Marginalias por M. Molina Cerisola

MAURICIO MOLINA CERISOLA

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS COLEGIO DE HISTORIA
TESIS PARA OBTENER EL TÍTULO DE LICENCIADO EN HISTORIA
ASESORADA por JAVIER RICO MORENO
Noviembre 2011. México, D.F.

LA ENUNCIACIÓN DEL APARATO CRÍTICO EN LAREPRESENTACIÓN HISTORIOGRÁFICA

COMENTARIO. Impresiones primeras sobre Marginalias

La tesis de Mauricio Molina Cerisola incide sobre todos los puntos que se tratan en el estudio del texto narrativo en este lugar de WordPress. Expone muy bien la doctrina de Benveniste que establece las dos correlaciones que se establecen entre los pronombres personales. La primera correlación se establece entre el yo hablante y el tú oyente, exigido por el yo, por lo tanto, significa la enunciación del hablante y la comunicación que se establece entre ellos. El contenido vacio de los pronombres permite a cualquiera enunciar y dirigir la enunciación a otro cualquiera. Yo es cualquiera que enuncia y el es también cualquiera y, por lo tanto, es posible la comunicación alternante entre dos sujetos cualquiera. Con el uso de estos pronombres la lengua siempre es enunciada por una primera persona. La segunda correlación se establece entre estos pronombres y el e tercra persona, él.

¿Qué forma de habla se constituye con el discurso en este pronombre, que no es hablante?  Ricoer que aprecia esta ausencia y lo cita, pero en este punto no sigue adelante. Porque toda lengua necesariamente tiene un enunciador.

Y como el texto que le interesa a Cerisola es el texto historiográfico, es decir, la narración que se efectúa sobre sucesos pasados, concluye o se mantiene en la idea de que este discurso sin hablante lo confecciona el mismo historiador y por ello, se quiera o no, es el hablante del discurso que carece de hablante. Este discurso no contiene ni el yo ni el tú, los únicos hablantes y yo lo tengo por pura representación.

El concepto de representación nace de la referencialidad, el concepto de comunicación está implicado en la enunciación del yo dirigida al tú. Cuando en la enunciación y comunicación aparece la referencialidad surge el mundo representado.

Estos elementos y sus dos correlaciones dan pie a la separación entre el hablar y el representar y su confusión da pie a discutir entre escritor y autor y a la presencia representada del autor como hablante del texto objetivo, un texto sin sujeto hablante..

Se percibe en la discusión de esta tesis el embrollo que produce una noción de enunciación, cuando impide tomar conciencia de la diferencia entre hablar y representar. Esta tesis confirma la necesidad de distinguir estas dos actividades, creo que le hubiera sido más liviano al autor el inmenso trabajo que ha desarrollado , a mi juicio, excelente, aunque sirva solo para poner de relieve el problema, sin plantearlo directamente.

COMENTARIO: Sobre la nota cuatro de la Introducción General

Habla en esta nota a pie de página.de los géneros discursivos ficcionales y los de veridicción o historiográficos. Que corresponden en mis escritos al texto de ficción y al texto de historia respectivamente. Recoge la idea del relato mítico como precedente del relato historiográfico, un relato que no distingue entre lo verdadero y lo falso, entre lo acontecido y lo imaginario.Y esto es lo que sucede precisamente con la representación, según la entiendo y explico en este blog, desde el análisis del texto narrativo.

El texto de la representación no tiene relación con el tiempo, puesto que no es un texto enunciado, y el tiempo lo pone la persona enunciante. El pasado solo aparece cuando alguien habla de un suceso pretérito. Este presente del hablante, marcando deícticamente su pretérito y situando en él la representación de un suceso, origina el texto que es historiográfico. Y como la enunciación es presente,  los tiempos del verbo que el emplea son los pretéritos, que indican deícticamente su pasado. Pero cuando el hablante no es verdadero, no hay enunciación y estos tiempos del pasado gramatical no indican más que representación.

Dice en su nota 4 el autor de la tesis, Mauricio Molina, que: “son numerosos los autores que coinciden en afirmar que la aparición del discurso histórico constituyó la condición de posibilidad para la emergencia del discurso ficcional”

Y así lo veo yo también. Si la historia y la ficción no se distinguen entre sí en ámbito del mito y no las distingue un niño en su primera etapa, será porque esta distinción se alcanza después de haberse desarrollado la representación. La del pasado en tiempo real. El texto narrativo a mi me dice que, con independencia de su génesis y de los géneros discursivos, el relato del pasado es el primero en el uso de la representación y el relato ficticio es el segundo. Si se cuenta algo que pasó (primero), se podrá inventar lo que no pasó (segundo).

La representación la capta un un niño cuando todavía no distingue entre realidad y ficción, porque no ha incorporado la contraposición tiempo / no tiempo. No distingue entre lo real o lo no real.

Cita Mauricio Molina a Alfonso Reyes: “historia y literatura se mecieron juntas en la cuna de la mitología” ,  puede decirse que en el mito y en la etapa infantil coexisten confundidas la ficción y la veridicción o historia real. El concepto de representación exige luego que se distinga entre lo real y lo ficcional, cuando estas categorías se pueden distinguir y corresponden al tiempo / no tiempo. Pero esta distinción se realiza fuera del texto mismo. El discurso histórico, con su pretensión de hablar de lo real-acontecido con verdad, requiere que los sucesos representados estén apoyados con elementos de veridicción añadidos al texto. Necesitan comprobaciones externas al texto. Y el discurso ficticio, cuando ya se sabe que es ficticio, exige del lector la aceptación de lo narrado y esta es la naturaleza fundante de la representación. Sea o no algo real-acontecido está delante como la realidad misma de la que no es permitido dudar.

La ficción y la historiografía están vinculadas con la representación. Y , como he demostrado que la representación en ambos es de igual naturaleza lingüísticamente, me parece que el texto histórico o su representación, requiere la veridicción externa, que no puede provenir de lo representado. Este es el tema de la tesis.

 Por último cita Barthes y Genette, que a mi no me aportan nada, coinciden en hacer de la historiografía el género de veridicción por excelencia. Pero el texto narrativo tal como está enfocado en mi trabajo, no es un género. Conviene tomar nota de que a lo largo de la tesis el autor utiliza los términos representación historiográfica académica, representación histórica, historiografía académica, o bien historiografía sin más, para referirse al discurso histórico formalizado. Pero contar un suceso pasado pertence a la conducta de todo hablante.

Comentario sobre el discurso historiográfico

Mauricio Molina Cerisola estudia el género historiográfico. Las observaciones que hago tienen como contraste o trasfondo el estudio expuesto mi blog <http://textonarrativo.com&gt; y en academia.edu. En mi estudio solo atiendo al texto que contiene la representación de un suceso. El discurso académico historiográfico supone un texto de asunto histórico, muy elaborado, con toda la tradición de los escritos históricos, y acompañado hoy en día de un considerable aparato crítico. Y también me refiero a la representación elemental, en su conformación como lenguaje.

He mostrado que el texto de la representación es ajeno al tiempo y a la subjetividad de un hablante. Y por esta razón he afirmado que no se puede distinguir en el texto del suceso que queda representado, si es historia sucedida en un tiempo real o en tiempo de mera ficción, fuera del tiempo real. Y este es el tema que estudia Mauricio Molina, centrándose en el aparato crítico. Otro texto que avala la historicidad de la narración (texto narrativo primario) o certifica que la representación de lo sucedido corresponde a un suceso real.

Como la distinción entre historia y ficción no la puede dar el texto mismo, si se quiere establecer la diferencia, es decir, identificar el discurso historiográfico como género, es necesaria la verificación exterior al texto. Y visto este asunto desde el enfoque que me es propio, el texto narrativo, caben dos posibilidades para garantizar que el texto es historia.

La primera es que se trate de una representación vinculada a la enunciación de un hablante, lo que significa que la representación está inserta en el hablar o comunicación correspondiente y viva, de tal modo que ese hablante que la produce, es quien la avala y certifica. No es el texto, sino el enunciante, que habla con un compromiso de veridicción, que puede o no cumplir. Se presupone que dice la verdad y el suceso fue real y acontecido. Se le cree.

La segunda consiste en que el texto historiográfico, o la sencilla historia narrada, venga acompañada de pruebas y se certifique por ellas su historicidad. Las pruebas son también elementos externos al texto narrativo. Como pueden ser las ruinas del lugar y sus restos, el pozo y las tapias que han quedado de la casa. Estas pruebas ya no necesitan del hablante. Pero sirven de prueba también los  testimonios de otros hablantes.

En todo momento de la tesis se considera que la representación de una historia está ligada a una enunciación. El entero discurso historiográfico lo enuncia algún hablante. Aunque tiene motivos para no plantearlo así, puesto que el estudio y comentario tan oportuno y bien expuesto, que hace de Benveniste se lo pone en bandeja. Si la representación está en tercera persona, no hay comunicación en el texto y nadie habla en él por lo tanto. Y además, sin persona hablante no puede haber tiempo como resulta manifiestamente claro. Solo con la primera persona hay tiempo, la segunda es inseparable de la primera, solamente con el yo con el hablante entra el tiempo en la lengua y se actualiza en él.

Pero esto no ocurre en el discurso de representación en tercera persona. Este discurso es, desde luego, lengua activada por el hombre ¿Cómo no? Pero ni es comunicación ni es hablar. Es un objeto confeccionado con lenguaje. No se trata de una representación enunciada como asume Molina con todos los autores que tratan el tema. Y me resulta agotador el afán que tienen de encontrar, una y otra vez, con insistencia constante, todos los teóricos, un enunciador en ella. Como no lo encuentran dicen que está oculto o está implícito. No obstante el discurso historiográfico tiene un compromiso con la realidad y con el tiempo pasado. Es el tema de su trabajo. Es un tema aparte y problema distinto el de la palabra de un narrador, fuera del texto de la representación. En ella se quiere ver al historiador representado. Bueno, eso es para tratarlo aparte.

Comentario a la correlación de personalidad

Benveniste en relación con las personas, (sigo la exposición de Cerisola sobre este punto en el epígrafe de la página 85 ) viene a decir lo siguiente:

La tercera persona ”él” se sitúa en correlación con la primera y la segunda “yo-tú”, que son inseparables. La oposición o correlación consiste en la indicación de persona /no-persona. El yo y el son personas, y él marca la no-persona, puesto que en la frase el tren corre, siendo gramaticalmente tercera persona no hay  persona. Con el uso de la tercera persona la predicación del verbo es ajena al enunciante yo y al que recibe el enunciado tú.

La tercera persona, por tanto, no es persona, sino una instancia con la que se refiere algo ajeno a los intervinientes en la alocución comunicativa. Con la tercera persona “se predica el mundo como algo ajeno a la comunicación intersubjetiva operada por los hablantes”. No hay “situación de alocución real”, no hay comunicación. La representación no es comunicación y se realiza en tercera persona.

La tercera persona tiene como referencia todo lo que pasa. Lo que pasa puede no tener sujeto, y si lo tuviera y fuera la acción de una persona humana, sería parte de lo que pasa, como la lluvia o el ruido. Porque ese sujeto nunca entrará el la alocución comunicativa entre el yo-tú.

El tema del discurso historiográfico es que alguien enuncia lo sucedido en el pasado. Y se tropieza con la dificultad de encontrar la representación de su yo hablante donde nadie habla ni hay enunciación, ni alocución comunicativa. El tropiezo al enfocar este problema consiste, a mi juicio, en que  el discurso historiográfico, no es pura representación del pasado. Puesto que el texto narrativo tampoco es todo él representación.

La narración es una estructura lingüística dual, que contiene una falsa alocución: la del narrador sin persona real que le respalde. Es necesario descomponer el texto narrativo para que la representación del pasado quede deslindada de la voz interna del narrador, que en el texto historiográfico académico puede ser la presencia del autor real o historiador, o no serlo. Puesto que esa voz no lo puede decir, es necesario certificar externamente que el narrador representa el pensamineto del historiador. El narradoe hstoriog´rafico y el narrador del texto ficticio tienen el miso estus.

Comentario: deficiencia en los autores que le sirven de base

El texto narrativo está sin estudiar.

Por fortuna encuentro algo que al menos lo roza y por ello comento la tesis de .Cerisola. El texto narrativo esta por estuiar y a ello me dedcco.

La correlación entre primera y segunda persona

La primera persona carece de referente. Es forma vacía y puede ser ocupada o utilizada por cualquiera de los que tienen interiorizada la lengua. En nuestro caso el yo, la primera persona en español. El hablante inserta su persona en el yo gramatical y vacío y lo llena con su acto de hablar. En el acto de hablar el yo es ya la persona referente y referida, corresponde al individuo que habla y se menciona a sí mismo. Y las frases de la lengua que pronuncia le pertenecen a él.

Un hablante se refiere a sí mismo mientras habla  con el pronominal yo. Y mientras con su enunciación está situando las frases en su presente, aunque no se mencione. En general, cuando alguien habla, todo lo que dice, está  relación con su presente. Si dice una frase, como la paloma vuela, el vuelo de la paloma hay que referenciarlo a su presente de persona viva.

El carácter deíctico en el verbo

El verbo es un deíctico.  Las frases, la lengua en su frases concretas, han entrado en el correr del tiempo por medio del tiempo de algún individuo vivo. Las frases están vinculadas al tiempo por medio del tiempo real de un individuo singular.

Así, con el presente de un verbo ocurre lo mismo que con el pronominal yo. Se conoce por la gramática que vuela es un presente en el paradigma de la conjugación, pero hay que saber donde está el presente. Porque la palabra no lo es. La palabra del paradigma es un término vacío, sin referente a un momento real, es un término en espera de que alguien lo use. Es atemporal, pero está disponible para que cualquier hablante lo llene con su tiempo al enunciar la frase la paloma vuela. Entonces, la acción predicada de la paloma, tiene su tiempo que lo toma de la persona que habla, por definición en presente. En todo caso puede indicar pasado o futuro, pero con referencia al tiempo suyo.  

La frase pertenece a la persona que la enuncia y tiene también la propiedad de tomar como referente de tiempo el suyo, señala el presente suyo, su tiempo real y verdadero. La enunciación primaria es la hablada. En el hablar la frase se inserta en la pertenencia de de un hablante y en su tiempo.

La lengua hablada en comunicación es primordial

En la génesis del lenguaje la lengua o el sistema, la gramática, se interioriza en el hablante al tiempo que se ejercita en el habla.  Lengua y habla no son elementos separados, como si con el sistema se llegara a formular el habla. Porque con el habla, balbuciendo, se llega a formar el sistema.  Ademas, es notorio que el sistema queda oculto para el mismo que lo posee, y lo aplica con con corrección gramatical, sin conocimiento de la gramática. El sistema se forma al tiempo que se ejercita el habla.  

Lo primario es también que la lengua ejercitada, desde el balbucir, es comunicación, porque el hablar se hace posible si se dirige hacia otro. El yo que habla implica el tú que escucha y no es posible sin él. Esta correlación yo-tu, con términos  implicados entre sí, lleva al diálogo.

El aspecto reversible del intercambio dialogal proviene de que cualquier oyente puede apropiarse del yo, y ser hablante. El yo vacío está siempre disponible, y si el oyente lo toma y se dirige a su hablante hay una réplica y nace el diálogo. Esta comunicación reciproca es algo originario. Tiene un carácter no lingüístico, sino comunicativo, primordial y social. Es un acoplamiento. La lengua es comunicación entre hablantes.

Lo anterior es tan evidente que se presupone ya que en la lengua todo es hablar y comunicación y por lo mismo enunciación de alguien. Y no se desarrolla el hecho que de la tercera persona se deriva la objetividad, el lugar donde nadie habla, es decir, la representación.

Esta es una forma derivada y posterior. Lo sostengo desde todos los ángulos posibles en mi blog, pero es poca la insistencia, hasta que llegue el momento de recoger las entradas escritas en un libro.

¿Dónde está el enunciador?

La tesis es original y en cierto modo única y tan valiosa para mi. En su desarrollo trata el texto narrativo de pasada y se apoya en autores como Bajtin y otros, de los cuales toma sus apreciaciones incorrectas sobre el texto. Y así afirma con ellos la existencia de dos enunciaciones: la del texto historiográfico y la del aparato critico. Siguiéndoles en su confusión, el texto de la historia tiene un enunciador y en este caso es algo hablado (o escrito) y comunicado. De donde se deriva la pregunta: ¿Dónde está el enunciador? Y la necesidad de distinguir entre autor real y autor representado, y se llega concluir identidad entre el historiador real y el narrador.

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