percatarse de lo que cambia con respecto al primero, que es la representación de hechos, mientras que en este segundo alguien explica las costumbres de los judíos. Las las purificaciones proceden del Levítico y algunos lectores de origen gentil no las conocen. Esas leyes de purificación están deformadas por las tradiciones de los escribas y añadidas también por fariseos. Costumbres que están vigentes entonces y las practican lo fariseos principalmente. La aclaración sobre ellas la hace alguien.
¿Quién hace esta explicación? Se contesta que Marcos, porque escribió el evangelio, pero lo sabemos por la historia, por un testimonio muy posterior y fuera del texto. Pero el caso es que la narración son hechos, los hechos la construyen, no el hablar. El hablar es de alguien. Es aclaración que hizo Marcos para los que no lo sabían

C. El tercer párrafo tiene una pregunta indefinida, en imperfeto en español y en presente en griego, preguntaban o preguntan, sin la fuerza narrativa que tiene el perfecto simple , preguntaron. Vale así para indicar que la pregunta es la objeción general contra la conducta de Jesús y sus discípulos y la contestación remite a Isaias.

D. El cuarto párrafo traduce el griego, dijo, por les decía, en la versión que empleo, para seguir el tono del anterior, pero Jesús pronunció una cita concreta de Isaías: anuláis el mandamiento de Dios. Y el griego es dijo, un matiza que incluso puede ser mejor que el griego.

El carácter narrativo

La importancia de esta unidad y de la siguiente, que sigue con el mismo carácter, corresponde a la enseñanza que da Jesús sobre puntos principales. La narración es solamente el enmarque de esta unidad y de la siguiente, hasta que cambia con la frase: se fue de allí y se marchó a la región de Tiro y Sidón. Separándose ya completamente de las dos anteriores.

Autobiografía y ausencia de narrador

El lector percibe que Efraím cuenta una historia. Y asocia este hecho con hechos reales, por ejemplo, cuando un amigo cuenta lo que le pasó a él y a su familia en un viaje. El caso real y el caso de la novela son semejantes. En la novela Efraím cuenta su romance con María y el amigo cuenta en la conversación las incidencias del viaje. Y son narraciones paralelas y semejantes. ¿Qué diferencia hay entre ellas? Alguien dirá, pongo por caso mi amigo Vicente, que la diferencia está en que uno es verdad y el otro ficción o novela. Que el amigo es persona real y Efraím no, que es ficticio, porque es una novela. Y muchos lo consideran así. Esa es la diferencia.

Pero el prólogo no dice que sea novela, todo lo contrario, da por sentado que es suceso real y que son reales Efraím y sus hermanos y eso que cuenta Efraím es lo que sucedió. Aunque nadie se lo cree, porque el lector sabe de antemano que lee una ficción, pero acepta el convencionalismo: se la presentan como real. Sin embargo, puede entrar la duda y se preguntará alguien si el argumento de esa novela fue un suceso verdadero. Un caso de amor romántico, como los que han sucedido de verdad, porque todo lo que ocurre es verosímil que pase así. Para salir de dudas tendrá que informarse, porque la novela le dice que todo es real, no se lo creyó, pero ahora duda y no lo va a averiguar leyéndola otra vez. Tiene que indagar con otras fuentes de información.

Y también puede ocurrir y ocurre, en el caso paralelo del amigo que al contar el viaje que hizo con su familia, invente cosas que no sucedieron, incluso invente toda la historia, y dice que fue a la India y cuenta aventuras tan verosímiles y convincentes, que pasan por verdaderas. Tuve un amigo que lo hacia con tantísima convicción, que dejaba a sus oyentes asombrados y llenos de admiración hacia él. Y todo era fantasía. Es la situación contraria. Y cuando mi amigo hablaba a alguno le entraba la sospecha. ¿Si lo sacará de su imaginación? Y por no preguntarle a él y tomarlo por fantaseador, lo comprueba por otro camino.

Por lo tanto, la respuesta de Vicente no es correcta ni mucho menos. La diferencia entre una narración y otra no puede consistir en que se sepa de antemano que una de ellas es ficción y la otra no. Si se sabe de antemano no se sabe por la narración misma, porque ambas son iguales y el texto tanto puede ser de un caso o de otro. Esto significa que si nos atenemos al mismo relato, a su texto, tanto el relato histórico como el de la novela son iguales. El texto es de iguales características, es imposible saber por él si es verdad o ficción.

Y algún que otro Vicente volverá a decir que, por ejemplo, el texto del pato Donald me dice que es ficción y lo dice el texto, porque ese pato no es de verdad. Pero claro, tampoco aciertas, Vicente. Puedes decir eso de Pulgarcito. La diferencia entre Pulgarcito y el pato Donald es que Pulgarcito es verosímil con la realidad, aunque sea pequeño, y el pato Donald, no. Y claro está que eso no lo dice el texto, lo dice la realidad conocida de que los patos no hablan. Y por tanto hay que concluir que la representación de una historia, en su texto, es indiferente a que sea real o no. El texto empleado en ambos casos es el mismo, es representación narrativa, y por ella misma no se puede distinguir la realidad y la ficción. Distinción que quiebra la cabeza a muchas personas.

Estos dos casos tienen de común que ambos dan lugar a un narración en primera persona o autobiográfica, pero con mucha mas abundancia las narraciones no lo son. El suceso se presenta con objetividad: esto es lo que pasó, no lo cuenta nadie. Todo es tercera persona. y las frases en tercera persona ¿Quién las dice? Ahora no habla ni el amigo ni Efraim. La frase en tercera persona, Efraím entró en el salón, por ejemplo, la puede decir alguien, pero no se sabe quién la dice, no podemos atribuírsela a nadie. Pero se atribuye, sí, a alguien que no sabemos quién es. Ese desconocido es el narrador. No solo es desconocido, es que no existe.

Y en este punto pasa lo mismo o parecido a lo que hemos visto que ocurre con la pretensión de las narraciones en primera: que un sujeto se presenta a sí mismo como quien lo cuenta todo, nos va a contar la historia y se atribuye a sí mismo todas las frases, la entera representación y dice que es el narrador, Habla veces mucho. No hay que creerle. Las frases en tercera persona están ahí, sin atribución, no las ha dicho nadie, pero se inventa un narrador para ellas. Se confunden las cosas y al que habla como narrador, que hace comentarios o reflexiones subjetivas, y se le tribuye la representación entera, que no está atribuida a nadie. En la representación nadie habla.

Si se transcribe el siguiente párrafo a tercera persona. Efraím que hablaba y se atribuía el relato deja de hablar. ¿Quién dice ahora las frases, todas en tercera persona? Y se contesta el narrador, pero de dónde ha salido, nadie lo sabe.

A la mañana siguiente mi padre desató de mi cabeza, humedecida por tantas lágrimas, los brazos de mi madre. Mis hermanas al decirme sus adioses las enjugaron con besos. María esperó humildemente su turno, balbuciendo su despedida, juntó su mejilla sonrosada a la mía, helada por la primera sensación de dolor.

José Antonio Valenzuela

El Saqueo

Para ejemplificar los estratos del texto de la narración tomo de la novela de Sánchez Adalid, 30 doblones de oro, libro viii, el capítulo 6, El saqueo. Lo transcribo enteramente.

Estalló repentinamente como una locura. Los moros se esparcieron por la ciudadela, penetrando en las casas, hasta en los últimos rincones, mientras se oía el tronar de las hachas destruyéndolo todo, el encrespado vocerío de las disputas y el fragor del forcejo afanoso de la codicia. Arriba en la torre del homenaje seguía ondulando la ban­dera del rey católico; subió uno de los guerreros, la arran­có del mástil, la mostró ufano y luego la arrojó desde lo alto, yendo a caer al patio, delante de nosotros, donde la hicieron trizas con saña.

Era la hora ya de pagar nuestro tributo. El alcaide Toribio y sus hombres entregaron al general Omar dos ces­tos con todo el oro y la plata recogidos entre nosotros. A mi lado, doña Matilda se lamentó en un susurro:

—Ahí va mi alianza… ¡Qué pena! Mi anillo de bodas y los obsequios de mi difunto esposo…

—¡Anda con Dios! —dije—. Eso son solo cosas… Mientras conservemos la vida…

Lo peor todavía no había llegado. A continuación, los jefes moros entraron en la iglesia, impetuosos, furibundos. Nuestra gente al verlo se removió estremecida. Hasta me duele la mano al tener que escribir lo que sucedió a conti­nuación; una escena para la que no estábamos preparados: ¡un sacrilegio! Salieron los sarracenos arrastrando entre varios la imagen del Nazareno, sin ningún respeto ni com­postura, y la arrojaron allí delante de nosotros, en medio de la plaza. La sagrada testa dio en el empedrado un tre­mendo golpe; seco, de recia madera, que retumbó bajo las galerías. Nuestra gente gritó y gimió horrorizada. En el suelo, de costado, yacía el Señor de La Mamora, con las manos amarradas y los pies descalzos. Uno de los saquea­dores le arrebató la corona y las potencias de oro, brusca­mente, y el otro desnudó la imagen, encantado, feliz por hacerse con la túnica tan bonita bordada con hilos de oro.

El resto de las imágenes corrieron semejante suerte: fueron sacadas con desprecio, despojadas de cualquier ele­mento valioso y amontonadas en un rincón. Me conmo­vió mucho el llanto de las mujeres, que veían por el suelo las tallas de la Virgen María, del Niño Jesús, de San Mi­guel, de los apóstoles, de los santos… ¡Qué gran dolor y qué espanto! Era como si sucumbiera todo, en aquel tor­bellino, en aquel caos que nos rodeaba por doquier sin que pudiéramos hacer nada ni decir nada. Porque, a cada mo­mento, el Ceutí nos advertía:

—¡Quietos! ¡Aguantad! ¡Callad y aguantad! Si queréis salvar las vidas, no hagáis ninguna tontería… Mirad hacia otro lado, cerrad los ojos… ¡Aguantad!

Una anciana alzó la voz y replicó:

—Pero ¿no ves lo que están haciendo? ¡Mira cómo tra­tan las sagradas imágenes!

—¡Silencio! ¿No me habéis oído? —contestó el alcai­de—. Dejad eso ahora, porque nada lograremos enfrentándonos… Ya me encargaré yo a su tiempo de salvar to­dos esos santos…

El saqueo se prolongó más de tres horas, durante las cuales permanecimos en el mismo sitio, sin comer, sin be­ber, atemorizados y confundidos. Los que más lástima da­ban eran los ancianos, los enfermos, los niños. No había por el momento ninguna compasión ni miramiento hacia ellos, por mucho que el tal Omar lo hubiera prometido.

Comentario

El asunto: se rinde la fortaleza africana, el sultán entra en ella y a continuación viene el saqueo.

La representación del saqueo está en tercera persona; pero no todo, porque la novela es autobiográfica, el personaje Cayetano habla y cuando aparece su voz es primera persona. Solamente cuando le afecta la acción en singular o en plural, él y el grupo.

Se puede comprobar que, al retirar estas pocas frases en primera persona, señaladas, queda una representación enteramente objetiva. Nadie la cuenta.

Pero aparece esta curiosa frase:

Hasta me duele la mano al tener que escribir lo que sucedió a conti­nuación; una escena para la que no estábamos preparados: ¡un sacrilegio!

Esta frase se recoge el tópico de pensar que toda representación narrativa es hablada. Cayetano cuenta todo, se atribuye la representación objetiva.  Pero, si se ha seguido la noción de representación explicada muchas veces en lo que he escrito, resultará evidente que Cayetano no ha escrito la representación, porque él está en ella como personaje. La representación no tiene narrador. Cayetano pude hablar como personaje.

Retiro, para mayor claridad, las frases de Cayetano y también el hablar de otros personajes. Señalo con asterisco el cambio necesario de alguna palabra.

La representación del saqueo sin el hablar de nadie

Estalló repentinamente como una locura. Los moros se esparcieron por la ciudadela, penetrando en las casas, hasta en los últimos rincones, mientras se oía el tronar de las hachas destruyéndolo todo, el encrespado vocerío de las disputas y el fragor del forcejo afanoso de la codicia. Arriba en la torre del homenaje seguía ondulando la ban­dera del rey católico; subió uno de los guerreros, la arran­có del mástil, la mostró ufano y luego la arrojó desde lo alto, yendo a caer al patio, donde la hicieron trizas con saña.

Era la hora ya de pagar *el tributo. El alcaide Toribio y sus hombres entregaron al general Omar dos ces­tos con todo el oro y la plata *recogido.

Lo peor todavía no había llegado. A continuación, los jefes moros entraron en la iglesia, impetuosos, furibundos. *La gente al verlo se removió estremecida. Salieron los sarracenos arrastrando entre varios la imagen del Nazareno, sin ningún respeto ni com­postura, y la arrojaron, en medio de la plaza. La sagrada testa dio en el empedrado un tre­mendo golpe; seco, de recia madera, que retumbó bajo las galerías. *La gente gritó y gimió horrorizada. En el suelo, de costado, yacía el Señor de La Mamora, con las manos amarradas y los pies descalzos. Uno de los saquea­dores le arrebató la corona y las potencias de oro, brusca­mente, y el otro desnudó la imagen, encantado, feliz por hacerse con la túnica tan bonita bordada con hilos de oro.

El resto de las imágenes corrieron semejante suerte: fueron sacadas con desprecio, despojadas de cualquier ele­mento valioso y amontonadas en un rincón. *Conmovía mucho el llanto de las mujeres, que veían por el suelo las tallas de la Virgen María, del Niño Jesús, de San Mi­guel, de los apóstoles, de los santos… ¡Qué gran dolor y qué espanto! Era como si sucumbiera todo, en aquel tor­bellino, en aquel. Porque, a cada mo­mento, el Ceutí advertía:

El saqueo se prolongó más de tres horas, durante las cuales *permanecieron en el mismo sitio, sin comer, sin be­ber, atemorizados y confundidos. Los que más lástima da­ban eran los ancianos, los enfermos, los niños. No había por el momento ninguna compasión ni miramiento hacia ellos, por mucho que el tal Omar lo hubiera prometido.

La representación contiene el núcleo y otras frases con sus verbos en imperfectos, que pueden ser acciones del argumento en segundo plano o elementos estáticos y descriptivos.

El ejercicio consiste en separar estos estratos seleccionando el núcleo. En él estará seguramente lo principal de los hechos.

Estalló repentinamente como una locura. Los moros se esparcieron por la ciudadela, penetrando en las casas, hasta en los últimos rincones, mientras se oía el tronar de las hachas destruyéndolo todo, el encrespado vocerío de las disputas y el fragor del forcejo afanoso de la codicia. Arriba en la torre del homenaje seguía ondulando la ban­dera del rey católico; subió uno de los guerreros, la arran­có del mástil, la mostró ufano y luego la arrojó desde lo alto, yendo a caer al patio, donde la hicieron trizas con saña.

Era la hora ya de pagar *el tributo. El alcaide Toribio y sus hombres entregaron al general Omar dos ces­tos con todo el oro y la plata *recogido.

Lo peor todavía no había llegado. A continuación, los jefes moros entraron en la iglesia, impetuosos, furibundos. *La gente al verlo se removió estremecida. Salieron los sarracenos arrastrando entre varios la imagen del Nazareno, sin ningún respeto ni com­postura, y la arrojaron, en medio de la plaza. La sagrada testa dio en el empedrado un tre­mendo golpe; seco, de recia madera, que retumbó bajo las galerías. *La gente gritó y gimió horrorizada. En el suelo, de costado, yacía el Señor de La Mamora, con las manos amarradas y los pies descalzos. Uno de los saquea­dores le arrebató la corona y las potencias de oro, brusca­mente, y el otro desnudó la imagen, encantado, feliz por hacerse con la túnica tan bonita bordada con hilos de oro.

El resto de las imágenes corrieron semejante suerte: fueron sacadas con desprecio, despojadas de cualquier ele­mento valioso y amontonadas en un rincón. *Conmovía mucho el llanto de las mujeres, que veían por el suelo las tallas de la Virgen María, del Niño Jesús, de San Mi­guel, de los apóstoles, de los santos… ¡Qué gran dolor y qué espanto! Era como si sucumbiera todo, en aquel tor­bellino, en aquel. Porque, a cada mo­mento, el Ceutí advertía:

El saqueo se prolongó más de tres horas, durante las cuales * permanecieron en el mismo sitio, sin comer, sin be­ber, atemorizados y confundidos. Los que más lástima da­ban eran los ancianos, los enfermos, los niños. No había por el momento ninguna compasión ni miramiento hacia ellos, por mucho que el tal Omar lo hubiera prometido.

Indico a continuación la serie verbal del núcleo.

Perfectos simples del núcleo, serie de dieciocho verbos.

Estalló / se esparcieron / subió uno de los guerreros / la arran­có del mástil / la mostró ufano / la arrojó desde lo alto / la hicieron trizas / entregaron al general Omar dos ces­tos / los jefes moros entraron en la iglesia / *la gente se removió estremecida /salieron los sarracenos /la arrojaron / la sagrada testa dio en el empedrado / retumbó bajo las galerías / *la gente gritó / gimió /le arrebató la corona / el otro desnudó la imagen.

Sugerencia:

Sobre la estructura de este texto, se podrán diseñar actividades de escritura parciales y breves, ejercicios que se valoran con la lectura que cada participante puede hacer de lo que escriben los demás. Sus criterios apreciativos son siempre certeros.

¿Es necesario sugerir ejercicio con más detalle?

                                  José Antonio Valenzuela Cervera

La dualidad incompatible: hablar y representar

Los discursos fundamentales son el hablar de la comunicación con lenguaje y el representar, que consiste en confeccionar un objeto con palabras. Estos discurso son incompatibles, como lo son el decir y el hacer. Si se representa no se habla. Y si en el hablar se representa el pasado, la representación se inicia hablando, y puede mantenerse un tiempo, pero este hablar se descompone, es una dualidad presente pasado es inestable. La relación temporal que se establece en la conversación ordinaria entre el presente (el hablar actual) con el pasado (la representación del suceso ocurrido), se disocia. De los dos elementos solo quedará uno: si se mantiene la comunicación y se vuelve al presente, continúa el hablar, pero si la representación ocupa todo el cuerpo de la actividad, la comunicación desaparece, y resulta una actividad con lenguaje diferente, sin comunicación, una acción confeccionadora de representaciones. Los elementos, hablar y representar se disocian, Y cuando el suceso se disocia deja de ser pasado.

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La narración histórica y la narración ficticia

La narración histórica y la narración ficticia

¿Cuál es la posición del narrador en el texto de la narración?

El hablar de un narrador no rompe la ausencia de comunicación hablada, que tiene lugar cuando se contempla un relato en su representación. Se percibe que alguien habla ejemplo cuando el labrador, Pedro Alonso,  del capítulo V, reconoce a don Quijote:
-Señor Quijana- que así se debía llamar cuando el tenía juicio y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante-, ¿Quién ha puesto a vuestra merced

¿Quién hace esa suposición aclaratoria? Esa frase no es de la representación, pues es una frase propia del hablar. Pero como no hay nadie detrás de ella, a esa voz la llamamos narradora, pero no está actualizada y por esto la llamo inmanente. ¿Quién actualiza esa frase? El lector, sin duda, que al leerla recibe y acoje el hablar de alguien, pero no sabe quién es, porque en realidad no es nadie.Es incompatible con una comunicación hablada real.

Si se trata de una representación histórica, el narrador en el texto – su hablar– no pertenece al mundo representado. Puede ser auténtico el manuscrito y su soporte, el pergamino y su contenido, lo representado, y el cronista personaje de la historia y conocedor de su tiempo, pero serán históricos y reales si se demuestra y verifica que lo son. Verificación que ha de realizarse con pruebas externas, lo que diga el texto no es prueba El texto no se verifica a sí mismo.

Por ello si se trata de una representación histórica o ficticia da lo mismo, no supone diferencia alguna. Salvo si el contenido de la ficción representa lo imposible, por ejemplo, pájaros que hablan,  y este caso no cabe una comunicación real. Asunto extralingüístico, porque lo da el conocimiento de la realidad. El escritor del texto narrativo histórico y el del texto ficticio son personas reales. Pero los dos narradores son inmanentes, activados por el espectador-lector.

Entre un cuenta-cuentos y un trovador de historias verdaderas no hay diferencia. Su hablar en ambos casos es una actuación escénica, no es hablar real.

Sin duda el narrador es un hablante como los actores lo son entre sí. Pero solo habla del mundo representado y sus oyentes no son interlocutores, sino son espectadores. Y entre ambos hay una mampara de separación. Se oye pero no hay contacto. Es la comunicación imitativa, la propia del espectáculo. Los espectadores escuchan como oyentes, pero no son interlocutores con el narrador. No se encuentran en real situación comunicativa. La voz del narrador y la representación están al otro lado de la mampara. Dos mundos que no se encuentran entre sí. Por tanto lo que tenemos en la narración ficticia y en la narración de asuntos reales es una inauténtica comunicación hablada.

El narrador no es propiamente un hablante del mundo real y el lector no es un lector del mundo común y actual, un lector de periódicos, por ejemplo, sino un lector (o en su caso un oyente) del mundo representado. Él se ha metido en ese mundo, abdicando de la realidad. Y logrará desde ese mundo una visión nueva de la misma realidad de la que ha salido.

Cuando una persona entra en el teatro, se pone a leer una novela, lee un texto histórico narrado, abre como espectador o lector un paréntesis en el tiempo de su mundo real y actual. Entra en el mundo de lo representado.

El narrador del mundo fingido se dirige a su audiencia de lectores o espectadores y les habla de asuntos imaginarios. Este sujeto está hablando en ese mundo y no puede salir de él. Es un ente de ficción, tan ficticio como son ficticios los personajes. En la narración escrita aparece una voz que se dirige al lector, le mete en la ficción y le saca de la realidad. El lector se ha convertido –aunque lea – en espectador de un mundo ficticio, en el sentido de representado y no real. También el lector espectador es durante un tiempo un ente de ficción en el sentido de que vive en la imagen representada. Estamos en la situación de comunicación replicada, que no es la primordial del lenguaje. La primordial es el hablar común. Hay una actividad consistente en el hablar común y otra actividad que consiste en la imitación de ese hablar. Así entiendo que lo dice Aristóteles en la Poética.

Si embargo hay que distinguir entre historia y ficción. Narración real o narración ficticia. Y ¿cómo distinguimos estos dos relatos?  Cuando se lee  historia ficción se podrá distinguir una de otra si sabe historia. Es de necesidad olvidarse del texto y entrar en el juicio de su contenido.  Esto es  de importancia para escribir narraciones y para leer, separar. Si se representan hechos reales, me meten en la realidad histórica representada, pero porque ya lo conozco.

Cuando la representación es actualizada por el lector.

Cuando la representación es actualizada por el lector.

¿Deixis del hablante o deixis del oyente?

Con el presente de indicativo y con el acto de la enunciación, se sitúa la lengua en el tiempo de la persona que habla. Situarla significa el  hablar, la lengua como hablar,  como conducta,  hablar en situación, según Bühler. El presente de indicativo es en el acto enunciativo un señalador.  Si ese tiempo verbal no se encontrase en el tiempo vivo de un hablante, no sería señal, sería puro léxico en una lista,  sin valor  de referencia externa al tiempo.   El acto de la palabra es comportamiento en el tiempo y, precisa­mente por serlo, con algunas palabras se señala el  tiempo de ese comportamiento.  El tiempo no es ni puede ser propiedad de la lengua, sino de los hablantes, de su existencia, de sus actos, de sus hechos, de su conducta verbal. De ahí que en su referencia al tiempo, los signos  mostrativos necesitan la  conducta, el  acto de señalamiento. El hablar, el discurso actual, requiere una situación de comunicativa  real. Los pretéritos forman parte naturalmente del sistema deíctico.  En el acto de enunciación el pretérito indefinido señala tiempo pasado.

Ahora podemos preguntar: ¿Qué dimensión temporal tiene  el presente? La respuesta es que el presente de indicativo como acto señalador,  según me parece, no tiene ninguna dimensión. No indica cuanta extensión de tiempo abarca, (el tiempo que consume  la mostración  como signo y como acto es irrelevante). La dimensión del tiempo pertenece a la experiencia no lingüística y se puede hablar de ella con  palabras nocionales: horas, temporadas, estaciones. La experiencia del tiempo, la dimensión del  presente, es algo enteramente variable y dejado a los diferentes modos de vivirlo.

Si la  noción de presente deíctico no connota nada  acerca de la dimensión del tiempo, sí tiene que ver en cambio con la actualidad.  La enunciación como acto es una señal, el presente de indicativo nos dice que  pertenece a un hablante,  a su tiempo, a su ser y a su conducta. El uso del presente señala que la lengua se actualiza en el tiempo del hablante con referencia a su ser y su conducta. Y si no son palabras en listas o diccionarios.

El tiempo señalado por el presente de indicativo no es el tiempo instantáneo de ese  acto ni acota ninguna dimensión de tiempo. Es solamente una señal que sitúa la lengua en el hablar. Al señalar pone su contenido en el tiempo, y la  vida dirá  la extensión que tenga ese presente. La extensión del presente no es una cuestión lingüística, es de experiencia vital del tiempo  que  ofrece  muy diversas dimensiones.  Por esta razón, creo que se puede pensar que la dimensión del presente no tiene nada que ver con la mostración de la deixis.

La deixis indica diversas relaciones  de proximidad  que son relativas y no miden nada. El presente de indicativo es un señalamiento sin dimensiones, un señalamiento abierto y sin límites, que denominamos imperfectivo.  Es el acto por el cual la lengua está adscrita a una conducta ,  por lo que el  presente de indicativo significa que la lengua está actualizada en un hablar y así la debo tomar, aunque me faltasen datos para situarme en esa comunicación. Y el pretérito perfecto simple, cuando significa pasado, presupone el presente de un hablante. Así  es como el sistema verbal establece  la relación  de unas formas verbales con otras. En cierto modo, por medio de ellas, según se usen, se puede deducir alguna extensión relativa. Porque el presente actual, además de funcionar como signo deíctico, se constituye en eje de referencias o grado cero del tiempo relativo, interno al sistema verbal.

Bülher indica dos modos de mostrar: demonstratio ad oculos y demonstratio in phantasma.  La diferencia  nace al considerar la ficción ¿Qué actualización puede haber si el hablante es ficticio y el tiempo también?  Se actualiza la lengua  en el tiempo de la fantasía imaginaria. El campo mostrativo del tiempo formado en fantasía por el narrador y el oyente, no es  el tiempo real de los hablantes comunes en cualquier situación de comunicación lingüística real. A este presente de un tiempo en fantasía lo denomina inactual. En la base de este planteamiento está asumido que siempre se narra en pretérito, y hace falta distinguir el pretérito de la ficción del pretérito actual. Se concluye fácilmente que la ficción es lengua no actualizada como la del hablar común comunicativo.

Este planteamiento no acaba de ser completamente útil. Tiene la dificultad de que por el texto no se puede saber nunca qué clase de deixis se emplea. Solamente se puede saber si sabem0s que el hablante es persona real y su comunicación también.  Es algo perteneciente al acto enunciativo,  a la conducta. Si una narración es ficticia o histórica lo dicen factores externos al texto. Lo sé de antemano si compro una novela. Y además  la deixis es siempre personal. Entonces ¿dónde está la deixis en un texto mostrativo donde nadie habla? Nadie habla cuando se trata de un texto histórico o cuando es imaginario.

La mostración o representación no la dice nadie.  En todo caso se adscribe al mundo real o al mundo imaginario si la voz que acompaña es de una figura creada o es persona  real. Si es persona real y le atribuyo la representación,  entonces es un pasado de esa persona,  pretérito real, deixis actual ad óculos . Y si el hablante es imaginario, la representación escrita atribuida a él está escrita en pretéritos , se dice que toda historia se escribe en pasado. Pero siendo ficticio no indican pasado real, sino imaginario. Se puede aplicar la noción de Bühler.  Pero esta explicación es tautológica  y no explica nada  en realidad. Se basa en la idea  asumida de que  toda narración está en  tiempo pasado y es necesario explicar que el pasado de una ficción no es real. Todo es igual en uno y otro caso, y la lengua está actualiza o no actualizada al faltar el hablante real.

Y creo que a efectos de conocer la naturaleza del texto narrativo se ha de plantear de modo diferente. Hay que definir bien la representación,  y entender que por la categoría de ente lingüístico que es nadie habla, no puede apreciarse ninguna voz sin dejar lo representado. Este enfoque significa contemplar lo representado sin atribuirlo a nadie. Con la mostración se alcanza una imagen del mundo y se presencia, se entra en ese mundo sin que nadie hablando guíe. Como se puede contemplar un retablo en sí mismo. Lo representado,  por el hecho de que sea con palabras, no implica una comunicación hablada. El medio de la representación son las palabras, pero  lo representado no depende ni se hace  por medio de una  comunicación hablada. Pero como la  representación, el estrato mostrativo, suele venir acompañado del estrato de la comunicación lingüística, porque el llamado “narrador” o  alguien  habla del retablo, entonces  el que contempla también es receptor de una comunicación. Pero no hay que mezclar las cosas o, mejor dicho, confundirlas. Se trata de instancias diferentes, porque esa voz se distingue de lo representado donde nadie habla a pesar de todo.  Salvo el relato autobiográfico que ahora aparto de la consideración  explicaré en otro momento. Tiene dos instancias  el discurso narrativo.

En este punto es donde cuenta el factor deíctico o la actualización de la lengua. La consistencia del discurso narrativo corre la suerte de la representación. Esta es una entidad lingüística, nacida en el contar sucesos pasados, que tiene el desarrollo y la capacidad de representar una imagen de la vida y del mundo, y cobra naturaleza propia, mas allá y diferente de lo que es la comunicación, porque deja de ser comunicación. Representación y comunicación son entidades diferentes. La naturaleza de la representación significa que la lengua no esta actualizada por un hablante. Y por lo mismo no hay en ella deixis alguna, no hay señalamiento. Un hablante puede atribuirse la representación como confeccionada por él. Como lo hace un escultor.  Puede decir que la escultura es suya, pero frente a ella, que es muda.  De igual modo el escritor. Puede hablar de la representación que ha compuesto como habla el pintor o el escultor. La representación es en sí misma es impersonal. El relato autobiográfico no contradice esto, pero ahora lo soslayo.

Los pretéritos en que está compuesta señalan un tiempo pasado real, porque  el hablante  establece la actualización en su pasado, según hemos dicho que es el origen del discurso narrativo.  Pero ya formada la representación en su naturaleza lingüística, cobra entidad propia desconectada del hablar, mas allá de la retrospección.  Y entonces la representación en si no tiene deixis ninguna. Se configura como entidad impersonal y se confronta  con el hablar del que ha surgido.  Y si el estrato de comunicación  lingüística. el hablar de alguien, predomina, cohibe  la representación y no despega.  Queda subordinada al hablar.  Entones ese hablante actualiza la lengua y lo representado, si representa algo, no sale de la mención del pasado real. Además como está tentativamente confeccionada con pretéritos serían pretéritos actuales. Creo que en este supuesto que describo, al no desvincular la representación del hablar, se origina la terca noción  de que todo relato se escribe en pasado.

La fuerza de la representación reside en poner delante la imagen de un mundo al que se accede por contemplación directa. Esta poderosa capacidad de lo imaginario hace que ocupe el centro y el momento primario es la contemplación. El mundo imaginario se alcanza  por visión directa, que enajena del contacto de la comunicación con persona.  Por su sugestiva presencia  enajena del mundo real. Entonces es cuando se puede apreciar el poder de la representación, que  desplaza al hablante y a la de comunicación.  La representación  en sí misma no esta actualizada  porque no hay hablante. La lengua se hace viva y presente en el contemplador, que  la sitúa directamente en su presente cuando contempla.  En este caso  no hay ni deixis en fantasma ni deixis real. El mundo representado será real o ficticio, eso  no importa, lo que importa es que la lengua la actualiza el contemplador.  Esta es la base para afirmar que los pretéritos en realidad indican el  presentes del mundo representado, son presente  en la representación o presentes narradores.

Con arreglo a esta diferencia un sujeto receptor se sitúa de diferente modo ante el escrito que contiene los dos elementos o estratos: la  representación y el hablar. Por una parte, puede situarse como oyente ante un hablante y escucharle;  si es persona  real y lo identifica como tal, lee lo representado como suceso  histórico y lo considera en el contexto de su pasado. El relato o representación es una historia representada, los tiempos verbales de pretérito  no son los que le dicen que es historia verdadera y pasada. Habrá comunicación real entre él y el narrador que habla. Pero la representación no son sus palabras como hablante.

Y, por otra parte, puede situarse frente a la representación y contemplarla como un objeto que le transporta directamente al mundo representado, real, histórico, pasado. Y contemplarla sin establecer comunicación con nadie. Como un observador, es un solitario. Como lo son todos y cada uno de los que siguen una representación teatral o una película. Quizá multitud, pero de solitarios. Lo tiempos verbales pretéritos  de la representación  no son señaladores deícticos del pasado. La representación es una lengua desactualizada,  no la pronuncia ni emite ningún hablante. La hace suya el contemplador en su presente.

No podemos decir que la representación este actualizada por la deixis real o en fantasma, puesto que la representación está ahí,  desactualizada por su propia naturaleza y no se atribuye a nadie.  Por lo tanto ante el texto narrativo completo y ante la representación y el hablar de una voz, caben las dos implicaciones: se aborda como oyente  y se aborda como espectador. No confundirlas, aunqe se den en una mezclada amalgama. No hay que atribuir la representación al narrador, como se hace contínuamente en los comentarios de la narratología. Ni pensar que la representación me la esta contando alguien, que el narrador “cuenta la historia”.  No es así la experiencia de un lector que vive en el relato.

¿Cómo es posible esta confusión? Es posible cuando no se distinguen estas entidades lingüísticas y se mezclan, a mi juicio, en los comentarios y explicaciones de los textos narrativos. La confusión no la produce el texto que contiene los diferentes hilos en una misma trama.  Es el acto enunciativo lo que cuenta. Si predomina el acto enunciativo del hablante o el predomina  acto receptor,  actualizador, del que lee como espectador.  Este último es un acto  de apropiación de la representación y el lector la  sitúa en su presente. Y deja en cierta sordina al hablante. El texto hay que desentramarlo en sus estratos para entenderlo. Y hay que conocer su estructura y su origen.

En todo este planteamiento, conviene señalarlo, no ha sido necesario tener en cuenta si se trata de una representación histórica, real, o de una representación ficticia. Tampoco he tenido en cuenta el relato autobiográfico, lo haré en otras anotaciones.

 

La representación del contenido de conciencia

La representación del contenido de conciencia

La representación consiste en dar una imagen de algo concreto que se puede tomar por real, responda a una realidad o sea imaginario.  La narrativa consiste en la  imagen de un suceso. Sin suceso no hay narración, aunque se puedan representar imágenes de  rostros, campos, calles  o estancias.  La representación narrativa no es cualquier representación, sino aquella que contiene un núcleo o articulación temporal con un  suceso representado. Esta representación del suceso se realiza en esencia con la serie verbal de indefinidos.

Cualquier lectura reflexiva de una narración textual debe fijarse ante todo en el núcleo. Voy  a señalar el núcleo  del relato  Mc 2, 1-12. Aunque lo que me interesa  de esta breve narración es, sin embargo, algo relativo a la representación. El núcleo está en rojo (o subrayado). He eliminado algunos elementos con valor irrelevante para el fin de esta explicación:

Entró de nuevo en Cafarnaún.
se supo que estaba en casa
se juntaron tantos,
que ni siquiera ante la puerta había ya sitio.
les predicaba la palabra.
vinieron trayéndole un paralítico, llevado entre cuatro.
no podían acercarlo hasta él a causa del gentío,
levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba
descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico.
al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico:
 — Hijo, tus pecados te son perdonados.
 estaban allí sentados algunos de los escribas
pensaban en sus corazones:
— ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?
conociendo Jesús en su espíritu que pensaban para sus adentros de este modo, les dijo:
— ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu camilla y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados.
— A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
se levantó,
al instante tomó la camilla
salió en presencia de todos
,
todos quedaron admirados
glorificaron a Dios diciendo:
— Nunca hemos visto nada parecido.

Fuera del núcleo tenemos elementos de la escena,  estado de las cosas, relaciones gramaticales cuyo valor lógico  se diluye en la representación y algunas acciones en imperfecto.  Dos de ellas  podrían conmutarse por indefinidos: no podían = no pudieron; pensaban = pensaron. Por tanto, son acciones que podemos llamar argumentales, pero no pertenecen al núcleo. Todo esto es representación y abordando ya el tema que me interesa vamos a poner atención en la frase del narrador:

conociendo Jesús en su espíritu que pensaban para sus adentros de este modo.

 Esta intervención no es mostrativa, habla el  narrador todo lo demás es mostrativo, todo representación, nadie habla, nadie cuenta nada.

El lenguaje directo es también representación, que  –por ser habla– se reproduce. Y el pensamiento de los escribas también es representación y reproducción, en lenguaje directo, de su juicio interior. Lo cual significa que cuando la representación se hace con palabras (a diferencia de una representación  con imágenes sin palabras), el pensamiento interior o el contenido de conciencia que se pueda verbalizar o transcribir en palabras, se puede representar y es representación, como ocurre en este caso. La interioridad no visible es materia representable  en lenguaje directo.

¿Por qué es importante entender lo que significa la representación?

Porque si no se acepta la estructura objetiva de la representación se dirá que el narrador lo ha contado todo y que como él es omnisciente conoce no solo que el cuenta, sino también el interior de los personajes.

Sostengo, por el contrario, que el concepto de narrador omnisciente es ajeno al planteamiento que presento en este blog sobre el texto de la narración .  El narrador no ha contado nada del suceso para empezar. Cuando habla puede hablar irrestrictamente, como hablante puede decir lo que quiera. Incluso puede trazar una representación, pero no aquella en la que está con voz inmanente. El pensamiento de los escribas está representado y la representación no la ha hecho el narrador. El narrador habla de lo representado. Lo único suyo en este pasaje  es decir que Jesús conocía ese pensamiento. Este asunto que es necesario aclararlo y lo hace, porque lo representado, el pensamiento,  no tiene naturaleza visible. Pero el lector-contemplador presencia algo que no es visible.  Tampoco lo sería para Jesús si no gozase de esa capacidad. Pero la tiene y por ella puede encontrarse su hablar directo con el pensamiento invisible de los escribas y dialogar.  De manera que todo el diálogo entre el pensar de los escribas y el hablar de Jesús se encuentra en el mismo estrato dialogal consistente en representación y reproducción del lenguaje.

En resumen, y el punto al que quería llegar, es que  la interioridad de conciencia o pensamiento se puede representar. Es posible porque se trata de lenguaje. No sería posible si solo se dispusiera de imágenes, como en una película muda del gato Félix. Y nada tiene que ver con un narrador omnisciente.

Otro caso sería si el pensamiento de los escribas lo hubiera referido el narrador en lenguaje indirecto, entonces sí sería hablar suyo, el pensamiento no estaría  representado, sino reportado por el narrador. Y si lo dice será porque lo sabe y merece el crédito relativo a su palabra.

La noción de representación marca la diferencia

Resumo una explicación que da Mercedes Navarro Puerto en la página 187  de su libro MARCOS, 2006, entre mostrar y contar.

Mostrar y contar

El narrador utiliza dos técnicas: la de mostrar. La   mostración  esconde al narrador, deja que el lector perciba y valore por sí mismo y  suele incluir el discurso directo. Y la de contar. En esta el narrador se hace presente y explícito con su palabra, se comunica de modo directo con su lector y se deja ver. El modo de narrar es más in­directo, menos visual, exige la confianza en el narrador.

Y los elementos de la estructura textual que componen toda narración: la representación y la voz inmanente que habla se consideran “estrategias de las que se sirve el narrador”.

Este libro valioso en otros aspectos mantiene un análisis narratológico.

La estructura dual del texto de la narración

La estructura dual del texto de la narración

Con este escrito hago algunas precisiones que se incorporarán a la segunda edición del Texto de la narración en español. Referentes a los números 26 La representación del hablar27 La voz del narrador.   

 El texto de la narración en español es un entramado de cinco estratos. En tres de ellos – primer plano, segundo plano y descripción – nadie habla. Son objetivos y no hay  yo ni tú, siempre él. Tampoco se encuentran preguntas, ni suposiciones, ni hipótesis, ni incertidumbres. Son juntamente la representación. En ella nadie duda ni manifiesta sentimientos ni razona, salvo las terceras personas representadas.  La representación está ahí,  están  los sucesos y los escenarios, los personajes y sus acciones y  sus aspectos. Es una de las dos partes o discursos del texto de la narración completo: la representación es la parte mimética. Que también se puede denominar apofántica o mostrativa. La otra parte es comunicación lingüística, el hablar o la voz del narrador.

Esta segunda parte es hablar común y general, comunicación con lenguaje. Constituye el dominio o el estrato del narrador. Al narrador se le puede llamar voz  porque  es un hablante con el que nadie dialoga, no identificado muchas veces. Palabra dirigida a quien le escuche sin saber quien sea. No tiene interlocutor. Tiene lectores o en todo caso oyentes de su discurso que son los mismos que contemplan la representación. Habla para ellos. Y como está fuera y frente a la representación como los lectores que la contemplan, habla generalmente de ella. Pero los hablantes tiene espacio abierto, pueden decir lo que quieran.

Estas dos partes se confrontan porque el hablar es externo a la representación. Comunicación (hablar) y representación son contrapuestas. El narrador no dialoga – ni puede hacerlo estructuralmente – con los personajes representados. El narrador no es un personaje y su palabra no influye en ellos.

Esta segunda parte del texto contiene una peculiar situación comunicativa. El hablar del narrador no forma parte de la representación, pero es inherente al texto.  Se puede decir, por semejanza, que estas dos partes se contraponen como lo marcado y no-marcado. En la representación (marcado) nadie habla, pero en el hablar puede aparecer la representación. Como en la representación hay personajes que hablan, ellos también como hablantes representados tienen el campo abierto, el hablar es irrestricto. Pero ese hablar suyo no es el original y verdadero hablar, está representado, no es auténtico, lo llama Martínez Bonati pseudo hablar.

Consideremos la situación germinal y originaria de la representación: un hablante real, en la actualidad de su conversación enunciativa y actual, refiere un suceso pasado, y eventualmente al contarlo hace de él una representación. El momento primordial de la narración se encuentra cuando una persona real habla de su pasado. Todavía no hablamos de narración, pero su discurso está ahí. Pues bien este hablante es auténtico y cuando dice que alguno de los personajes de su historia habla, gritó: -tal cosa, y reproduce su hablar como si fuera una cita, lenguaje directo, ese hablar es distinto del hablar del narrador, no es auténtico, sino representado.

Ahora bien, si ese hablante inauténtico, el personaje, se pusiera a contar un suceso de su pasado tendríamos una representación dentro de otra. Secundaria puesto que, como ya he dicho, el hablante es externo a la representación primaria. En la narración primaria se origina la estructura dual de los textos de la narración: la representación y el hablar.

Estoy dejando conscientemente a un lado el relato en primera persona o autobiográfico para simplificar la exposición. Lo representado de los personajes es su conducta y cuando la conducta es de lenguaje –hablar o pensar –se representa también, gritó, replicó y tantos otros verbos del decir. Pero además de ordinario este decir se reproduce. El contenido reproducido y singular  hay que atribuírselo al personaje y éste, como hablante  puede dudar, suponer o preguntar. Habla desde su subjetividad, es decir, simplemente habla. Como hablar de representación es equivalente a decir que nadie habla.

Ahora, es necesario distinguir entre reproducción y representación. En la representación del hablar de los personajes hay  representación de su conducta. En la reproducción se inserta lo hablado.  La reproducción del habla, estilo directo,  es una imagen icónica, más o menos perfecta, del hablar. es reproducción.

Una oración  como la siguiente: Isabel confesó: estoy pensando en irme de casa. El primer elemento confesó es la conducta de Isabel.  Esta conducta representada  no la  dice nadie, es un punto en la serie de acciones de una historia de la cual está tomada la frase.  Y el segundo elemento, estoy pensando en irme de casa, es la reproducción del acto ya representado. La frase completa es representación mas reproducción, encabalgadas en estratos diferentes,  trabados en la sintaxis de la oración. La oración principal pertenece al núcleo y la subordinada, objeto directo, pertenece al estrato dialogal. Ambos son estratos de la representación.

El hablar del narrador, por el contrario, no es un hablar representado ni está insertado en el estrato mimético, sino en una comunicación lingüística inherente al texto de la narración.  El narrador está fuera de la mímesis representada, y por ello hay que considerar que el texto completo de la narración se compone de dos partes estructuralmente diferentes. Una es de mímesis y la otra de comunicación hablada. La parte mimética tiene cuatro estratos diferenciados: núcleo o primer plano, segundo plano, desdoblado  entre acción y descripción, y diálogos. El lenguaje directo de personajes representados es un estrato peculiar, pero pertenece al estrato mimético.

Estos elementos forman la estructura dual del texto de la narración. Ante este texto hay que situarse doblemente, porque su estructura es doble.  Cuando se está ante lo representado se es espectador, como lo es el que presencia un retablo. Cuando se está ante lo hablado, si se oye una voz, se es oyente. El narrador habla, pero a él nadie le habla, no tiene interlocutores. La comunicación tiene una sola dirección. Tampoco puede hablar con los personajes representados. Pero habla de ellos, lo cual nos hace ver que se encuentra ante la representación estructuralmente como espectador. No puede ser de otra manera.  Una representación solo se puede contemplar.

¿A quién habla el narrador?  Habla  a los mismos que presencian la representación. Esos son sus oyentes, su hablar  convierte en oyentes a los que son espectadores. Se  sitúan como oyentes  por la misma estructura de la comunicación inserta en el texto. Pero este cambio de espectadores a oyentes no les convierte en interlocutores.  Estos  dos papeles se engloban en la noción  única y tradicional de lectores.

Esta  parte segunda es un hablar común y,como tal, es irrestricto. La primera, la representación,  es lenguaje, pero limitado a su carácter de representación. No solo nadie habla, sino que nadie puede hablar en su ámbito.

¿Qué explicación puede darse de esta dicotomía?  Yo encuentro la siguiente en lo que me parece la génesis del texto de la narración  y luego reflejada en ella. La génesis que trazo no la obtengo por comprobación histórica ni de otro orden, sino por descripción supuesta o imaginada con elementos de la realidad dispersa.

Lo primordial en la conducta humana es la comunicación de persona a persona. Una vez desarrollada nace en esta  la representación. Para contarlo hay que representarlo, confeccionar la representación.  El que escucha el suceso es oyente y se convierte poco a poco en espectador de lo representando. El suceso contado es pasado naturalmente, porque es el tio Perico el que cuenta el pasado sucedido.

Esta recomposición significa, lingüísticamente, que el hablante, primero en su enunciación de presente actual habla del pasado.  Los tiempos que emplea en la configuración de la representación son pasados deícticos, anclados como pretéritos en su  presente enunciativo. Por lo tanto son historia. La historia está relatada en los tiempos pretéritos de la conjugación, el indefinido y el imperfecto, y en otros de su esfera temporal.   Es decir, con el conjunto de tiempos pretéritos.

 Entonces se narra efectivamente algo pasado,  en los tiempos del pasado,  según el sistema verbal común en su esfera de pretérito. Con el yo, aquí, ahora de referencia al presente actual de un habalnte.

El texto narrativo pertenece a un hablante narrador que cuenta una historia pasada. Este texto narrativo no tiene las partes que estoy describiendo, no sería dual,  porque el hablante lo domina todo. Con el sistema verbal completo se pasa de lo presente a lo pasado y todo lo que cuenta es pasado y  se puede retornar al presente. Pero en  esta historia se ha formado una representación que se independizará.

¿Como se forma la duplicidad en la lengua? ¿Cuándo se separan y contraponen sus elementos comunicativo y representativo?

A mi parecer cuando alguien se enfrenta directamente a lo representado. Cuando las representaciones se encuentran ahí, como desvinculadas del hablar y sueltas. Cuando ha muerto el que contaba la historia, pero queda el cuento sin su palabra.  Entonces ante esta pieza de lenguaje,  las personas se sitúan ante lo representado, que no pertenece al hablar de nadie.  Ya se lea o se recite y se escucha. El interés primero es  la representación sin la presencia enunciativa de alguien, y así tampoco se puede saber si la representación fue verdadera historia o inventada.  Ya da lo mismo, los  espectadores quieren ver y oír el retablo. Entonces, enfocando esto  lingüísticamente podemos preguntarnos  ¿qué ha pasado con los deícticos pretéritos si ya nadie habla? ¿Dónde está el presente de la enunciación si nadie enuncia?

Ha sucedido esto: que la representación es lo primero, y se ha desplazado al hablante. La representación es una pieza que no tiene enunciación, no está actualizada. ¿Quién la actualiza?  La actualiza el espectador, no hay hablante. Y sin hablante   tiempos pretéritos han dejado de ser deícticos de pasado. Pero las representaciones están en  esos  tiempos verbales del  pretérito, sin importar ya cuando han sucedido y ni siquiera si han sucedido, ya que pueden ser imaginarias. Entonces el valor de esos tiempos verbales  es el de presente del espectador o recitador, el tiempo de quien  presencia como espectador o del que oye la voz inserta en el texto de la historia.  Ahora bien, esa voz ¿de dónde sale? ¿Dónde está la persona que habla?

Se  ha producido un enorme trastorno. Ya no se está ante un hablante que cuenta, sino ante una historia que se presencia y ante una voz que se oye  en el trasfondo y no sé sabe quién es.  Y noes posible dirigirse a él y decirle quizá que calle un poco. Este hablante ya no es el tío Perico que me contaba lo que le paso en el huerto. Es un hablante irreal. Por eso  su  voz  es inmanente al texto, porque el texto tiene además de la representación una estructura interna de comunicación que esta ocupada y formada por este narrador.  Y además siempre esta habla en pretérito.

Cuando la representación se convierte en lo primero, la deíctica del hablante cambia  por la deíctica del espectador. Se invierten los términos. Si la deíctica del hablante tiene su centro en el acto enunciador;  la deíctica de la representación la tiene en un acto que es el del espectador y oyente. La deixis no pertenece al texto. Sino a la persona. La representación no tiene ninguna persona hablante. Podriamos decir que es adeítica. La única persona que actualiza el lenguaje de la representación es el lector, oyente y espectador al tiempo.

Al faltar el hablante, desaparece su acto enunciativo y desaparecen todos los tiempos de la esfera de presente. Al ser la representación lo primero se introduce la deixis del que lee y su presente es el momento de su lectura. Y este receptor, que naturalmente es, en sentido génerico, un hablante de la lengua ¿Qué es lo que lee? Lee imperfectos e indefinidos. Por lo que estos tiempos, pretéritos en la enunciación, se convierten en  presentes de la actualización  lectora.

Todo se mide o desde el acto de hablar o desde el acto de leer y de oír. En el acto del hablar el indefinido/ imperfecto es  pretérito y en el acto de leer, presenciar o escuchar,  el indefinido/ imperfecto es presente.

Se desplaza el sistema verbal y por ello mientras nos encontremos en el hablar actual,  se emplea el todo el sistema, el que explica la RAE en su gramática  tiempo a tiempo, y que empieza explicando el  presente de indicativo. En la Gramática del texto de la narración,  el sistema verbal se describirá  tiempo a tiempo, desde la pareja de presentes, es decir, desde el perfecto simple/imperfecto. En el sistema verbal de la narración no existe la esfera del presente enunciativo. Sus tiempos no pertenecen a esta gramática. El sistema verbal de la narración se forma cambiando el valor de los tiempos que se encuentran en la esfera del pasado. Estos pasan a ser presente y los tiempos de la esfera de presente desaparecen: y si aparecen en la narración, como el famoso presente histórico, son formas no marcadas procedentes de una esfera de tiempos que ya no funciona y que usarse cambiándolas por las marcadas no trasladan con ellas su valor temporal. Son tan presentes narrativos como los verbos a los que sustituyen.

 

Patria. La pregunta: “¿Qué quiere decir eso?”

 

La pregunta: “¿Qué quiere decir eso?”

El texto:

Oía la lluvia desde la cama. Un rumor gris que parecía decirle: Txato, Txato, despierta, levántate y ven a mojarte. Y qui­zá por demorar el momento de exponerse al tiempo desapacible, o a causa de la luz desvaída que se filtraba por la cortina y le producía pereza y le producía pesadez en los párpados, o porque, anulada su cita con un cliente de Beasáin,  no tenía gran cosa que hacer esa tarde en la oficina,  alargó la siesta más de lo acostumbrado. ¿Qué quiere decir eso?  Pues que durmió una hora larga sin sueños ni preocupaciones,  mientras que otras veces con veinte o treinta minutos tenía de sobra.

 

Reparto y numero las frases.

Oía la lluvia desde la cama.(1)

Un rumor gris que parecía decirle: Txato, Txato, despierta, levántate y ven a mojarte. Y qui­zá por demorar el momento de exponerse al tiempo desapacible, o a causa de la luz desvaída que se filtraba por la cortina y le producía pereza y le producía pesadez en los párpados, o porque, anulada su cita con un cliente de Beasáin, no tenía gran cosa que hacer esa tarde en la oficina,(2)

 alargó la siesta más de lo acostumbrado(3).

¿Qué quiere decir eso?  Pues que(4)

 durmió una hora larga sin sueños ni preocupaciones(5),

 mientras que otras veces con veinte o treinta minutos tenía de sobra(6).

 

La frase 1 del ejemplo es  una frase de segundo plano , estativa, con un verbo de percepción,  descriptiva.

El número 2 contiene frases que interpreto como una intervención del  narrador.  La comparación de la lluvia con una voz imaginaria,  lenguaje directo , la lluvia habla; y luego siguen conjeturas disyuntivas  del narrador.  las alternativas difícilmente pueden ser  representaciones; las tiene que proponer una voz, alguien las dice.

La frase 3 con el indefinido “se alargó”  es nuclear.

La frase 4 es la que contiene la pregunta : ¿Qué quiere decir eso? La formula el narrador rompiendo  la secuencia de la acción nuclear. Porque el núcleo  seguido sería así:

alargó la siesta más de lo acostumbrado – durmió una hora larga sin sueños ni preocupaciones”

La pregunta es una interferencia. Con ella el narrador se anticipa a la percepción del lector/espectador. Su pregunta y comentario es una completa intromisión, rompe la secuencia nuclear.

Esta trabazón entre los estratos, núcleo y voz del narrador,  sugiere que se está mermando la función mostrativa, objetiva, en favor del  hablar. Con esta forma de trabazón se  cohíbe la objetividad de lo representado en favor del hablar subjetivo, como puedo señalar y comprobar en otros muchos casos. Y casi siempre es hablar coloquial en conformidad con la impresión general que da el texto de mostrar el mundo hablado o el mundo desde el habla. Esto lo digo en el sentido de que la forma es muy sensible al mundo que se quiere mostrar. Si se domina.

 

Teoría. El Lazarillo. La primera persona (2)

 

Complemento la entrada anterior para precisar la estructura del texto autobiográfico.

Lázaro en el prólogo se dirige a alguien, Vuestra Merced, porque  le ha pedido que “relate el caso muy por extenso”  y comienza a escribir su vida: “Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mi llaman Lázaro de Tormes”.

Lázaro es personaje ficticio pero pretende pasar por persona real, un  pregonero de Toledo que hace una demanda por escrito.  Dice F. Rico que en su tiempo el libro  “no se dejaba leer como “ficción” de buenas a primeras”.  Y además tenía un parecido con la forma de carta, que es forma de comunicación no ficticia –  las cartas se usan para la narración de hechos reales -,  y dar así  razón de su caso, el último punto de su biografía, que resulta ser la murmuración sobre su matrimonio.

La biografía de Lázaro pretende pasar por un relato de hechos reales y por tanto escrito por persona verdadera. Ya hoy no tenemos duda de que sea fingido. Pero ¿hay manera de averiguar explícitamente, por el texto mismo, si es verdad todo o es todo ficción? Porque esto la lengua misma no lo puede decir directamente. Lo sabemos por información exterior al texto. Por eso en este juego si la ficción pretende ser real, tiene las de ganar.

Esta simulación se hace en el Quijote.  Pero Lazarillo de Tormes tiene ventaja en el engaño de ser  un relato en primera persona. La tercera persona cuenta con la  objetividad. En el Lazarillo  la primera persona está  presente a lo largo de la historia. Mientras que en la narración de tercera persona, el narrador calla.

Para analizar el caso hay que tener en cuenta lo que digo en el número 36. Digo que  en el discurso narrativo lo primero no es si se trata de historia o de ficción, sino si se trata de comunicación verdadera o de representación. La contraposición no es  entre verdadero o ficticio, si Lázaro es un pregonero de verdad o un personaje imaginario. Lo primero es averiguar si estamos ante un hablar común, alguien nos habla, o ante una mostración que se presencia y en ella no habla nadie. Importa  poco si esta mostración es histórica o ficticia.

Esto es primero porque son dos usos del  lenguaje diferentes. Weinrich lo llama situaciones de comunicación y no es exactamente eso.  Hay que recordar el origen del discurso narrativo apofántico,  la representación, el retablo con su historia, que es distinto de la retrospección donde se menciona una acción del pasado: “mi nascimiento fue dentro del río Tormes”. Esta frase es una retrospección en el  hablar común. Pero si este momento de retrospección, deixis real del pasado,  da lugar a una larga historia; la historia  requiere  mostración y la mostración inactiva la deixis.  Y ante la mostración dejamos de oír y empezamos a contemplar. Si la mostración es verdad o es ficción se podrá averiguar después. Si hay simulación nos enteraremos de otra manera.

Por lo tanto no nos debe importar resolver la cuestión de si el pregonero llamado Lázaro existió de verdad. Lo que importa es saber si se trata de una representación  o de un hablar. Si se trata de una representación en la que Lázaro es personaje  en ella, su hablar es un hablar representado, no es hablar auténtico según  Martínez Bonati. La e presentación  se contempla, se contempla también a los que hablan en ella.  El  diálogo de los personajes es un hablar representado.  Este hablar lo observamos con distanciamiento; el hablar del narrador nos compromete, aunque sesté en el marco de la inmanencia.

Cuando la comunicación real da paso acontecimiento y encontramos a una referencia continuada al pretérito,  y a partir de ella  se articula una mostración de lo pasado, entonces la representación anula el lenguaje comunicativo.

El problema que nos ocupa en la autobiografía es que al pasar de una comunicación a una representación, el lenguaje de comunicación se mantiene de modo constante en lo representado. Pero es distinto. Esa primera frase retrospectiva – “mi nascimiento fue”-  , frase de comunicación, da paso a la mostración. Y en ella un personaje habla con lenguaje representado, con  pseudofrases.

Y este lenguaje está desligado de la situación del hablar común.  La figura en la representación tiene un lenguaje irrestricto. Un personaje,  puede hablar con lenguaje de comunicación dentro de lo representado. Si, por acaso, cuenta una historia (es decir hace una representación) tenemos una contada dentro de la representación.

Pero como habla de sí y de su vida parece que no se ha salido de lo real y del hablar común, la pretensión de ser real seduce con mayor fuerza y engaña sobre su carácter representado.

El estrato mostrativo de una autobiografía es pseudo hablar, hablar dentro de lo representado, no hay comunicación, podríamos decir que hay pseudo comunicación aunque lo parezca, una comunicación que no sale de lo representado.

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La oración apofántica

En esta entrada trato de aclarar mejor la noción de oración apofántica, menos conocida por no ser terminología gramatical o lingüística. La explico en el capítulo 24 de El texto de la narración en español. El término procede de Martínez Bonati y lo llamo más frecuentemente mostración o también estrato mostrativo. Dice un autor chileno:

Llamo oración apofántica a la oración que expresa un juicio predicativo simple, esto es, la oración enunciativa o asertiva, que afirma o niega algo de algo. Sigo la terminología de Aristóteles en De Interpretatione, quien denomina a este tipo de oración logos apofanticós

Mirko Scarica Zúñiga

La oración mostrativa o apofántica del texto de la narración se encuentra en los siguientes estratos: en el primer plano o núcleo, en el segundo de imperfectos con acción argumental y en las descripciones; término tradicional, y que consiste en el estrato de la mostración con imperfectos que no implican acción argumental y no son dichos por el narrador.

La explicación de Martínez Bonati:

Así, a modo de ejemplo de lo que entiendo por oración apofántica, podemos considerar oraciones como “Venus es un planeta”, “Sócrates no es egipcio”, “Mi padre murió”, “Mi nieto está estudiando”, etc. Mi propósito en el presente trabajo es establecer una comparación entre estas oraciones y establecer, de ser posible, una relación con las oraciones simples que no caen bajo la categoría de apofánticas, en cuanto que no expresan un juicio predicativo simple, esto es, no afirman ni niegan algo de algo.

Martínez Bonati, F.: Representación y ficción, (1981)

Este es el criterio que define la mostración objetiva y sirve para distinguir esta de  la voz del narrador. Como consecuencia hay tipos de oraciones que no pueden aparecer  en la parte apofántica del texto narrativo. Por lo tanto son ajenas a su gramática. Entiendo que  lo especifico de esta gramática es el texto apofántico, puesto que lo demás es lenguaje común, aunque tenga el carácter de pseudolenguaje en los parlamentos diálogados.

La gramática general no considera esta distinción de oraciones y en  las ejemplificaciones los autores las entremezclan. Porque su perspectiva es la sintaxis constitutiva  de la oración, con independencia de cualquier contexto, como es el texto narrativo. Y convendría hacer estas diferenciaciones.

Mirko Škarica Zúñiga. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.  Instituto de Filosofía.

Palabras del narrador en el capítulo XVII

 

Palabras del narrador en el capítulo XVII del Quijote. Voy a entresacar las veces que el narrador habla en este capítulo.

1  “Cuenta la historia que”

Comienza el capítulo  con una frase de estilo indirecto, se cita el libro de don Quijote, la historia,  y con un “que” introductor se añade la cita: todo el libro del Quijote es cita. Empieza así:

“Cuenta la historia que cuando don Quijote daba voces a Sancho que le trujese el yelmo”

A su vez las primeras palabras que se citan del libro son otra cita :

2  “don Quijote daba voces a Sancho que le trujese el yelmo”.

Son las palabras de don Quijote citadas por el narrador; pero las dice el narrador segundo. Si no las reprodujera el segundo narrador, las diría don Quijote: *Sancho, tráeme el yelmo. Podría haber comenzado el capítulo sin el artificio de dos narradores, por ejemplo:   Don quijote dijo a Sancho: – Tráeme el yelmo. Lenguaje que es mostrativo con el modo dialogal del lenguaje directo.

El estilo indirecto es palabra del narrador. Como voy a recoger todo lo que pertenece a este  estrato, incluyo el lenguaje indirecto porque este modo oblicuo de reproducir las palabras de los personajes es voz de narrador. La siguiente frase es esta:

3 “siempre creyendo y pensando que todo lo que le sucediese habían de ser aventuras y más aventuras,”

El lenguaje indirecto, que en este caso es pensamiento de don Quijote referido por el narrador, está introducido por el gerundio: pensando que.  Sobre el uso del gerundio en la narración ver otra entrada relativa a esta forma verbal. El pensamiento y la creencia de don Quijote la refiere el narrador. Rige con verbos de pensamiento.

4  “ viendo  aquellas gachas blancas dentro de la celada, las llegó a las narices (y en oliéndolas) dijo”

            “viendo” tiene la temporalidad de “las llegó”, como es durativo es simultáneo a dijo, no se encuentra el línea de anterioridad temporal con el acto de “acercar a las narices”, no puede pertenecer a la articulación  temporal de la serie.  Pero pudiera trasponerse a indefinido sin cambio significativo *vio aquellas gachas  .. y las llegó a las narices . Señalaría anterioridad.

Lo hace el gerundio con la partícula “en” antepuesta. El gerundio por ser forma sin señalamiento temporal no puede expresar anterioridad, pero la partícula sí. Equivale a decir “habiéndolas olido”.  La  retrospección.

5  “Y  todo lo miraba el hidalgo, y de todo se admiraba, especialmente cuando, después de haberse limpiado don Quijote cabeza, rostro y barbas y celada, se la encajó; y, afirmándose bien en los estribos, requiriendo la espada y asiendo la lanza, dijo:”

 Lo subrayado lo atribuyo al narrador porque no es sino un recuerdo de lo ya narrado y se puede entender que lo refiere el narrador, empezando por especialmente.

Este párrafo reviste interés porque a continuación,  inmediatamente después de las palabras del narrador,  se pasa a la representación pura donde nadie habla, de primer plano: “dijo”, verbo de lengua, primer plano. Indica la acción de hablar; esta acción y el lenguaje directo que viene a continuación son la misma. Por esta razón no sitúo en el primer plano muchos verbos de lengua, introductores del estilo directo, de los que Cervantes nunca prescinde.

También el estilo indirecto se presenta con verbos de lengua. Como los que siguen:

6  “Otra vez le persuadió el hidalgo que no hiciese locura semejante, que era tentar a Dios acometer tal disparate. A lo que respondió don Quijote que él sabía lo que hacía. Respondiole el hidalgo que lo mirase bien, que él entendía que se engañaba.

                        Oído lo cual por Sancho, con lágrimas en los ojos le suplicó desistiese de tal empresa, en cuya comparación habían sido tortas y pan pintado la de los molinos de viento y la temerosa de los batanes, y, finalmente, todas las hazañas que había acometido en todo el discurso de su vida.”

Los verbos de lengua son “persuadir”, “responder”, “responder”, “suplicar”. Los verbos de pensamiento son los anteriores citados, “creer” y “pensar”. Hay que atribuirlos al narrador, no a acción misma sino su contenido.

Luego viene un párrafo en que la transición desde la voz del narrador a lo mostrativo reviste matices en los que no me detengo. Es un terreno en el que las apreciaciones son discutibles.

Sigue lo siguiente:

7  “tornó a requerir y a intimar a don Quijote lo que ya le había requerido e intimado, el cual respondió que lo oía, y que no se curase de más intimaciones y requerimientos, que todo sería de poco fruto, y que se diese priesa”

La siguiente intervención del narrador responde al primer narrador, es esta:

8  “Y es de saber que, llegando a este paso, el autor de esta verdadera historia exclama y dice: ”¡Oh fuerte y, sobre todo encarecimiento, animoso don Quijote de la Mancha”

Ahora es el primer narrador que -trata de autor al segundo – e introduce su palabra en lenguaje directo. Como si el segundo narrador fuera un personaje, pero no de la representación de la historia, sino personaje fuera de ella. Hay una duplicación, como un juego, que sin prestar atención es difícil de captar. Un narrador puede hablar de los personajes representados, pero no les interpela, entre otras cosas porque es inmanente y dependiente de esa representación. Razón por la que el que interviene es el primero de los narradores, hablando del segundo. Y para terminar su intervención, dice:

“Aquí cesó la referida exclamación del autor, y pasó adelante, anudando el hilo de la historia, diciendo que, visto el leonero ya puesto en postura a don Quijote, y que no podía dejar de soltar al león macho, so pena de caer en la desgracia del indignado y atrevido caballero, abrió de par en par la primera jaula”.

El gerundio “diciendo que” es verbo de lengua introductor del texto que se atribuye al segundo narrador, el primero cita al segundo en lenguaje indirecto (esta es una verdadera citación)  y luego ya empieza el texto mismo “abrió de par en par la primera jaula …

Este pasaje nos remite a la primera frase del capítulo.

Todavía en este contexto de juego entre narradores aparece esta frase:

 “abrió de par en par la primera jaula, donde estaba, como se ha dicho, el león, el cual pareció

Interpreto que el primer narrador hace referencia con un inciso al escrito del segundo, “como se ha dicho”, porque en realidad el libro viene a ser como una cita entera que hace el primer narrador del segundo. Pero la frase “como se ha dicho”  es un inciso aclaratorio.

Las siguientes que hemos de atribuir al narrador son:

10  “Hasta aquí llegó el extremo de su jamás vista locura”

11  “don Quijote, mandó al leonero que le diese de palos y le irritase para echarle fuera”

12 “el lienzo con que se había limpiado el rostro de la lluvia de los requesones”

13 “Entonces el leonero, menudamente y por sus pausas, contó el fin de la contienda, exagerando, como él mejor pudo y supo, el valor de don Quijote, de cuya vista el león, acobardado, no quiso ni osó salir de la jaula, puesto que había tenido un buen espacio abierta la puerta de la jaula; y que, por haber él dicho a aquel caballero que era tentar a Dios irritar al león para que por fuerza saliese, como él quería que se irritase, mal de su grado y contra toda su voluntad, había permitido que la puerta se cerrase”

La voz del narrador hay que oírla y a veces se percibe débilmente. Habrá en este punto opiniones diversas.

 

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El núcleo del capítulo XVII

(contrasta con los diálogos)

Se encuentra una serie de 59 perfectos simples o indefinidos. Junto a  ellos he colocado complementos y alguna oración subordinada dependiente, por no romper el sentido. Por ejemplo, en el número 51:

don Quijote, poniendo en la punta de la lanza el lienzo con que se había limpiado el rostro de la lluvia de los requesones, comenzó a llamar

Incluyo la oración de relativo referente al lienzo, que podría considerarse como una intervención aclaratoria del narrador; y la predicación secundaria del gerundio, acción simultánea, que podría trasponerse a indefinido sin alterar el sentido:

“don Quijote puso en la punta de la lanza el lienzo … y comenzó a llamar”.

El contenido del núcleo se puede contrastar con el contenido de los diálogos.

En el núcleo se distinguen algunas fases consecutivas del suceso que son:

  1. Del 1 al 24, Suceso de los requesones y llegada del carro.
  2. Del 25 al 30. El encuentro con el carro de los leones.
  3. Del 31 al 51. El lance de la aventura. El valor de don Quijote contra la mansedumbre del león.
  4. Del 52 al 59. La conclusión y término.

El núcleo o primer plano del  acontecer.

1 –  no supo qué hacer dellos, ni en qué traerlos
2 – por no perderlos, … acordó de echarlos en la celada de su señor
3 – con este buen recado volvió a ver lo que le quería
4 – El del Verde Gabán, que esto oyó
5 –  tendió la vista por todas partes
6 –  no descubrió otra cosa que un carro
7 – le dieron a entender (dos o tres banderas pequeñas) que …
8 – se lo dijo a don Quijote
9 – pero él no le dio crédito
10 – le pidió la celada
11 – no tuvo lugar de sacar los requesones
12 –  le fue forzoso dársela
13 – Tomóla don Quijote
14 – con toda priesa se la encajó en la cabeza
15 – como los requesones se apretaron
16 – exprimieron,
17 – comenzó a correr el suero por todo el rostro y barbas de don Quijote
18 – recibió tal susto
19 – Calló Sancho y
20 –  diole un paño
21 – dio con él gracias a Dios
22 – Limpióse don Quijote
23 – quitóse la celada …
24 – las llegó (las gachas) a las narices
25 – Llegó en esto el carro de las banderas
26 – Púsose don Quijote delante
27 – Llegose en esto a él Sancho
28 – El carretero, que vio la determinación de aquella armada fantasía
29 – Apeose el carretero
30 –  desunció a gran priesa
31 – En el espacio que tardó el leonero en abrir la jaula primera
32 – estuvo considerando don Quijote si sería bien hacer la batalla antes a pie que a caballo
33 – se determinó de hacerla a pie
34 – Por esto saltó del caballo
35 – arrojó la lanza
36 – embrazó el escudo
37 – desenvainando la espada, paso ante paso, con maravilloso denuedo y corazón valiente, se fue a poner delante del carro, encomendándose a Dios de todo corazón, y luego a su señora           Dulcinea
38 – puesto en postura a don Quijote
39 – abrió de par en par la primera jaula
40 – pareció de grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura
41 – Lo primero que hizo fue revolverse en la jaula
42 – abrió luego la boca
43 – bostezó muy despacio
44 – con casi dos palmos de lengua que sacó fuera
45 –  se despolvoreó los ojos
46 –  se lavó el rostro
47 – sacó la cabeza fuera de la jaula
48 – miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad
49 – con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula
50 – Viendo lo cual don Quijote, mandó al leonero que le diese de palos y le irritase para echarle fuera
51 – don Quijote, poniendo en la punta de la lanza el lienzo con que se había limpiado el rostro de la lluvia de los requesones, comenzó a llamar
52 – conocieron que el que hacía las señas era don Quijote
53 – perdiendo alguna parte del miedo, poco a poco se vinieron acercando
54 – hasta donde claramente oyeron las voces de don Quijote
55 – Finalmente, volvieron al carro
56 – Dio los escudos Sancho
57 – unció el carretero
58 – besó las manos el leonero a don Quijote por la merced recibida
59 – prometiole de contar aquella valerosa hazaña al mismo rey

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Dos narradores y dos autores

El capítulo XVII, 2ª parte del Quijote,  relata  “la aventura de los leones” y empieza así:

Cuenta la historia que cuando don Quijote daba voces a Sancho que le trujese el yelmo, …”.

Esta frase la dice un hablante, pertenece a un narrador. Los personajes son hablantes, pero su  lenguaje de hablantes se encuentra dentro de la representación. Si hay varios personajes hay varios hablantes: don Quijote, Sancho, el leonero, el del Verde Gabán son personajes. Su hablar es un hablar representado. El narrador no es hablante de este tipo, no pertenece a este estrato mostrativo, no es un personaje. La frase cuenta la historia que no la dice un personaje a otro. Se encuentra en una estructura de comunicación fingida dentro del escrito narrativo y es otro estrato, Precisamente el hablar del narrador, lo forma su hablar, en él hemos de situar al narrador, no se mezcla con el hablar de los personajes.

La frase, Cuenta la historia, son palabras de un narrador. Cita un libro ya  escrito, que contiene a otro narrador. Este segundo narrador es el que, quizá, reproduciéndolas, dice las palabras de don Quijote, que daba voces a Sancho que le trujese el yelmo.  Si las dijera don Quijote sería  Sancho: trae el yelmo o  algo semejante.  No sabemos cómo lo pone el libro que cita, Puede ser estilo directo o indirecto. Pero la forma daba voces a Sancho que  es lenguaje indirecto de uno o de los dos narradores. El narrador  del libro lo puso así o el segundo narrador lo expresa así.

Una historia tiene un narrador. Hay dos narradores. Porque si el narrador está citando una historia ya escrita antes, esa historia que no es suya, contiene la voz de un narrador que no es él.  Esta duplicidad es un juego al que es aficionado Cervantes, más adelante en este capítulo reaparece.

Dice Cervantes en el prólogo que el libro es hijo de su entendimiento y más adelante que lo encontró ya escrito. Hace simulaciones y por otra parte no distingue entre autor y narrador, como se hace hoy, ni entre narrador hablante y representación. Todo el texto de la historia la cuenta el autor-narrador. El autor es el narrador y es el que habla en todos los estratos.

Hacia la mitad de la aventura el narrador segundo cita al autor del libro, tomando de él apóstrofe que dedica a la valentía y arrojo de don Quijote: ¡Oh fuerte y sobre todo encarecimiento animoso don Quijote de la Mancha…”. El segundo narrador, reporta las palabra del primero, que desde fuera de la representación o historia que escribe se dirige a don Quijote, como a persona real y como personaje verdadero. El narrador habla al personaje. Dando a entender que es verdadera historia y don Quijote persona real: Tus mismos hechos sean los que te alaben, valeroso manchego, que yo los dejo aquí en su punto, por faltarme palabras con que encarecerlos.

Dirigiéndose a don Quijote le ensalza. El primer narrador cita al segundo y reproduce su habla en lenguaje directo: el apóstrofe que dirige al personaje, con la apariencia de una comunicación hablada real, pero es el segundo narrador y no rompe la magia de la representación. Es como una representación en otra.

Después de la introducción, el imperfecto don Quijote daba voces a Sancho, el verbo de comunicación dar voces es reproducción de lo que dijo el personaje, pero lo dice el narrador. Estas palabras pudieran estar en el libro de la historia en lenguaje directo: tráeme el yelmo o en el mismo indirecto, con el que o dijo que. Esto no se puede saber, el estilo indirecto delata al narrador. El Quijote, en cualquier caso, no tiene dos narradores, aunque el querer presentar la ficción como historia lleve a estos juegos de desdoblamiento. Por otra parte, el narrador es por naturaleza anónimo o falso, en el sentido de ser figura inmanente. No parce posible que en la estructura de la comunicación narrativa propiamente hablando haya lugar para diferenciar narradores identificados y distintos,

En el umbral originario de la representación narrativa

En el umbral originario de la representación narrativa.

Las señales, como la de una una sirena, tienen que operar situadas y activadas en el campo  que les corresponde. Desde el punto donde suenan alcanza el espacio circundante y actúan como señal. Son un señalamiento y un punto de origen para su medición: el allí es desde aquí y el pasado es desde el presente.

Los verbos son palabras que funcionan como señales en el tiempo. Por ello tienen naturaleza deíctica.  Un punto de referencia es la persona que habla, el acto de hablar, llamado enunciación. Su voz con un verbo en presente señala ese presente de la voz, el tiempo de la enunciación.  El verbo sitúa el contenido de su lexema en ese momento. El verbo en pretérito hace lo mismo, sitúa su lexema en tiempo anterior al de  la enunciación.

Las palabras se actualizan en los actos enunciativos. Y dentro de la misma lengua se constituyen momentos relativos: canto-canté-hube cantado; hoy, ayer, antes de ayer. El verbo en presente se  constituye como origen de las demás referencias relativas temporales. El origen de referencias, el cero axial, es el yo hablante, señala su tiempo y los demás respecto a él. El señalamiento y actualización de la lengua es egocéntrico. Con la enunciación se produce su anclaje en el tiempo y ha de efectuarlo una persona hablante.

Como es cuestión pragmática la actualización de la lengua no se opera con morfemas. Ningún  morfema puede reemplazar el acto de la conducta. La lengua hablada por definición nunca puede estar desactualizada. Si se oye  hablar es que hay una persona viva que enuncia. Si la palabra está escrita no se sabe siempre.

La enunciación no significa que se actualice la lengua en el tiempo, porque el tiempo se forma en el hombre, sale de él con su vivir  y el lenguaje es conducta en el tiempo del hombre. Las palabras de por sí ni tienen tiempo ni señalan nada, salvo algunas que llamamos deícticas. La lengua se actualiza con su enunciación, acto de un yo. Queda de este modo anclada  en la realidad del tiempo humano. Sin enunciación la lengua está desactualizada.

Si digo que nadie habla es que no hay enunciación y si no hay enunciación no hay deixis, señalamiento,  y la lengua está desactualizada. Las palabras pueden estar ahí, escritas, sin que nadie las diga. Como está la música en una partitura cuando nadie la interpreta. Algo parecido pasa con la lengua cuando se compone con ella una representación. En esto consiste la representación. Se trata de un lenguaje sin enunciación. Y desactualizado como hablar.  Pero la lectura lo actualiza, la recepción es la contrapartida  de la enunciación, cuando esta existe y si la sustituye.

La representación tiene un autor, la compone sin enunciarla.  El acto de la lectura viene a ser como otra forma de activación, una actualización por el otro extremo.  De modo que el lenguaje puede activarlo el receptor, lector, contemplador. Y el emisor en la representación desaparece, porque en realidad no es emisor, sino compositor.

Por lo dicho anteriormente se infiere que en la misma oralidad, sin conocer o tener escritura, la música y el lenguaje se componen y la composición se escribe también. El narrador de un suceso compone la representación de la historia oralmente y la guarda en la memoria o la escribe y la conserva de modo mas seguro. El paso entre el hablar que cuenta un suceso y el componer su representación es el punto originario del texto de la narración.

El texto teatral es otra cosa

El texto teatral no es el texto narrativo, hay notables diferencias. La palabra representación tiene una primaria asociación con el teatro. Pero la representación del teatro difiere de la mostración del  texto narrativo. La representación teatral es la función,  la puesta en escena, los actores y los espectadores. La pieza teatral tiene un texto  para representar, que no es lo mismo que la representación narrativa como texto. El texto teatral hay que representarlo, asistir al acto. La narración se lee.

En la narración aparecen diálogos o conducta hablada en continuidad con la historia representada, contenida en los verbos y demás palabras. En el texto narrativo se representa toda la conducta, interna o externa, acción, habla y pensamiento. La representación del texto narrativo la activa el lector para él o para otros. Esa lectura es como la recitación, que no es hablar. La representación o mostración narrativa está en el habla, como forma de discurso natural, espontáneamente derivado del hablar y compuesto de alguna forma. Recitar significa pronunciar de memoria y en voz alta discursos ya compuestos , como se recitan los versos.

El texto teatral no deriva del hablar ni es un discurso natural aunque intente parecerlo. Su origen deriva, creo yo, más que del hablar, de la activiad imitativa. Aunque esta también es natural y se da en el mismo juego de los niños, dice Aristóteles. Tiene de natural que procederá de ahí, de representar un mundo con la conducta hablada, imitando a las personas. Se imita todo y como  el conjunto sinfónico, se requiere la coordinación de un director de escena.

En el Quijote hay abundancia de pláticas que si se tratasen de escenificar serían insoportables. Los diálogos teatrales son distintos. El texto de la narración no es equiparable al texto del teatro y su representación tampoco y sus diálogos tampoco.