Tiempo real y tiempo representado. Caperucita

He modificado algo una versión anterior de este artículo. Trato de preparar al lector para que se entienda el estatuto lógico del hablar del narrador y poder demostrar que, tanto en un texto histórico como en un texto ficticio, tiene los dos el mismo estatuto irreal. Sin diferencia alguna que pueda deducirse del texto. Marcos será persona real y autor del escrito evangélico, pero en su hablar en él como narrador no es real.

En una historia con animales, ficticia por su propio argumento, se nos dice que Caperucita salió al bosque con su cesta. Pues bien, salió es un tiempo pretérito de la conjugación, pero no corresponde a un suceso pasado. El pretérito indica pasado si alguien te dice “Merceditas salió al bosque con su cesta” y Merceditas es tu hija y te lo dice un vecino con el que hablas hoy. Entonces Merceditas salió y es un suceso pasado real. Te lo refiere alguien hoy.

Pero las frases de Merceditas salió al bosque y Caperucita salió al bosque son iguales. Y no te dicen si las niñas son reales o no. Lo sabes porque Caperucita es un cuento muy conocido, y no salió ayer ni antes de ayer, no salió nunca. El lobo tampoco y no habló con él.  Ambos están en el cuento, fuera de nuestro tiempo presente, pasado o futuro. Sabes también que Merceditas salió, porque es tu hija y estuvo de excursión o es la hija de tu vecino.

Pero en realidad si salió al bosque Caperucita, y le pasaron cosas, sí. Ocurrió en ese tiempo imaginario del cuento. En cierto modo puedes afirmar que Caperucita salió. Lo hizo porque cuando presenciaste la representación (leyéndola) esa salida estaba representada y la vistes. La vistes en tu presente de espectador. Es verdad que, cuando la presenciaste estabas, por el embrujo imaginario de la ficción, fuera del tiempo real, y te habías sumido en otra esfera de tiempo. Un tiempo representado incompatible con el de la realidad del mundo y con la vida y las exigencias de su acontecer alrededor de nosotros. Sobre el tiempo real se pone la cerca de un paréntesis cuando se contempla.

Si en ese momento, absorto como estabas por la suerte que corría Caperucita, alguna persona te toca el hombro, te da un teléfono y dice: “te llaman”. Te saca de ese presente imaginario para traerte al presente del que te llama; que es también es el tuyo, pero como te habías ausentado, estabas fuera y te violenta con la interrupción.

¿Qué diferencia hay entre la primera y la segunda frase?  Pues la distancia que va desde la ficción a la realidad. Pero esa diferencia no la da el texto o la frase. En ambos casos se está ante un hecho representado, con la misma frase. Las frases pueden alargarse una tras otra, más y más, hasta tener la representación completa, y si es cuento y pasado real, no lo podremos saber, por el lenguaje. La representación como lenguaje, por su estructura, por sí misma, no dice que sea real o ficticia, ni una cosa ni la otra. Lo dicen factores no lingüísticos.  El hecho de hablar con el vecino o el conocer que Caperucita es personaje ficticio, porque te sabes el cuento. Y porque conoces la realidad de los lobos que no hablan.

Y si ahora hablas tú mismo y dices: Caperucita iba muy contenta, pero no debió hablar con el lobo y menos aún decirle a donde iba. Su madre debió advertirla. Lo dices en pretéritos.  Estos tiempos pretéritos, iba, no debió, se refieren al argumento del cuento, no al tiempo de la representación, que no es real y no se puede señalar.  Tu pretérito no puede ser tiempo pasado tuyo, hablarías como si estuvieras dentro del tiempo de la representación, estarías fuera de ti, en el mundo representado. Es decir, fuera la realidad y el perfecto simple que empleas no tiene señalación deíctica.

No es un hablar vivo, sería tu tiempo pretérito real; pero no estás en él, estás en la representación, que se sitúa fuera de la actualización del verbo, fuera de todo señalamiento deíctico, estás completamente fuera de la realidad. Pues ese hablar irreal es el hablar del narrador referente a la representación.

No puede ser un hablar vivo, el común hablar, el comprometido con el tiempo propio de la enunciación; porque si lo fuera se establecería, en último término, una comunicación real entre lo que hizo Caperucita y lo que tú dices, persona viva, dices. La comunicación entre la representación, de los qu están en su tiempo y sus lectores es un imposible. Así, solo puede hablar el narrador.  Como el hablar que proviene o está en una situación de comunicación irreal, y es la que tenemos en el texto de la narración, una pseudo situación de comunicación entre narrador y lector.

Pero si el vecino dijera al padre de Merceditas una frase semejante, no debías haber dejado salir a Merceditas, sería una comunicación real que porque la presencia externa de las personas se sitúa en el tiempo real. Este conocimeinto lo da l praxix de la comunicación real, la del narrador no lo es.

Foto de Jeroen Kransen.   Little Red Riding Hood..
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4231635

José Antonio Valenzuela

 

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