Comer sin lavarse las manos

07,01-05

Mc 7, 1-5
1Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas que habían llegado de Jerusalén, 2y vieron a algunos de sus discípulos que comían los panes con manos impuras, es decir, sin lavar.

3Pues los fariseos y todos los judíos nunca comen si no se lavan las manos muchas veces, observando la tradición de los mayores; 4y cuando llegan de la plaza no comen, si no se purifican; y hay otras muchas cosas que guardan por tradición: purificaciones de las copas y de las jarras, de las vasijas de cobre y de los lechos.

5Y le preguntaban los fariseos y los escribas: —¿Por qué tus discípulos no se comportan conforme a la tradición de los mayores, sino que comen el pan con manos impuras? 6Él les respondió: —Bien profetizó Isaías de vosotros, los hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de mí. 7Inútilmente me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humanos. 8»Abandonando el mandamiento de Dios, retenéis la tradición de los hombres.

9Y les decía: —¡Qué bien anuláis el mandamiento de Dios, para guardar vuestra tradición! 10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, que sea castigado con la muerte. 11Vosotros, en cambio, decís que si un hombre le dice a su padre o a su madre: «Que sea declarada Corbán —que significa “ofrenda”— cualquier cosa que pudieras recibir de mí», 12ya no le permitís hacer nada por el padre o por la madre. 13Con ello anuláis la palabra de Dios por vuestra tradición, que vosotros mismos habéis establecido; y hacéis otras muchas cosas parecidas a éstas.

Universidad de Navarra. Santos Evangelios (Spanish Edition) . EUNSA. Edición de Kindle.

Comentario general

La aparición de los fariseos y escribas marca el comienzo y separación de esta unidad con la anterior. Delimitada de ella por la presencia y la controversia con escribas y fariseos. Ocurre en el lugar de llegada, en Genesaret. Es la orilla norte del lago, aunque toda la orilla occidental reciba este nombre y el mismo lago de Galilea es también el de Genesaret. El contenido de la unidad es la censura que hacen los llegados de Jerusalén y la respuesta. No me detengo en ello, porque este comentario se atiene a la forma narrativa del evangelio.
La materia de la controversia, las purificaciones y el recurso al Corbán, requiere una explicación extensa y en otro plano, no son narración, aunque la unidad tiene forma narrativa, porque las intervenciones de Jesús se enmarcan en un suceso, vieron a algunos de sus discípulos que comían. El final de la unidad se marca en el cambio, al dirigirse Jesús a quienes le escuchan, aunque el contenido seguirá igualmente una materia no narrativa. Se distinguen cuatro partes.

La forma de los cuatro párrafos A, B, C, y D

A. El primero es la entrada de los fariseos y escribas, que vienen de Jerusalén y su intervención tiene el carácter de inspección. Los escribas tienen esa función y actúan así dos veces más en unidades siguientes. Sus intervenciones con los fariseos forman una una trama constante a lo largo de muchas unidades.

B. El segundo párrafo obliga a percatarse de lo que cambia con respecto al primero, que es la representación de hechos, mientras que en este segundo alguien explica las costumbres de los judíos. Las las purificaciones proceden del Levítico y algunos lectores de origen gentil no las conocen. Esas leyes de purificación están deformadas por las tradiciones de los escribas y añadidas también por fariseos. Costumbres que están vigentes entonces y las practican lo fariseos principalmente. La aclaración sobre ellas la hace alguien.
¿Quién hace esta explicación? Se contesta que Marcos, porque escribió el evangelio, pero lo sabemos por la historia, por un testimonio muy posterior y fuera del texto. Pero el caso es que la narración son hechos, los hechos la construyen, no el hablar. El hablar es de alguien. Es aclaración que hizo Marcos para los que no lo sabían

C. El tercer párrafo tiene una pregunta indefinida, en imperfeto en español y en presente en griego, preguntaban o preguntan, sin la fuerza narrativa que tiene el perfecto simple , preguntaron. Vale así para indicar que la pregunta es la objeción general contra la conducta de Jesús y sus discípulos y la contestación remite a Isaias.

D. El cuarto párrafo traduce el griego, dijo, por les decía, en la versión que empleo, para seguir el tono del anterior, pero Jesús pronunció una cita concreta de Isaías: anuláis el mandamiento de Dios. Y el griego es dijo, un matiza que incluso puede ser mejor que el griego.

El carácter narrativo

La importancia de esta unidad y de la siguiente, que sigue con el mismo carácter, corresponde a la enseñanza que da Jesús sobre puntos principales. La narración es solamente el enmarque de esta unidad y de la siguiente, hasta que cambia con la frase: se fue de allí y se marchó a la región de Tiro y Sidón. Separándose ya completamente de las dos anteriores.

La deixis del hablante y la enunciación inversa

La deixis del hablante y la enunciación inversa

Este artículo contiene un concepto esencial. Todo lo referente al texto de la narración se relaciona necesariamente con él. Resume lo que hay que entender, para desentrañar el texto narrativo.

La deixis del hablante

La deixis es siempre un asunto personal y ha de contar con la referencia a alguien que la emplea y la actualiza. La lengua se actualiza en el hablar común, en la enunciación comunicadora, dirigida a oyentes o lectores reales en un hablar real. Lo representado con palabras, un objeto, no posee deixis alguna porque la lengua no se emplea comunicando sino esculpiendo una representación. Es representación y no hay que buscarle presente. No tiene ni aquí, ni ahora, ni yo. La actualización de esta lengua sin deixis y desactualizada, reducida a sí misma, la realiza como acto personal y actualizador el que la lee y contempla. El lector es persona y en él tiene lugar la señalización de la deíxis. Hay que tener en cuenta que el presente originario de toda actualización no lo dan las palabras, los verbos señaladores o sus morfemas temporales, sino el acto personal y egocéntrico de usarlas.

Lo que el lector actualiza como presente son palabras desactualizadas de un suceso representado y escrito en pretéritos. El lector actualiza como contemplador lo representado, y como oyente el hablar del narrador también inactual. El narrador, que antes hablaba en pretéritos y refería al pasado todo con su hablar enunciativo, ahora habla en pretéritos desactualizados, porque su hablar no es un acto real. Esos pretéritos los actualizada el oyente, el receptor de ese hablar inmanente. El narrador no tiene acto enunciativo propio, es un hablar sin persona.

La primera vez que me encontré con esta idea, y por el momento la única vez, fue hace tres años en un artículo de Muñoz Romero (“Funcionamiento de los deícticos temporales en la narración” cito al pie). En los textos narrativos en francés, dice, lo primero es el acontecimiento mostrado, al contrario de lo que ocurre en el uso común del hablar, en que lo primero es la enunciación. Encontré en esta afirmación sorprendente, la confirmación de lo que intuía sin encontrar explicación, al leer ese artículo, aunque la autora no trata el verbo, entendí lo lo que pasaba con él en español.

Por lo tanto, el texto de la narración en su conjunto dual lo actualiza el receptor. Se han invertido los términos de la relación. La enunciación actualizaba la lengua, la lengua que poseía el hablante en su interior. Y ahora, la lengua no actualizada del texto, la actualiza el lector. Este lector ante el texto de la narración es a la vez oyente y contemplador. Se encuentra ante una lengua que en realidad no tiene emisor en su parte hablada ni emisor en lo representado, como tampoco tienen emisor la Afrodita de Milo o el discóbolo de Mirón. Este acto del lector es un acto un acto de apropiación del texto narrativo, apropiación que consiste en situarlo en su presente. El término apropiación es el contrapuesto a enunciación.

De lo anterior se deduce que esos pretéritos vacíos de deíxis, no señalan pasado, pero  son presentes deícticos en la actualización inversa. Por lo tanto, esos verbos que indicaban pretérito como elementos deícticos o palabras señaladoras, y dejaron de señalarlo, ahora cambiando de función señalan presente, el presente de la persona que los actualiza, el lector. Esta deixis inversa es como la enunciativa egocéntrica.

El tiempo de leer o presenciar es el presente de la persona, un tiempo que va pasando en la lectura o contemplación, es un tiempo que discurre como el río, circula en línea de la lengua. Está en movimiento y se va haciendo pasado. Todo sucede a la inversa de la enunciación con la que tiene semejanzas. Porque el acto enunciativo o su deixis no tiene dimensión temporal como ya he señalado. En la enunciación no se señala ninguna dimensión al presente. El presente es abierto e imperfectivo.

Ahora, en la representación de la historia, el presente es perfectivo, como aspecto que hereda de funcionar como perfecto simple, y va muy bien que lo sea para que funcione  la arquitectura temporal de la representación. Lo presenciado ocurre en cada momento sucesivo de lectura y se pierde hacia atrás y al quedar atrás se convierte en algo anterior. El presente en la actividad receptora está de diferente modo al que se señala en la actividad emisora o enunciativa. La dimensión presente del mundo mentado en la enunciación proviene de la actualización sucesiva. Se habla siempre en presente, y el presente existencial pasa sobre la persona.

 La arquitectura temporal del núcleo es una sucesión de momentos, de acciones puntuales, perfectivas, como corresponden al pretérito perfecto simple. La serie verbal de la historia se apoya en el morfema pasado y perfectivo, no se sostiene por el significado temporal de su léxico. La arquitectura temporal de la serie es gramatical. El texto de la historia presenta la sucesión de acciones puntuales y completas y el lector, con sus actos de lectura puntuales los convierte en su presente.

En este caso no hay ni deixis en fantasma ni deixis real. El mundo representado será real o ficticio, eso no importa, lo que importa es que la lengua la actualiza el contemplador. Esta es la base para afirmar que los pretéritos en realidad indican presente y son presentes en el discurso de la representación y en el hablar del narrador. Son presentes narradores.

El lector se sitúa ante el texto de la narración como un solitario. Como lo son cada uno de todos los que siguen una representación teatral o una película. Una multitud de solitarios en la misma sala. No hay deíxis real o en fantasma, puesto que la representación está ahí desactualizada por su propia naturaleza y no se atribuye a nadie.

Por lo tanto, ante el texto narrativo completo aparecen dos implicaciones: se aborda el texto como oyente y se aborda como espectador. Se mezclan estas disposiciones en la lectura. Hay que leer bien uno y otro estrato del texto, no confundirlos. No hay que atribuir la representación al narrador, como se hace continuamente en los comentarios de la narratología. El narrador no cuenta todo. No responde a la experiencia de un lector que vive en el relato. Entra en el mundo representado y lo ve. Ve, vive en él, no escucha. Lo hace con intuición, Hasta en la entonación de leer en alto se nota.

¿Cómo es posible esta confusión? Es posible cuando no se distinguen estas entidades lingüísticas y lógicas que se mezclan en los estratos del texto. El texto hay que desentramarlo en sus estratos para entenderlo. O hay que conocer intuitivamente por connaturalidad su estructura y su origen, lo conoce así un buen actor o escritor. Pero se puede conocer reflexivamente, como debe hacerlo un profesor, cuyo cometido, en mi opinión, no consiste en enseñar esta teoría. Pero como un buen entrenador, que eso es un profesor de lengua, necesita conocerla y servirse de ella.

José Antonio Valenzuela, versión de jun 2020  

Muñoz Romero, M. (1986) “Funcionamiento de los deícticos temporales en la narración” Philologia Hispalensis, vol. III, facs. 1, pp. 95-102.

La estructura dual del texto de la narración

La estructura dual del texto de la narración

Con este escrito hago algunas precisiones que se incorporarán a la segunda edición del Texto de la narración en español. Referentes a los números 26 La representación del hablar27 La voz del narrador.   

 El texto de la narración en español es un entramado de cinco estratos. En tres de ellos – primer plano, segundo plano y descripción – nadie habla. Son objetivos y no hay  yo ni tú, siempre él. Tampoco se encuentran preguntas, ni suposiciones, ni hipótesis, ni incertidumbres. Son juntamente la representación. En ella nadie duda ni manifiesta sentimientos ni razona, salvo las terceras personas representadas.  La representación está ahí,  están  los sucesos y los escenarios, los personajes y sus acciones y  sus aspectos. Es una de las dos partes o discursos del texto de la narración completo: la representación es la parte mimética. Que también se puede denominar apofántica o mostrativa. La otra parte es comunicación lingüística, el hablar o la voz del narrador.

Esta segunda parte es hablar común y general, comunicación con lenguaje. Constituye el dominio o el estrato del narrador. Al narrador se le puede llamar voz  porque  es un hablante con el que nadie dialoga, no identificado muchas veces. Palabra dirigida a quien le escuche sin saber quien sea. No tiene interlocutor. Tiene lectores o en todo caso oyentes de su discurso que son los mismos que contemplan la representación. Habla para ellos. Y como está fuera y frente a la representación como los lectores que la contemplan, habla generalmente de ella. Pero los hablantes tiene espacio abierto, pueden decir lo que quieran.

Estas dos partes se confrontan porque el hablar es externo a la representación. Comunicación (hablar) y representación son contrapuestas. El narrador no dialoga – ni puede hacerlo estructuralmente – con los personajes representados. El narrador no es un personaje y su palabra no influye en ellos.

Esta segunda parte del texto contiene una peculiar situación comunicativa. El hablar del narrador no forma parte de la representación, pero es inherente al texto.  Se puede decir, por semejanza, que estas dos partes se contraponen como lo marcado y no-marcado. En la representación (marcado) nadie habla, pero en el hablar puede aparecer la representación. Como en la representación hay personajes que hablan, ellos también como hablantes representados tienen el campo abierto, el hablar es irrestricto. Pero ese hablar suyo no es el original y verdadero hablar, está representado, no es auténtico, lo llama Martínez Bonati pseudo hablar.

Consideremos la situación germinal y originaria de la representación: un hablante real, en la actualidad de su conversación enunciativa y actual, refiere un suceso pasado, y eventualmente al contarlo hace de él una representación. El momento primordial de la narración se encuentra cuando una persona real habla de su pasado. Todavía no hablamos de narración, pero su discurso está ahí. Pues bien este hablante es auténtico y cuando dice que alguno de los personajes de su historia habla, gritó: -tal cosa, y reproduce su hablar como si fuera una cita, lenguaje directo, ese hablar es distinto del hablar del narrador, no es auténtico, sino representado.

Ahora bien, si ese hablante inauténtico, el personaje, se pusiera a contar un suceso de su pasado tendríamos una representación dentro de otra. Secundaria puesto que, como ya he dicho, el hablante es externo a la representación primaria. En la narración primaria se origina la estructura dual de los textos de la narración: la representación y el hablar.

Estoy dejando conscientemente a un lado el relato en primera persona o autobiográfico para simplificar la exposición. Lo representado de los personajes es su conducta y cuando la conducta es de lenguaje –hablar o pensar –se representa también, gritó, replicó y tantos otros verbos del decir. Pero además de ordinario este decir se reproduce. El contenido reproducido y singular  hay que atribuírselo al personaje y éste, como hablante  puede dudar, suponer o preguntar. Habla desde su subjetividad, es decir, simplemente habla. Como hablar de representación es equivalente a decir que nadie habla.

Ahora, es necesario distinguir entre reproducción y representación. En la representación del hablar de los personajes hay  representación de su conducta. En la reproducción se inserta lo hablado.  La reproducción del habla, estilo directo,  es una imagen icónica, más o menos perfecta, del hablar. es reproducción.

Una oración  como la siguiente: Isabel confesó: estoy pensando en irme de casa. El primer elemento confesó es la conducta de Isabel.  Esta conducta representada  no la  dice nadie, es un punto en la serie de acciones de una historia de la cual está tomada la frase.  Y el segundo elemento, estoy pensando en irme de casa, es la reproducción del acto ya representado. La frase completa es representación mas reproducción, encabalgadas en estratos diferentes,  trabados en la sintaxis de la oración. La oración principal pertenece al núcleo y la subordinada, objeto directo, pertenece al estrato dialogal. Ambos son estratos de la representación.

El hablar del narrador, por el contrario, no es un hablar representado ni está insertado en el estrato mimético, sino en una comunicación lingüística inherente al texto de la narración.  El narrador está fuera de la mímesis representada, y por ello hay que considerar que el texto completo de la narración se compone de dos partes estructuralmente diferentes. Una es de mímesis y la otra de comunicación hablada. La parte mimética tiene cuatro estratos diferenciados: núcleo o primer plano, segundo plano, desdoblado  entre acción y descripción, y diálogos. El lenguaje directo de personajes representados es un estrato peculiar, pero pertenece al estrato mimético.

Estos elementos forman la estructura dual del texto de la narración. Ante este texto hay que situarse doblemente, porque su estructura es doble.  Cuando se está ante lo representado se es espectador, como lo es el que presencia un retablo. Cuando se está ante lo hablado, si se oye una voz, se es oyente. El narrador habla, pero a él nadie le habla, no tiene interlocutores. La comunicación tiene una sola dirección. Tampoco puede hablar con los personajes representados. Pero habla de ellos, lo cual nos hace ver que se encuentra ante la representación estructuralmente como espectador. No puede ser de otra manera.  Una representación solo se puede contemplar.

¿A quién habla el narrador?  Habla  a los mismos que presencian la representación. Esos son sus oyentes, su hablar  convierte en oyentes a los que son espectadores. Se  sitúan como oyentes  por la misma estructura de la comunicación inserta en el texto. Pero este cambio de espectadores a oyentes no les convierte en interlocutores.  Estos  dos papeles se engloban en la noción  única y tradicional de lectores.

Esta  parte segunda es un hablar común y,como tal, es irrestricto. La primera, la representación,  es lenguaje, pero limitado a su carácter de representación. No solo nadie habla, sino que nadie puede hablar en su ámbito.

¿Qué explicación puede darse de esta dicotomía?  Yo encuentro la siguiente en lo que me parece la génesis del texto de la narración  y luego reflejada en ella. La génesis que trazo no la obtengo por comprobación histórica ni de otro orden, sino por descripción supuesta o imaginada con elementos de la realidad dispersa.

Lo primordial en la conducta humana es la comunicación de persona a persona. Una vez desarrollada nace en esta  la representación. Para contarlo hay que representarlo, confeccionar la representación.  El que escucha el suceso es oyente y se convierte poco a poco en espectador de lo representando. El suceso contado es pasado naturalmente, porque es el tio Perico el que cuenta el pasado sucedido.

Esta recomposición significa, lingüísticamente, que el hablante, primero en su enunciación de presente actual habla del pasado.  Los tiempos que emplea en la configuración de la representación son pasados deícticos, anclados como pretéritos en su  presente enunciativo. Por lo tanto son historia. La historia está relatada en los tiempos pretéritos de la conjugación, el indefinido y el imperfecto, y en otros de su esfera temporal.   Es decir, con el conjunto de tiempos pretéritos.

 Entonces se narra efectivamente algo pasado,  en los tiempos del pasado,  según el sistema verbal común en su esfera de pretérito. Con el yo, aquí, ahora de referencia al presente actual de un habalnte.

El texto narrativo pertenece a un hablante narrador que cuenta una historia pasada. Este texto narrativo no tiene las partes que estoy describiendo, no sería dual,  porque el hablante lo domina todo. Con el sistema verbal completo se pasa de lo presente a lo pasado y todo lo que cuenta es pasado y  se puede retornar al presente. Pero en  esta historia se ha formado una representación que se independizará.

¿Como se forma la duplicidad en la lengua? ¿Cuándo se separan y contraponen sus elementos comunicativo y representativo?

A mi parecer cuando alguien se enfrenta directamente a lo representado. Cuando las representaciones se encuentran ahí, como desvinculadas del hablar y sueltas. Cuando ha muerto el que contaba la historia, pero queda el cuento sin su palabra.  Entonces ante esta pieza de lenguaje,  las personas se sitúan ante lo representado, que no pertenece al hablar de nadie.  Ya se lea o se recite y se escucha. El interés primero es  la representación sin la presencia enunciativa de alguien, y así tampoco se puede saber si la representación fue verdadera historia o inventada.  Ya da lo mismo, los  espectadores quieren ver y oír el retablo. Entonces, enfocando esto  lingüísticamente podemos preguntarnos  ¿qué ha pasado con los deícticos pretéritos si ya nadie habla? ¿Dónde está el presente de la enunciación si nadie enuncia?

Ha sucedido esto: que la representación es lo primero, y se ha desplazado al hablante. La representación es una pieza que no tiene enunciación, no está actualizada. ¿Quién la actualiza?  La actualiza el espectador, no hay hablante. Y sin hablante   tiempos pretéritos han dejado de ser deícticos de pasado. Pero las representaciones están en  esos  tiempos verbales del  pretérito, sin importar ya cuando han sucedido y ni siquiera si han sucedido, ya que pueden ser imaginarias. Entonces el valor de esos tiempos verbales  es el de presente del espectador o recitador, el tiempo de quien  presencia como espectador o del que oye la voz inserta en el texto de la historia.  Ahora bien, esa voz ¿de dónde sale? ¿Dónde está la persona que habla?

Se  ha producido un enorme trastorno. Ya no se está ante un hablante que cuenta, sino ante una historia que se presencia y ante una voz que se oye  en el trasfondo y no sé sabe quién es.  Y noes posible dirigirse a él y decirle quizá que calle un poco. Este hablante ya no es el tío Perico que me contaba lo que le paso en el huerto. Es un hablante irreal. Por eso  su  voz  es inmanente al texto, porque el texto tiene además de la representación una estructura interna de comunicación que esta ocupada y formada por este narrador.  Y además siempre esta habla en pretérito.

Cuando la representación se convierte en lo primero, la deíctica del hablante cambia  por la deíctica del espectador. Se invierten los términos. Si la deíctica del hablante tiene su centro en el acto enunciador;  la deíctica de la representación la tiene en un acto que es el del espectador y oyente. La deixis no pertenece al texto. Sino a la persona. La representación no tiene ninguna persona hablante. Podriamos decir que es adeítica. La única persona que actualiza el lenguaje de la representación es el lector, oyente y espectador al tiempo.

Al faltar el hablante, desaparece su acto enunciativo y desaparecen todos los tiempos de la esfera de presente. Al ser la representación lo primero se introduce la deixis del que lee y su presente es el momento de su lectura. Y este receptor, que naturalmente es, en sentido génerico, un hablante de la lengua ¿Qué es lo que lee? Lee imperfectos e indefinidos. Por lo que estos tiempos, pretéritos en la enunciación, se convierten en  presentes de la actualización  lectora.

Todo se mide o desde el acto de hablar o desde el acto de leer y de oír. En el acto del hablar el indefinido/ imperfecto es  pretérito y en el acto de leer, presenciar o escuchar,  el indefinido/ imperfecto es presente.

Se desplaza el sistema verbal y por ello mientras nos encontremos en el hablar actual,  se emplea el todo el sistema, el que explica la RAE en su gramática  tiempo a tiempo, y que empieza explicando el  presente de indicativo. En la Gramática del texto de la narración,  el sistema verbal se describirá  tiempo a tiempo, desde la pareja de presentes, es decir, desde el perfecto simple/imperfecto. En el sistema verbal de la narración no existe la esfera del presente enunciativo. Sus tiempos no pertenecen a esta gramática. El sistema verbal de la narración se forma cambiando el valor de los tiempos que se encuentran en la esfera del pasado. Estos pasan a ser presente y los tiempos de la esfera de presente desaparecen: y si aparecen en la narración, como el famoso presente histórico, son formas no marcadas procedentes de una esfera de tiempos que ya no funciona y que usarse cambiándolas por las marcadas no trasladan con ellas su valor temporal. Son tan presentes narrativos como los verbos a los que sustituyen.

 

Infinitivo, gerundio y participio

Infinitivo, gerundio y participio

Se utilizan con abundancia estas formas en el texto de la narración. Son acciones o eventos, con un valor léxico que permitiría en ocasiones conmutarse por una forma personal y de esto modo integrarse en la articulación temporal de los sucesos. Pero no se pueden articular en ella al tratarse de formas  dependientes. No obstante la posibilidad de su conmutación indica que se trata de acciones que acompañan al argumento del suceso y según el caso podrían conmutarse por una forma personal y quedar integrados en  él.  Al significar un evento, acción o estado tienen la capacidad de señalar un momento de la articulación temporal. Pero esta se realiza como sabemos por los indefinidos y los imperfectos. Cuando forman una serie, lo que implica que viene después en la serie ha sucedido después en el argumento. Cuando no es así es necesario marcar su alteración. Estas formas  no tienen capacidad de situar su predicación en un  momento temporal, y se apoyan en uno de los tiempos narrativos. De diferente modo cada una. Un esquema general sería así:

1  El infinitivo , por ser equivalente a un  nombre tiene que estar presentado por una partícula:

al llegar a casa  me contó el asunto”

El  ejemplo tiene una acción nuclear “contó” y otra en infinitivo, que toma su temporalidad del núcleo.  Si se conmutan los tiempos se diría *llegó a casa y me contó el asunto y se articulan consecutivamente.

2 El gerundio con carácter adverbial puede ser predicación secundaria:

 “entrando de prisa en la avenida Juan vio el accidente”

El gerundio indica una acción contemporánea a la nuclear, pero sise conmuta el tiempo, podría decirse:

*Juan entró de prisa en la avenida y vio el accidente

3 El participio da la acción como ya completada y al tomar la temporalidad de verbo nuclear expresa una retrospección:

“apagado el fuego, entraron en la vivienda”

Y la transposición diría:

*habían apagado el fuego y entraron en la vivienda

Cada forma no personal requiere un estudio propio.

Hortensia Martínez García, de la Universidad de Oviedo, en su cuaderno “Construcciones temporales “, ArcoLibros, dedica un capítulo a estas formas en el que prácticamente todas las ejemplificaciones vienen a ser oraciones apofánticas. En este cuaderno se encontrarán las ideas expuestas en esta entrada y otras más.   Hay otros estudios , pero este lo considero valioso para iniciarse en la función narrativa de estas formas.

 

 

El núcleo del capítulo XVII

(contrasta con los diálogos)

Se encuentra una serie de 59 perfectos simples o indefinidos. Junto a  ellos he colocado complementos y alguna oración subordinada dependiente, por no romper el sentido. Por ejemplo, en el número 51:

don Quijote, poniendo en la punta de la lanza el lienzo con que se había limpiado el rostro de la lluvia de los requesones, comenzó a llamar

Incluyo la oración de relativo referente al lienzo, que podría considerarse como una intervención aclaratoria del narrador; y la predicación secundaria del gerundio, acción simultánea, que podría trasponerse a indefinido sin alterar el sentido:

“don Quijote puso en la punta de la lanza el lienzo … y comenzó a llamar”.

El contenido del núcleo se puede contrastar con el contenido de los diálogos.

En el núcleo se distinguen algunas fases consecutivas del suceso que son:

  1. Del 1 al 24, Suceso de los requesones y llegada del carro.
  2. Del 25 al 30. El encuentro con el carro de los leones.
  3. Del 31 al 51. El lance de la aventura. El valor de don Quijote contra la mansedumbre del león.
  4. Del 52 al 59. La conclusión y término.

El núcleo o primer plano del  acontecer.

1 –  no supo qué hacer dellos, ni en qué traerlos
2 – por no perderlos, … acordó de echarlos en la celada de su señor
3 – con este buen recado volvió a ver lo que le quería
4 – El del Verde Gabán, que esto oyó
5 –  tendió la vista por todas partes
6 –  no descubrió otra cosa que un carro
7 – le dieron a entender (dos o tres banderas pequeñas) que …
8 – se lo dijo a don Quijote
9 – pero él no le dio crédito
10 – le pidió la celada
11 – no tuvo lugar de sacar los requesones
12 –  le fue forzoso dársela
13 – Tomóla don Quijote
14 – con toda priesa se la encajó en la cabeza
15 – como los requesones se apretaron
16 – exprimieron,
17 – comenzó a correr el suero por todo el rostro y barbas de don Quijote
18 – recibió tal susto
19 – Calló Sancho y
20 –  diole un paño
21 – dio con él gracias a Dios
22 – Limpióse don Quijote
23 – quitóse la celada …
24 – las llegó (las gachas) a las narices
25 – Llegó en esto el carro de las banderas
26 – Púsose don Quijote delante
27 – Llegose en esto a él Sancho
28 – El carretero, que vio la determinación de aquella armada fantasía
29 – Apeose el carretero
30 –  desunció a gran priesa
31 – En el espacio que tardó el leonero en abrir la jaula primera
32 – estuvo considerando don Quijote si sería bien hacer la batalla antes a pie que a caballo
33 – se determinó de hacerla a pie
34 – Por esto saltó del caballo
35 – arrojó la lanza
36 – embrazó el escudo
37 – desenvainando la espada, paso ante paso, con maravilloso denuedo y corazón valiente, se fue a poner delante del carro, encomendándose a Dios de todo corazón, y luego a su señora           Dulcinea
38 – puesto en postura a don Quijote
39 – abrió de par en par la primera jaula
40 – pareció de grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura
41 – Lo primero que hizo fue revolverse en la jaula
42 – abrió luego la boca
43 – bostezó muy despacio
44 – con casi dos palmos de lengua que sacó fuera
45 –  se despolvoreó los ojos
46 –  se lavó el rostro
47 – sacó la cabeza fuera de la jaula
48 – miró a todas partes con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma temeridad
49 – con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula
50 – Viendo lo cual don Quijote, mandó al leonero que le diese de palos y le irritase para echarle fuera
51 – don Quijote, poniendo en la punta de la lanza el lienzo con que se había limpiado el rostro de la lluvia de los requesones, comenzó a llamar
52 – conocieron que el que hacía las señas era don Quijote
53 – perdiendo alguna parte del miedo, poco a poco se vinieron acercando
54 – hasta donde claramente oyeron las voces de don Quijote
55 – Finalmente, volvieron al carro
56 – Dio los escudos Sancho
57 – unció el carretero
58 – besó las manos el leonero a don Quijote por la merced recibida
59 – prometiole de contar aquella valerosa hazaña al mismo rey

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