Relato en primera persona. El Lazarillo de Tormes

Relato en primera persona. El Lazarillo de Tormes

Cuando un personaje, el protagonista de ordinario, narra su propia aventura como hace Lázaro de Tormes, la  voz narradora y la voz del personaje coinciden, son la misma voz. Voz narradora significa aquí que la representación la confecciona el protagonista y habla en ella.

Como el hablar común es irrestricto por su naturaleza y el hablar de los personajes es  común,  un personaje puede  confeccionar la representación de su propia vida,  contarla él.  Pero la narración del personaje está inserta en la representación. El hablar del personaje y el hablar del narrador son diferentes. Aquel es un hablar representado, es pseudofrase icónica, no es hablar real.  Y el hablar del narrador es un hablar  inmanente y pero no representado. En esto difieren.

Como todo hablar conlleva la situación comunicativa que establece la relación entre primera y segunda personas, tanto al personaje que habla como al narrador  le corresponde un “tu” y un “yo” y la diferencia reside en que la situación comunicatva inserta en la representación mostrativa: los personajes conversan entre sí y también narran. Y con el narrador no esto no se da. El hablar del narrador no se representa, no es una comunicación representada entre hablantes, como el diálogo de los personajes. El hablar del narrador es un hablar verdadero, pero inmanente, presupone una estructura de comunicación inmanente al texto narrativo completo. El narrador es una voz que habla a quien lee. El narrador es el “yo” y el lector es el “tu”.  En cuanto aparece una voz que habla, se la oye leyendo el texto y no es un personaje, se hace presente esta estructura de comunicación interna de la narración. En la que el hablante es inmanente, no real. Y lógicamente el oyente no está en el texto con ninguna réplica. Pero puede ser sujeto explícito de apelación: amigo lector. Esta es la estructura de la comunicación narrativa propiamente hablando.

Cuando se trata de un relato autobiográfico como el que hace Lázaro, el narrador es personaje.  Si el personaje narra, construye una representación  no desaparece porque está en ella.

Sucede lo mismo en la narración que no es autobiográfica. El hablante que confecciona el comienzo de la representación y se la atribuye, sigue como hablante, es decir como narrador, pero desaparece en la representación donde nadie habla y no es autobiobráfica.  Pero si lo fuera estaria también en la representación. De modo que el hablante narrador tiene la identidad del personaje. Un mismo sujeto tiene dos voces.  Aunque se confundan son distintas. En el texto apofántico mimético el narrador calla como narrador. Pero en ese texto habla como personaje y como resulta que el personaje se pone a narrar, se confunden las voces. Cuando un hablante cuenta su caso, si confecciona una representación de él, se convierte en personaje y es también narrador. Y el hablar de un personaje narrador  es un hablar representado.

Par interpretar este punto hay que tener en cuenta que en la representación solo hablan los personajes, el narrador calla. Su hablar es la situación comunicativa. El narrador no cuenta la representación, la representación se da a sí misma. Pero cuando el hablante cuenta su caso se convierte en personaje representado.  Dos intancias.

La figura de Lázaro pertenece al mundo representado, y por ello e observ a su hablar como a tercera persona. Auque al introducir en la representación narrativa su vida, aparece la primera persona contándola.

De lo anterior parece deducirse que lo autobiográfico  depende de la figura de un hablante representado. No es un hablante inmanente ni es un hablante real. Por esta razón que requiere mayores precisiones, la narración autobiográfica no contradice lo afirmado: en la representación nadie habla, pero hablan los personajes y aparecen representaciones que ellos se atribuyen.

En el texto del Lazarillo de Tormes habla Lázaro como persona real (aunque sea falso) y también como narrador. La mostración autobiográfica se origina en el hablar de un personaje y se objetiva dentro de ella. El narrador suele ser en los texto una voz anónima; ahora no es anónima, sino conocida, es  la voz de Lázaro, el personaje es el sujeto narrador. Hace los dos papeles. El autor anónimo lo presenta como real. Su hablar se encuentra en la comunicación y en lo representado . Resulta difícil distinguir sus voces diferentes.

Analizo este fragmento:

“Yo como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo  que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente, con una muy delgada tortilla de cera taparlo; y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor de, luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada, espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo que podía ser.

-No diréis, tío, que os lo bebo yo – decía-, pues no le quitáis de la mano.”

El personaje Lázaro habla de sí con hablar común por ser parte de lo representado y sigue el texto mostrativo en primera persona. Obsérvese que podría todo él conmutarse por tercera persona sin dificultad. Todo él párrafo es un segundo plano en imperfectos, salvo la acción “acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil“, que es el núcleo. Es un buen ejemplo de segundo plano y los imperfectos recogen la condición habitual de estas acciones. Y la última frase “no sabiendo que podía ser”  es voz del narrador que da una explicación. Es el lenguaje indirecto del pensamiento del ciego. Y después viene el estilo directo, el hablar de Lázaro en sus propias palabras,  que contrasta con lo representado anterior.

Tenemos un narrador inmanente, una representación con un personaje que habla en primera persona y la voz representada de ese personaje en lenguaje directo. Modos diferentes de un de un mismo hablante.

Cuando Lázaro presenta el libro en el prólogo lo hace por pura traza,  como dice Julio Cejador en su edición, esto es haciéndose pasar por real y como si la narración fuera  contada por él. Según esto el personaje también real. Esta es la traza porque los dos son ficticios.(Texto del Lazarillo citado por la edición de F. Rico en  Cátedra)

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