Relato en primera persona. El Lazarillo de Tormes

Relato en primera persona. El Lazarillo de Tormes Cuando un personaje, el protagonista de ordinario, narra su propia aventura como hace Lázaro de Tormes, la  voz narradora y la voz del personaje coinciden, son la misma voz. Voz narradora significa aquí que la representación la confecciona el protagonista y habla en ella. Como el hablar … Sigue leyendo Relato en primera persona. El Lazarillo de Tormes

Palabras del narrador en el capítulo XVII

  Palabras del narrador en el capítulo XVII del Quijote. Voy a entresacar las veces que el narrador habla en este capítulo. 1  “Cuenta la historia que" Comienza el capítulo  con una frase de estilo indirecto, se cita el libro de don Quijote, la historia,  y con un “que” introductor se añade la cita: todo el libro … Sigue leyendo Palabras del narrador en el capítulo XVII

Dos narradores y dos autores

El Quijote no tiene dos narradores, aunque el querer presentar la ficción como historia lleve a juegos de desdoblamiento. El narrador es por naturaleza anónimo o falso hablante, en el sentido de ser figura inmanente. No parce posible que en la estructura de la comunicación narrativa propiamente dicha, de la que hablo en otro lugar, se encuentre la posibilidad de diferenciar dos o más narradores, como si fueran personajes, identificados y distintos,

Solo hay un narrador

En la teoría sobre el texto de la narración que defiendo, solamente puede hablarse de un narrador. En un estrato del texto habla é, pero hay otro estrato, compuesto de varios, que es puramente mostrativo. En él se da una representación, se muestra una historia singular. Nadie habla en ella, se mira lo representado como se contempla un  retablo; no se escucha lo que alguien dice, se presencia un suceso articulado. Es una estructura temporal, pero  nadie habla y si nadie habla no puede haber narrador. Las palabras están ahí, pero no hay enunciación.
Soy consciente de que esta afirmación contradice la doctrina más corriente sobre el texto narrativo. Ser “testigos directos” de la acción – dice Chatman – es la alternativa al hecho de que alguien te esté contando algo. Chatman  rechaza la noción de mímesis, como discurso apofántico porque no es la realidad misma, aquella de la que se es “testigo directo”.  Por lo tanto siempre en la mímesis hay alguien que habla. Lo representado no es un objeto, no es mímesis, lo dice un hablante.
Se cae en el equívoco de que como hay palabras alguien las enuncia. Siempre tiene que haber un hablante. Por tanto detrás de lo representado hay un narrador y de ahí se  pasa a explicar el punto de vista, la focalización y demás, como atribuido a una persona.
Si no se entiende la representación como presencia objetiva, entonces tenemos siempre un hablante detrás de lo representado