Patria. La pregunta: “¿Desánimo?”

La pregunta ¿Desánimo?

La pregunta cortante, ¿desánimo?, está en la transición entre el plano descriptivo de la mostración y el lenguaje directo, que anticipa. Tiene de peculiar con respecto a otras preguntas el lugar donde aparece.

El texto donde aparece esta pregunta:

A diferencia de Bittori,  Arantxa no hablaba con dolorida mue­ca ni con ojos grandes, asustados. En su cara juvenil hay desáni­mo. ¿Desánimo? Más: amargura. Amargura traslúcida que deja vislumbrar a su través indignación. Lo confirmaron sus palabras.        —Ir sin mí. Yo no tengo estómago para prestarme a este carnaval de la muerte. En otros tiempos os habría acompaña­do. Ahora me es imposible.

Los estratos son estos tres:

  • A diferencia de Bittori,  Arantxa no hablaba con dolorida mue­ca ni con ojos grandes, asustados. En su cara juvenil hay desáni­mo.
  • Desánimo? Más: amargura. Amargura traslúcida que deja vislumbrar a su través indignación. Lo confirmaron sus palabras.
  • —Ir sin mí. Yo no tengo estómago para prestarme a este carnaval de la muerte. En otros tiempos os habría acompaña­do. Ahora me es imposible.

No apare núcleo porque lo breve de la muestra lo deja fuera. El (1 ) estrato descriptivo. El  (2) estrato del narrador. El (3) lenguaje directo.

En (1)  la cuña “a diferencia de Bittori”  podría interpretarse como del narrador. Queda en realidad embebida en la mostración descriptiva del estrato al que pertenece.

En (2) la pregunta cortante ¿desánimo?  ¿Quién la hace? El narrador y se la hace a sí mismo. Se entiende que está contemplando la representación desde fuera de ella, como lo hace el lector. Con esa pregunta no modifica el estrato mostrativo. No puede hacerlo, porque no es suyo. Simplemente observa el desánimo, dice que es amargura y que es visible por la indignación de Arantxa. Luego  introduce el lenguaje directo de Arantxa, anticipándose a la contemplación del lector con un poco de trampa.

En (3) el estilo directo, es la representación del lenguaje hablado de Arantxa. Se reproducen sus palabras. El narrador no se apodera de ellas, no las da él en lenguaje indirecto.  Podría haberlo hecho siguiendo su intervención anterior:

  *“lo confirmó diciendo que fueran sin ella, que no tenía estómago para prestarse a ese carnaval de la muerte, que en otros tiempos les habría acompaña­do. Ahora le era imposible”.

Para terminar el comentario recuerdo que, a efectos de la teoría del texto,  la voz del narrador,  dependiente por lógica estructural a la representación, no está sujeta a su secuencia temporal. Su voz es irrestricta, aunque le obliga la coherencia.

Dice que las palabras de Arantxa, que todavía no se conocen,  confirman  su interpretación. Ha dicho que su “desánimo” es amargura.  Se enfrenta y se anticipa a algo mostrativo pone por encima de ella.

 

Patria. La pregunta: “¿eso es entrar?”

La pregunta: ”¿eso es entrar?”

El texto:

Necesitaba a toda costa la cercanía de oídos hu­manos. En casa, en aquellos momentos, no había otros que los del Txato.  Conque, sintiéndolo por su digestión y su reposo, entró, ¿eso es entrar?,  bueno, irrumpió en la habitación. Venía hablando sola desde la cocina, secándose las manos en el de­lantal.

Reparto y numero las frases.

Necesitaba a toda costa la cercanía de oídos hu­manos.(1)

 En casa, en aquellos momentos, no había otros que los del Txato.(2)

Conque, sintiéndolo por su digestión y su reposo, entró,(3)

¿eso es entrar?,  bueno, irrumpió en la habitación.(4)

Venía hablando sola desde la cocina, secándose las manos en el de­lantal.(5)

Estratos de ese texto.

El núcleo es entró en la habitación.

El segundo plano de imperfectos, necesitaba, no había, no contiene acción alguna y sintiéndolo tampoco. Son el trasfondo estático de la acción del núcleo.(1 y 2)

Venía hablando sola, secándose las manos.  Sí son acciones, pero no adelantan la historia, son simultáneas con la acción del núcleo.(5)

 La pregunta cortante: ¿eso es entrar? (4)

¿Quién pregunta? ¿Y sobre qué materia?

En el texto de la narración no encontramos mas que una voz distinta de la de los personajes. Esa voz es la que pregunta sobre lo  que todo lector/espectador presencia, sobre lo representado; y la misma voz se da la contestación. A  lo representado no se le puede hacer una pregunta, porque no es persona ni se puede esperarse contestación. Se la formula el narrador a sí mismo. Y se contesta a sí mismo. Y la contestación es “bueno, irrumpió”. Da un matiz sobre lo representado, explica según le parece. Lo que ve es lo mismo que ve el lector cuando presencia la escena. El lector/espectador ve los sucesos y sus relaciones temporales o causales.

Esa pregunta da una falsa  impresión, porque parece como si todo fuera hablado por esa voz, y es la quien rectifica. Entonces el narrador lo está contando todo. Como si la representación misma fuera suya. Como si todo fuera algo dicho y palabra comunicada. Si predomina esta impresión se hace imposible distinguir el estrato representativo.

Esta impresión confunde al lector/espectador. Y si a este lector confundido se le dice que en la narración, en su estrato apofántico, nadie habla, no lo entiende.

Pero es precisamente el estrato representado lo fundante de la realidad que se contempla y, por tanto, también del comentario que se haga sobre ella. Un mundo que está ahí sin necesidad de justificación. Lo aceptas como es o te sales de la novela. Lo representado no se puede relativizar a lo dicho por alguien. Precisamente la voz que pregunta “¿eso es entrar?” se sostiene por el estrato indiscutible de lo representado, sin el cual no se puede ni hablar. Por eso el  “bueno, irrumpió”  no rectifica el estrato mostrativo. El hablar se relativiza a la voz que habla. No es núcleo “irrumpió”, es hablar y en este caso sobre lo ya  representado en el  núcleo.

Entre objetividad y subjetividad

Comento aquí algo que acerca de la amalgama y ambigüedad que se produce entre las intervenciones del narrador que habla y la representación en la que no puede oírse ninguna voz, salvo la de los personajes, con este fragmento del Quijote:

Agradecióselo mucho Sancho, y, besándole otra vez la mano y la falda de la loriga, le ayudó a subir sobre Rocinante; y él subió sobre su asno y comenzó a seguir a su señor, que, a paso tirado, sin despedirse ni hablar más con las del coche, se entró por un bosque que allí junto estaba.  Seguíale Sancho a todo el trote de su jumento, pero caminaba tanto Rocinante que, viéndose quedar atrás, le fue forzoso dar voces a su amo que se aguardase. Hízolo así don Quijote, teniendo las riendas a Rocinante hasta que llegase su cansado escudero
Quijote cap. IX Primera Parte

Don Quijote se pone en marcha y Sancho le sigue. La marcha es toda ella una secuencia de acciones de Sancho: Agradecer, besar la mano, ayudar, subir él, comenzar a seguir, entrarse en el bosque. de estado: el bosque estaba allí. Y el último verbo, estar no es acción.

Continúa un  segundo plano de dos acciones: Sancho  seguía / Rocinante caminaba. Y se añade un gerundio viéndose. Las tres acciones son simultáneas. Y después viene un perfecto simple en perífrasis  que introduce  un acto de habla, dar voces y el estilo indirecto que se aguardase. Que naturalmente lo dice el narrador. La expresión tanto que  es una relación causal que conecta el caminar de don Quijote con el dar voces de Sancho

Esta conexión es una relación de causa, por tanto, un elemento lógico, propio del pensamiento, un elemento de subjetividad o de juicio. La cuestión es, pues, si aquí interviene alguien o bien hay que aceptar que estos elementos relacionales son conectores propios de la representación, no introducen a un hablante. Esta interpretación me parece la correcta. La acción de caminar deprisa don Quijote y la queja de Sancho tienen esta relación.

Hay una intervención del narrador no en esta relación de causa a efecto, sino en el hecho de que las palabras de Santo las reporta él. Asunto independiente, pues podría mantenerse la relación causal entre la marcha de don Quijote y el gritar de Sancho con el uso del lenguaje directo: le fue forzoso dar voces a su amo: aguárdese.

El tema que pongo de manifiesto aquí es el planteado el capítulo 27, La voz del narrador del libro: El texto de la narración en español (2016). donde se hace un primer planteamiento entre la objetividad de lo representado y la subjetividad que supone la intervención de un hablante. No puede trazarse una completa separación y deslindamiento, pero se distinguen.