El Lazarillo. La primera persona (2 de 2)

El Lazarillo. La naración autobiográfica.

Complemento la entrada anterior para precisar la estructura del texto autobiográfico.

Lázaro en el prólogo se dirige a alguien, Vuestra Merced, porque  le ha pedido que “relate el caso muy por extenso”  y comienza a escribir su vida: “Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mi llaman Lázaro de Tormes”.

Lázaro es personaje ficticio pero pretende pasar por persona real, un  pregonero de Toledo que hace una demanda por escrito.  Dice F. Rico que en su tiempo el libro  “no se dejaba leer como “ficción” de buenas a primeras”.  Y además tenía un parecido con la forma de carta, que es forma de comunicación no ficticia –  las cartas se usan para la narración de hechos reales -,  y dar así  razón de su caso, el último punto de su biografía, que resulta ser la murmuración sobre su matrimonio.

La biografía de Lázaro pretende pasar por un relato de hechos reales y por tanto escrito por persona verdadera. Ya hoy no tenemos duda de que sea fingido. Pero ¿hay manera de averiguar explícitamente, por el texto mismo, si es verdad todo o es todo ficción? Porque esto la lengua misma no lo puede decir directamente. Lo sabemos por información exterior al texto. Por eso en este juego si la ficción pretende ser real, tiene las de ganar.

Esta simulación se hace en el Quijote.  Pero Lazarillo de Tormes tiene ventaja en el engaño por ser  un relato en primera persona.  La tercera persona cuenta con la  objetividad. En el Lazarillo  la primera persona está  presente a lo largo de la historia. Mientras que en la narración de tercera persona, el narrador calla y su voz se “entromete” de vez en cuando  en la representación.

Para analizar el caso hay que tener en cuenta lo dico en otro lugar. que digo en el número 36 de El texto de la narración en español. Digo que  en el discurso narrativo lo primero no es si se trata de historia o de ficción, sino si se trata de comunicación verdadera o de representación. La contraposición no es  entre verdadero o ficticio, si Lázaro es un pregonero de verdad o un personaje imaginario. Lo primero es averiguar si estamos ante un hablar común, alguien nos habla o ante una mostración que se presencia y no habla nadie. Importa  poco si esta mostración es histórica o ficticia.

Esto es primero porque son dos usos del  lenguaje diferentes. Weinrich lo llama situaciones de comunicación y no es exactamente eso.  Hay que recordar el origen del discurso narrativo apofántico,  la representación, el retablo con su historia, que es la retrospección que se establece al mencionar un punto pasado: “mi nascimiento fue dentro del río Tormes”. Esta frase es una retrospección en el  hablar común. Pero si este momento de retrospección, deixis real del pasado,  da lugar a una larga historia; la historia  requiere  mostración y la mostración inactiva la deixis.  Y ante la mostración se dja de oír y se empieza a contemplar. Si la mostración es verdad o es ficción se podrá averiguar después. Si hay simulación nos enteraremos de otra manera.

Por lo tanto no nos debe importar resolver la cuestión de si el pregonero llamado Lázaro existió de verdad. Lo que importa es que se trata de una representación con lenguaje, lo que importa es que no hay comunicación real,  lo que importa es que en una representación  nadie habla, (el  diálogo de los personajes es un hablar representado).  Este hablar lo observamos con distanciamiento; el hablar del narrador nos compromete, pero solo en el marco de la inmanencia.

Cuando la comunicación real da paso a un contecimiento y encontramos a una referencia continuada al pretérito,  y a partir de ella  se articula una mostración de lo pasado, entonces la representación anula el lenguaje comunicativo.

El problema que nos ocupa en la autobiografía es que al pasar de una comunicación a una representación, el lenguaje de comunicación se mantiene de modo constante en lo representado. Pero es distinto. Esa primera frase retrospectiva – “mi nascimiento fue”-  , frase de comunicación, da paso a la mostración. Y en ella un personaje habla con lenguaje representado, con  pseudofrases.

Y este lenguaje, sea histórico o ficticio, está desligado de la situación del hablar común.  La figura en la representación tiene un lenguaje irrestricto. Un personaje,  puede hablar con lenguaje de comunicación dentro de lo representado. Si, por acaso, cuenta una historia (es decir hace una representación) tenemos una historia dentro de la historia en tercera persona,  como en las caja chinas.

Pero si habla de sí y representa su historia, parece que no se ha salido de la retrospección histórica y del halar común, y continúa aparentemente igual, con la pretensión de ser real y seduce con mayor fuerza.

El estrato mostrativo de una autobiografía es pseudo hablar, hablar dentro de lo representado, no hay lenguaje de comunicación, aunque lo parezca, es una comunicación que no sale de lo representado.

Pendiente de revisión 2020

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