La estructura dual del texto de la narración

La estructura dual del texto de la narración

Con este escrito hago algunas precisiones que se incorporarán a la segunda edición del Texto de la narración en español. Referentes a los números 26 La representación del hablar27 La voz del narrador.   

 El texto de la narración en español es un entramado de cinco estratos. En tres de ellos – primer plano, segundo plano y descripción – nadie habla. Son objetivos y no hay  yo ni tú, siempre él. Tampoco se encuentran preguntas, ni suposiciones, ni hipótesis, ni incertidumbres. Son juntamente la representación. En ella nadie duda ni manifiesta sentimientos ni razona, salvo las terceras personas representadas.  La representación está ahí,  están  los sucesos y los escenarios, los personajes y sus acciones y  sus aspectos. Es una de las dos partes o discursos del texto de la narración completo: la representación es la parte mimética. Que también se puede denominar apofántica o mostrativa. La otra parte es comunicación lingüística, el hablar o la voz del narrador.

Esta segunda parte es hablar común y general, comunicación con lenguaje. Constituye el dominio o el estrato del narrador. Al narrador se le puede llamar voz  porque  es un hablante con el que nadie dialoga, no identificado muchas veces. Palabra dirigida a quien le escuche sin saber quien sea. No tiene interlocutor. Tiene lectores o en todo caso oyentes de su discurso que son los mismos que contemplan la representación. Habla para ellos. Y como está fuera y frente a la representación como los lectores que la contemplan, habla generalmente de ella. Pero los hablantes tiene espacio abierto, pueden decir lo que quieran.

Estas dos partes se confrontan porque el hablar es externo a la representación. Comunicación (hablar) y representación son contrapuestas. El narrador no dialoga – ni puede hacerlo estructuralmente – con los personajes representados. El narrador no es un personaje y su palabra no influye en ellos.

Esta segunda parte del texto contiene una peculiar situación comunicativa. El hablar del narrador no forma parte de la representación, pero es inherente al texto.  Se puede decir, por semejanza, que estas dos partes se contraponen como lo marcado y no-marcado. En la representación (marcado) nadie habla, pero en el hablar puede aparecer la representación. Como en la representación hay personajes que hablan, ellos también como hablantes representados tienen el campo abierto, el hablar es irrestricto. Pero ese hablar suyo no es el original y verdadero hablar, está representado, no es auténtico, lo llama Martínez Bonati pseudo hablar.

Consideremos la situación germinal y originaria de la representación: un hablante real, en la actualidad de su conversación enunciativa y actual, refiere un suceso pasado, y eventualmente al contarlo hace de él una representación. El momento primordial de la narración se encuentra cuando una persona real habla de su pasado. Todavía no hablamos de narración, pero su discurso está ahí. Pues bien este hablante es auténtico y cuando dice que alguno de los personajes de su historia habla, gritó: -tal cosa, y reproduce su hablar como si fuera una cita, lenguaje directo, ese hablar es distinto del hablar del narrador, no es auténtico, sino representado.

Ahora bien, si ese hablante inauténtico, el personaje, se pusiera a contar un suceso de su pasado tendríamos una representación dentro de otra. Secundaria puesto que, como ya he dicho, el hablante es externo a la representación primaria. En la narración primaria se origina la estructura dual de los textos de la narración: la representación y el hablar.

Estoy dejando conscientemente a un lado el relato en primera persona o autobiográfico para simplificar la exposición. Lo representado de los personajes es su conducta y cuando la conducta es de lenguaje –hablar o pensar –se representa también, gritó, replicó y tantos otros verbos del decir. Pero además de ordinario este decir se reproduce. El contenido reproducido y singular  hay que atribuírselo al personaje y éste, como hablante  puede dudar, suponer o preguntar. Habla desde su subjetividad, es decir, simplemente habla. Como hablar de representación es equivalente a decir que nadie habla.

Ahora, es necesario distinguir entre reproducción y representación. En la representación del hablar de los personajes hay  representación de su conducta. En la reproducción se inserta lo hablado.  La reproducción del habla, estilo directo,  es una imagen icónica, más o menos perfecta, del hablar. es reproducción.

Una oración  como la siguiente: Isabel confesó: estoy pensando en irme de casa. El primer elemento confesó es la conducta de Isabel.  Esta conducta representada  no la  dice nadie, es un punto en la serie de acciones de una historia de la cual está tomada la frase.  Y el segundo elemento, estoy pensando en irme de casa, es la reproducción del acto ya representado. La frase completa es representación mas reproducción, encabalgadas en estratos diferentes,  trabados en la sintaxis de la oración. La oración principal pertenece al núcleo y la subordinada, objeto directo, pertenece al estrato dialogal. Ambos son estratos de la representación.

El hablar del narrador, por el contrario, no es un hablar representado ni está insertado en el estrato mimético, sino en una comunicación lingüística inherente al texto de la narración.  El narrador está fuera de la mímesis representada, y por ello hay que considerar que el texto completo de la narración se compone de dos partes estructuralmente diferentes. Una es de mímesis y la otra de comunicación hablada. La parte mimética tiene cuatro estratos diferenciados: núcleo o primer plano, segundo plano, desdoblado  entre acción y descripción, y diálogos. El lenguaje directo de personajes representados es un estrato peculiar, pero pertenece al estrato mimético.

Estos elementos forman la estructura dual del texto de la narración. Ante este texto hay que situarse doblemente, porque su estructura es doble.  Cuando se está ante lo representado se es espectador, como lo es el que presencia un retablo. Cuando se está ante lo hablado, si se oye una voz, se es oyente. El narrador habla, pero a él nadie le habla, no tiene interlocutores. La comunicación tiene una sola dirección. Tampoco puede hablar con los personajes representados. Pero habla de ellos, lo cual nos hace ver que se encuentra ante la representación estructuralmente como espectador. No puede ser de otra manera.  Una representación solo se puede contemplar.

¿A quién habla el narrador?  Habla  a los mismos que presencian la representación. Esos son sus oyentes, su hablar  convierte en oyentes a los que son espectadores. Se  sitúan como oyentes  por la misma estructura de la comunicación inserta en el texto. Pero este cambio de espectadores a oyentes no les convierte en interlocutores.  Estos  dos papeles se engloban en la noción  única y tradicional de lectores.

Esta  parte segunda es un hablar común y,como tal, es irrestricto. La primera, la representación,  es lenguaje, pero limitado a su carácter de representación. No solo nadie habla, sino que nadie puede hablar en su ámbito.

¿Qué explicación puede darse de esta dicotomía?  Yo encuentro la siguiente en lo que me parece la génesis del texto de la narración  y luego reflejada en ella. La génesis que trazo no la obtengo por comprobación histórica ni de otro orden, sino por descripción supuesta o imaginada con elementos de la realidad dispersa.

Lo primordial en la conducta humana es la comunicación de persona a persona. Una vez desarrollada nace en esta  la representación. Para contarlo hay que representarlo, confeccionar la representación.  El que escucha el suceso es oyente y se convierte poco a poco en espectador de lo representando. El suceso contado es pasado naturalmente, porque es el tio Perico el que cuenta el pasado sucedido.

Esta recomposición significa, lingüísticamente, que el hablante, primero en su enunciación de presente actual habla del pasado.  Los tiempos que emplea en la configuración de la representación son pasados deícticos, anclados como pretéritos en su  presente enunciativo. Por lo tanto son historia. La historia está relatada en los tiempos pretéritos de la conjugación, el indefinido y el imperfecto, y en otros de su esfera temporal.   Es decir, con el conjunto de tiempos pretéritos.

 Entonces se narra efectivamente algo pasado,  en los tiempos del pasado,  según el sistema verbal común en su esfera de pretérito. Con el yo, aquí, ahora de referencia al presente actual de un habalnte.

El texto narrativo pertenece a un hablante narrador que cuenta una historia pasada. Este texto narrativo no tiene las partes que estoy describiendo, no sería dual,  porque el hablante lo domina todo. Con el sistema verbal completo se pasa de lo presente a lo pasado y todo lo que cuenta es pasado y  se puede retornar al presente. Pero en  esta historia se ha formado una representación que se independizará.

¿Como se forma la duplicidad en la lengua? ¿Cuándo se separan y contraponen sus elementos comunicativo y representativo?

A mi parecer cuando alguien se enfrenta directamente a lo representado. Cuando las representaciones se encuentran ahí, como desvinculadas del hablar y sueltas. Cuando ha muerto el que contaba la historia, pero queda el cuento sin su palabra.  Entonces ante esta pieza de lenguaje,  las personas se sitúan ante lo representado, que no pertenece al hablar de nadie.  Ya se lea o se recite y se escucha. El interés primero es  la representación sin la presencia enunciativa de alguien, y así tampoco se puede saber si la representación fue verdadera historia o inventada.  Ya da lo mismo, los  espectadores quieren ver y oír el retablo. Entonces, enfocando esto  lingüísticamente podemos preguntarnos  ¿qué ha pasado con los deícticos pretéritos si ya nadie habla? ¿Dónde está el presente de la enunciación si nadie enuncia?

Ha sucedido esto: que la representación es lo primero, y se ha desplazado al hablante. La representación es una pieza que no tiene enunciación, no está actualizada. ¿Quién la actualiza?  La actualiza el espectador, no hay hablante. Y sin hablante   tiempos pretéritos han dejado de ser deícticos de pasado. Pero las representaciones están en  esos  tiempos verbales del  pretérito, sin importar ya cuando han sucedido y ni siquiera si han sucedido, ya que pueden ser imaginarias. Entonces el valor de esos tiempos verbales  es el de presente del espectador o recitador, el tiempo de quien  presencia como espectador o del que oye la voz inserta en el texto de la historia.  Ahora bien, esa voz ¿de dónde sale? ¿Dónde está la persona que habla?

Se  ha producido un enorme trastorno. Ya no se está ante un hablante que cuenta, sino ante una historia que se presencia y ante una voz que se oye  en el trasfondo y no sé sabe quién es.  Y noes posible dirigirse a él y decirle quizá que calle un poco. Este hablante ya no es el tío Perico que me contaba lo que le paso en el huerto. Es un hablante irreal. Por eso  su  voz  es inmanente al texto, porque el texto tiene además de la representación una estructura interna de comunicación que esta ocupada y formada por este narrador.  Y además siempre esta habla en pretérito.

Cuando la representación se convierte en lo primero, la deíctica del hablante cambia  por la deíctica del espectador. Se invierten los términos. Si la deíctica del hablante tiene su centro en el acto enunciador;  la deíctica de la representación la tiene en un acto que es el del espectador y oyente. La deixis no pertenece al texto. Sino a la persona. La representación no tiene ninguna persona hablante. Podriamos decir que es adeítica. La única persona que actualiza el lenguaje de la representación es el lector, oyente y espectador al tiempo.

Al faltar el hablante, desaparece su acto enunciativo y desaparecen todos los tiempos de la esfera de presente. Al ser la representación lo primero se introduce la deixis del que lee y su presente es el momento de su lectura. Y este receptor, que naturalmente es, en sentido génerico, un hablante de la lengua ¿Qué es lo que lee? Lee imperfectos e indefinidos. Por lo que estos tiempos, pretéritos en la enunciación, se convierten en  presentes de la actualización  lectora.

Todo se mide o desde el acto de hablar o desde el acto de leer y de oír. En el acto del hablar el indefinido/ imperfecto es  pretérito y en el acto de leer, presenciar o escuchar,  el indefinido/ imperfecto es presente.

Se desplaza el sistema verbal y por ello mientras nos encontremos en el hablar actual,  se emplea el todo el sistema, el que explica la RAE en su gramática  tiempo a tiempo, y que empieza explicando el  presente de indicativo. En la Gramática del texto de la narración,  el sistema verbal se describirá  tiempo a tiempo, desde la pareja de presentes, es decir, desde el perfecto simple/imperfecto. En el sistema verbal de la narración no existe la esfera del presente enunciativo. Sus tiempos no pertenecen a esta gramática. El sistema verbal de la narración se forma cambiando el valor de los tiempos que se encuentran en la esfera del pasado. Estos pasan a ser presente y los tiempos de la esfera de presente desaparecen: y si aparecen en la narración, como el famoso presente histórico, son formas no marcadas procedentes de una esfera de tiempos que ya no funciona y que usarse cambiándolas por las marcadas no trasladan con ellas su valor temporal. Son tan presentes narrativos como los verbos a los que sustituyen.

 

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