La oración apofántica

En esta entrada trato de aclarar mejor la noción de oración apofántica, menos conocida por no ser terminología gramatical o lingüística. La explico en el capítulo 24 de El texto de la narración en español. El término procede de Martínez Bonati y lo llamo más frecuentemente mostración o también estrato mostrativo. Dice un autor chileno:

Llamo oración apofántica a la oración que expresa un juicio predicativo simple, esto es, la oración enunciativa o asertiva, que afirma o niega algo de algo. Sigo la terminología de Aristóteles en De Interpretatione, quien denomina a este tipo de oración logos apofanticós

Mirko Scarica Zúñiga

La oración mostrativa o apofántica del texto de la narración se encuentra en los siguientes estratos: en el primer plano o núcleo, en el segundo de imperfectos con acción argumental y en las descripciones; término tradicional, y que consiste en el estrato de la mostración con imperfectos que no implican acción argumental y no son dichos por el narrador.

La explicación de Martínez Bonati:

Así, a modo de ejemplo de lo que entiendo por oración apofántica, podemos considerar oraciones como “Venus es un planeta”, “Sócrates no es egipcio”, “Mi padre murió”, “Mi nieto está estudiando”, etc. Mi propósito en el presente trabajo es establecer una comparación entre estas oraciones y establecer, de ser posible, una relación con las oraciones simples que no caen bajo la categoría de apofánticas, en cuanto que no expresan un juicio predicativo simple, esto es, no afirman ni niegan algo de algo.

Martínez Bonati, F.: Representación y ficción, (1981)

Este es el criterio que define la mostración objetiva y sirve para distinguir esta de  la voz del narrador. Como consecuencia hay tipos de oraciones que no pueden aparecer  en la parte apofántica del texto narrativo. Por lo tanto son ajenas a su gramática. Entiendo que  lo especifico de esta gramática es el texto apofántico, puesto que lo demás es lenguaje común, aunque tenga el carácter de pseudolenguaje en los parlamentos diálogados.

La gramática general no considera esta distinción de oraciones y en  las ejemplificaciones los autores las entremezclan. Porque su perspectiva es la sintaxis constitutiva  de la oración, con independencia de cualquier contexto, como es el texto narrativo. Y convendría hacer estas diferenciaciones.

Mirko Škarica Zúñiga. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.  Instituto de Filosofía.

Dos narradores y dos autores

El capítulo XVII, 2ª parte del Quijote,  relata  “la aventura de los leones” y empieza así:

Cuenta la historia que cuando don Quijote daba voces a Sancho que le trujese el yelmo, …”.

Esta frase la dice un hablante, pertenece a un narrador. Los personajes son hablantes, pero su  lenguaje de hablantes se encuentra dentro de la representación. Si hay varios personajes hay varios hablantes: don Quijote, Sancho, el leonero, el del Verde Gabán son personajes. Su hablar es un hablar representado. El narrador no es hablante de este tipo, no pertenece a este estrato mostrativo, no es un personaje. La frase cuenta la historia que no la dice un personaje a otro. Se encuentra en una estructura de comunicación fingida dentro del escrito narrativo y es otro estrato, Precisamente el hablar del narrador, lo forma su hablar, en él hemos de situar al narrador, no se mezcla con el hablar de los personajes.

La frase, Cuenta la historia, son palabras de un narrador. Cita un libro ya  escrito, que contiene a otro narrador. Este segundo narrador es el que, quizá, reproduciéndolas, dice las palabras de don Quijote, que daba voces a Sancho que le trujese el yelmo.  Si las dijera don Quijote sería  Sancho: trae el yelmo o  algo semejante.  No sabemos cómo lo pone el libro que cita, Puede ser estilo directo o indirecto. Pero la forma daba voces a Sancho que  es lenguaje indirecto de uno o de los dos narradores. El narrador  del libro lo puso así o el segundo narrador lo expresa así.

Una historia tiene un narrador. Hay dos narradores. Porque si el narrador está citando una historia ya escrita antes, esa historia que no es suya, contiene la voz de un narrador que no es él.  Esta duplicidad es un juego al que es aficionado Cervantes, más adelante en este capítulo reaparece.

Dice Cervantes en el prólogo que el libro es hijo de su entendimiento y más adelante que lo encontró ya escrito. Hace simulaciones y por otra parte no distingue entre autor y narrador, como se hace hoy, ni entre narrador hablante y representación. Todo el texto de la historia la cuenta el autor-narrador. El autor es el narrador y es el que habla en todos los estratos.

Hacia la mitad de la aventura el narrador segundo cita al autor del libro, tomando de él apóstrofe que dedica a la valentía y arrojo de don Quijote: ¡Oh fuerte y sobre todo encarecimiento animoso don Quijote de la Mancha…”. El segundo narrador, reporta las palabra del primero, que desde fuera de la representación o historia que escribe se dirige a don Quijote, como a persona real y como personaje verdadero. El narrador habla al personaje. Dando a entender que es verdadera historia y don Quijote persona real: Tus mismos hechos sean los que te alaben, valeroso manchego, que yo los dejo aquí en su punto, por faltarme palabras con que encarecerlos.

Dirigiéndose a don Quijote le ensalza. El primer narrador cita al segundo y reproduce su habla en lenguaje directo: el apóstrofe que dirige al personaje, con la apariencia de una comunicación hablada real, pero es el segundo narrador y no rompe la magia de la representación. Es como una representación en otra.

Después de la introducción, el imperfecto don Quijote daba voces a Sancho, el verbo de comunicación dar voces es reproducción de lo que dijo el personaje, pero lo dice el narrador. Estas palabras pudieran estar en el libro de la historia en lenguaje directo: tráeme el yelmo o en el mismo indirecto, con el que o dijo que. Esto no se puede saber, el estilo indirecto delata al narrador. El Quijote, en cualquier caso, no tiene dos narradores, aunque el querer presentar la ficción como historia lleve a estos juegos de desdoblamiento. Por otra parte, el narrador es por naturaleza anónimo o falso, en el sentido de ser figura inmanente. No parce posible que en la estructura de la comunicación narrativa propiamente hablando haya lugar para diferenciar narradores identificados y distintos,

Entre objetividad y subjetividad

Comento aquí algo que acerca de la amalgama y ambigüedad que se produce entre las intervenciones del narrador que habla y la representación en la que no puede oírse ninguna voz, salvo la de los personajes, con este fragmento del Quijote:

Agradecióselo mucho Sancho, y, besándole otra vez la mano y la falda de la loriga, le ayudó a subir sobre Rocinante; y él subió sobre su asno y comenzó a seguir a su señor, que, a paso tirado, sin despedirse ni hablar más con las del coche, se entró por un bosque que allí junto estaba.  Seguíale Sancho a todo el trote de su jumento, pero caminaba tanto Rocinante que, viéndose quedar atrás, le fue forzoso dar voces a su amo que se aguardase. Hízolo así don Quijote, teniendo las riendas a Rocinante hasta que llegase su cansado escudero
Quijote cap. IX Primera Parte

Don Quijote se pone en marcha y Sancho le sigue. La marcha es toda ella una secuencia de acciones de Sancho: Agradecer, besar la mano, ayudar, subir él, comenzar a seguir, entrarse en el bosque. de estado: el bosque estaba allí. Y el último verbo, estar no es acción.

Continúa un  segundo plano de dos acciones: Sancho  seguía / Rocinante caminaba. Y se añade un gerundio viéndose. Las tres acciones son simultáneas. Y después viene un perfecto simple en perífrasis  que introduce  un acto de habla, dar voces y el estilo indirecto que se aguardase. Que naturalmente lo dice el narrador. La expresión tanto que  es una relación causal que conecta el caminar de don Quijote con el dar voces de Sancho

Esta conexión es una relación de causa, por tanto, un elemento lógico, propio del pensamiento, un elemento de subjetividad o de juicio. La cuestión es, pues, si aquí interviene alguien o bien hay que aceptar que estos elementos relacionales son conectores propios de la representación, no introducen a un hablante. Esta interpretación me parece la correcta. La acción de caminar deprisa don Quijote y la queja de Sancho tienen esta relación.

Hay una intervención del narrador no en esta relación de causa a efecto, sino en el hecho de que las palabras de Santo las reporta él. Asunto independiente, pues podría mantenerse la relación causal entre la marcha de don Quijote y el gritar de Sancho con el uso del lenguaje directo: le fue forzoso dar voces a su amo: aguárdese.

El tema que pongo de manifiesto aquí es el planteado el capítulo 27, La voz del narrador del libro: El texto de la narración en español (2016). donde se hace un primer planteamiento entre la objetividad de lo representado y la subjetividad que supone la intervención de un hablante. No puede trazarse una completa separación y deslindamiento, pero se distinguen.

Atribución y verbos de lengua

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
— La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
— ¿Qué gigantes? — dijo Sancho Panza.
— Aquellos que allí ves — respondió su amo — de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

Cervantes nunca deja de poner un verbo de lengua para atribuir cada frase a quién la dice, aunque sea innecesario. En el comienzo del capítulo octavo, al que corresponde el pasaje anterior, aparecen tres verbos de lengua. El primero inicia el diálogo, don Quijote dijo a su escudero. Este hecho de hablar pertenece a una serie, los hechos anteriores: descubrir los molinos, verlos, decir. El tercer hecho es el hecho de hablar o decir. Se trata de una acción narrativa como la de ver los molinos.

De los molinos añade el aspecto de sus aspas según se vean, pero con la acción de decir, el verbo de lengua, permite añadir el decir mismo. La lengua no se representa con palabras descriptivas solamente, sino con la lengua misma. Se reproduce (en lenguaje directo), o se reporta (dicho por otro, indirecto). Con los verbos de lengua, y con los de pensamiento interior verbalizable, se puede incorporar la misma acción, con la representación icónica. Se duplica la representación: primero con su acto, decir, comentar o exclamar y a continuación se representada en su ser: lo dicho.

Este es un fenómeno de redundancia, de atribución cuando ya está clara. La atribución significa saber quien es el autor de las palabras. Si en estas líneas se suprimieran los verbos de lengua. Se suprimiría la atribución. Con la comparación siguiente en columnas paralelas puede el lector calibrar la necesidad de los verbos de lengua cuando.

Son necesarios para evitar la ambigüedad, por ejemplo la pregunta ¿Qué gigantes?, podría hacersela don Quijote, como pregunta retórica, y se contestaría él a si mismo.

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
— La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
— ¿Qué gigantes? — dijo Sancho Panza.
— Aquellos que allí ves — respondió su amo — de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio dijo:

— La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos
comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

— ¿Qué gigantes?

Aquellos que allí ves de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

Caso supuesto de ambigüedad

es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
— ¿Qué gigantes? — dijo Sancho Panza.
— Aquellos que allí ves — respondió su amo — de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? Aquellos que allí ves de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.