La arquitectura de la lengua

Este artículo, capítulo de un libro de próxima aparición, contiene una interpretación modificada de los tiempos presente, pretérito perfecto simple y pretérito imperfecto de indicativo. Se reforma el valor temporal que se les asigna. Se definen los discursos básicos de lengua, sus dos páginas: hablar y narrar

El que construye la lengua es el pueblo mismo, la crea y la mantiene y la transmite. Y la llama con su propio nombre. El esfuerzo por comunicarse, la capacidad innata para formarla y el empleo de la voz y el oído, resuelven los problemas de incomunicación. Forman la comunidad humana, la desarrollan con su lengua hablada. De la misma manera, con las mismas facultades se construye entre grupos distintos y resultan lenguas distintas. Algunos puntos en esta construcción deben deducirse, es el momento constructor del lenguaje, a una arquitectura de la lengua y del hablar, que la lingüística no contempla.

La formación que hace el pueblo de la arquitectura de su lengua no es visible. Hay que descubrirla con la lógica natural de los hechos. Hago ahora la narración de algunos. Será un bosquejo de su formación, lo más parecido a un hallazgo. ¿Una hipótesis? Se deduce que la lengua se configuró en desde la incomunicación anterior como se describe.

El diálogo

Empezamos con el acto más elemental de la comunicación que es el diálogo. Dos que se miran de frente a los ojos y a los labios, tienen delante una fuente con fruta, intercambian unas palabras y después ella toma una apetecible manzana, la prueba y se la a su compañero que la prueba dándole otro mordisco. Las condiciones de este diálogo son: hablan uno y después otro, de lo que tienen delante, por turno, en presente de indicativo, usan la voz y el oído. Ella tiene un pasado, un diálogo que sustenta el presente, pero no sale a relucir, no lo menciona, solo habla del ahora. Es la primera pieza de la comunicación y conviene detenerse en sus elementos obvios, para entender mejor algunos momentos de la construcción de la lengua.

En todos los diálogos actúan dos partes, la primera dirige a la otra una comunicación en directo, la segunda la recibe y contesta de la misma manera. Son dos intervenciones iguales, una primero y otra después, que es réplica entablada con la con la anterior, contestación. Es lo mínimo para que haya diálogo, dos intervenciones vincculadas entre sí En el diálogo hay dos enunciaciones. Cuando una enuncia, la otra simultáneamente escucha. Hay dos comunicantes, pero un solo presente. Para que la comunicación del diálogo sea completa tienen que hablar las dos partes. La lengua no puede consistir en hablar uno solo. El monologo no puede estar en el momento naciete de ningune lengua por la lógica de los hechos.

La labor colectiva de formar la lengua propia se lleva a cabo con procesos que no son visibles ni del todo conocidos. Un verbo, por ejemplo, saltar, tiene en español más de ciento treinta y dos formas diferentes de expresar la única raíz verbal, salt, estas palbras se confeccionaron por el propio hablar de la gente del pueblo. Hago una narración de hechos dan como resultado su arquitectura. Una forma constrida. Es naturalmente asunto de los primeros usuarios.

Los tiempos de los verbos tienen un nombre que puso luego la gramática grecolatina, al interpretar su valor con conceptos de tiempo. Pero la arquitectura de su formación tuvo unos motivos y una lógica desconocidos para los gramáticos griegos y latinos. La gramática interpreta con conceptos temporales, pero la gramática no hizo la lengua.

El diálogo es un acto elemental que pertenece a los comienzos de la formación de la lengua, pues la lengua es comunicación. No puede existir comunidad humana sin ella. El coloquio diario lo practicaron los hablantes primeros, sin que nadie les enseñara y sus niños lo aprendieron solos y de oído, como hoy.

Con la palabra arquitectura quiero significar la acción del colectivo edificando la lengua misma. Y servirá para separarnos de la perspectiva lingüística. Porque la lengua, aparte de sus signos y de su sistema de unidades, es un hecho social. Se expone en este bosquejo una interpretación diferente a la que hacen las gramáticas.  Alarcos Llorac en su Gramática de la Real Academia Española (1999) prescinde del concepto de tiempo pasado, presente, futuro aún vigente y escoge el de perspectiva. Como comprobaremos la clasificación temporal no puede corresponder al diseño de la arquitectura de la lengua.

Nos vamos a referir concretamente al presente y a los dos tiempos narrativos principales el pretérito perfecto simple y el pretérito imperfecto. Daremos una interpretación ligeramente diferente y definiremos los discursos básicos de la lengua de otra manera.

El presente

Supongamos que la frase voy (vas /va) al jardín, cualquiera de las tres, pertenece a un coloquio. El hablante menciona la acción de ir en presente de indicativo gramatical y con él se refiere a su presente vivo.  La persona viva que habla vincula su tiempo a la acción que menciona, sea suya o de otro. Por eso la palabra voy, presente no indica un tiempo, donde se sitúa la acción de ir como en el apartado de un armario de tiempos. No indica tiempo, ni espacio de tiempo.

¿Qué indica entonces? Por difícil que resulte pensarlo, indica que en el tiempo del hablante está también la acción de ir, están ambos en la misma esfera de la vida. ¿Y esto es así porque lo dice el presente? Sí, pero no es un certificado de verdad, que la acción de ir sea viva, se tiene que comprobar en la vida misma o simplemente creerlo.  El que usa el presente no sitúa una acción en el tiempo, dice que está en el tiempo vivo como el suyo, la haga él o algún otro. Esto se dice solo con el tiempo presente. El que habla, usa el presente porque es el vínculo de las acciones con el tiempo. Y el único tiempo que hay es el suyo. El presente no significa un fragmento de tiempo ni un fragmento de tiempo que no existe.

La acción no es simple imagen, como si dijera botijo o pera o un concepto. El presente es parte de la vida, está asociado a ella. Nos salimos del sistema para estar en la vida. El presente gramatical está cargado de tiempo, y a esto se le llama o le llamo enunciación. La enunciación es un acto humano que señala el tiempo, la vida.

En resumen y repito, el presente no indica tiempo, como si fuera un fragmento del tiempo, indica asociación o vinculación, no indica franja ni punto cronológico alrededor del cual hay tiempo.  El tiempo tiene una naturaleza distinta y no se puede conceptualizar, como las cosa sin vida. Por lo que solo se puede enunciar en presente, la explicación del presente no puede hacerse solo dentro de los signos de la lengua, o en el sistema, es arquitectura o pragmática. (Vid Alarcos oc. página 157)

No hay más tiempo que el humano, el tiempo de la persona viva que habla, las palabras no tienen tiempo. Se trata –voy– de una acción que se está realizando en el mismo tiempo del que la usa. La enunciación, que es un concepto lingüístico sin precisión terminológica, la entiendo de esta manera, ese es su significado en este escrito; la enunciación es hablar con vida y la actualización significa que la lengua que fue enunciada una vez y para siempre, como el resto de los seres de la vida que luego caducan.

La inteligencia artificial de los chats no actualiza la lengua. Estos mecanismos de manipulación trabajan con lengua actualizada, que se encuentra en muchos medios y la acarrean con algoritmos. Por actualización quiero decir y doy a entender que la frase fue enunciada en algún momento del que queda solo la memoria.  Por esta razón la i.a. plantea la autenticidad de las frases y produce la confusión de hacer difícil la distinción entre lo vivo y lo pintado.

El pretérito

Si se entiende esto, se deducirá que en pretérito gramatical no se puede enunciar nunca, porque un hablante no dispone de su tiempo pasado. Ninguna persona viva dispone de su pasado, porque ese tiempo fue un movimiento que pasó y no existe ya. Cuando estos tiempos gramaticales, los pretéritos simple e imperfecto aparecen en el relato no son enunciativos a diferencia del presente que sí lo es. No pueden vincular un tiempo que no tienen. El presente es lo no marcado. Puede ser tiempo o no serlo. El imperfecto es marcado solo es imagen sin vida.

El tiempo del sujeto que habla es verdadero tiempo, lo vincula a la acción que adscribe a sí mismo, al tú o a otros.  Al ámbito temporal de la vida humana, no es un instante en el tiempo, es comunicación y comunidad, vinculado a los escuchan o están en comunicación. El acto fugitivo, como el momento presente, se esfuma, se hace ausente. Pero el diálogo es al mismo tiempo comunicación, el presente humano no tiene una dimensión matemática, es dimensión humana. El tiempo de enunciar es lo que consideran los hablantes, es variable en su medida. Presente es un minuto, un día, un siglo. El tiempo presente es dejar de ser.   Dejamos en este punto la paradoja del tiempo, para considerar lo siguiente.

El medio dialogo

El intercambio dialogal que se puede prolongar indefinidamente, según la medida del presente humano, con otras intervenciones, el presente se estira. Pero también se estira de otra manera. Cuando a la primera intervención no le sigue ninguna respuesta, aunque haya comunicación y expectativa de entablar comunicación de respuesta. Esto tiene que ocurrir, pero ha de ser en un momento posterior al diálogo. Y ocurre de hecho. Es el discurso del que habla comunicando a otros el contenido de su hablar y en ese acto está excluido el diálogo. Un libro. Se argumenta, se expone, se explica, se describe, se informa, se declara sin diálogo. No se espera recibir respuesta al menos para incorporarla como diálogo.

Este discurso equivale a medio diálogo, supuesto que todo hablar es comunicación o hablar a otro o con alguien. Según consenso general, toda pieza de lengua es comunicación. Por lo tanto, tenemos otro discurso de comunicación que es medio diálogo o simplemente hablar.

 La naturaleza del tiempo

El primer hablar, la primera manifestación de la arquitectura de la lengua tiene que ser diálogo, porque la lengua es colectiva y es comunicación. Lo mismo es decir hablar que decir comunicar. Como también lo mismo es decir tiempo que presente. Porque el tiempo es uno solo fluir en el ser humano y siempre fugitivo. Por otra parte, y es una idea de consenso general que la lengua es siempre comunicación, como uso exclusivo. Pero a mi juicio esto es discutible.

Cuando se toma conciencia de que el presente es continuo cambio, desaparición de realidades y de lo desaparecido solo queda la imagen en la memoria, entonces aparecen como partes separadas lo presente y lo ausente, lo fugaz de la presencia y lo permanente de la ausencia, lo anterior y posterior, lo vivo y el recuerdo. La fugacidad humana tiene entonces dimensiones no matemáticas, se denominan los sucesos y trocean partes, se nombra el tiempo. El presente es el hablar vivo de dimensión humana variable y el pasado no es tiempo pasado que ya no existe, sino ausencia e imagen en el recuerdo. Lo presente humano se contrapone a lo ausente que es también humano.  Creo que a lo que se enfrenta la arquitectura de la lengua no es la contraposición gramatical presente/pasado, sino presente/ausente.

La división en tiempos presente y pasado es la interpretación que ha hecho la gramática de la arquitectura de la lengua, una explicación dominante, notoriamente inadecuada, llena de incoherencias, que ha llevado a Alarcos Llorac a prescindir de la interpretación temporal, aunque no del todo. Otra interpretación en el mismo sentido fue la Weinrich, pero esta fue disparatada.

Tenemos que hablar de dos cosas diferentes: la enunciación en presente, que no significa zona de tiempo, sino con el tiempo real. Y la representación de la memoria y sus imágenes, que es estática y no tiene tiempo.  La gramática ante la aporía del tiempo que es ser y dejar ser lo ha cambiado de naturaleza, ha conceptualizado el tiempo.

Dos discursos

Con estas reflexiones hemos encontrado que hay dos discursos:

El primero. Usa el presente gramatical el cual, pese al nombre que le impuso la gramática, no significa un punto temporal de coincidencia con el momento del habla o con una zona alrededor de él. Significa que la acción evocada por la lengua está en la vida, es decir, no es imagen, se realizan en la esfera del tiempo, sin especificar la coincidencia con el acto de la palabra. Expresa, pues, vinculación al tiempo real en el que está el hablante, que tiene la realidad del tiempo, está cargada de tiempo.   No significa el presente gramatical zona de tiempo presente o punto temporal cronológico, sino vinculación del evento mencionado al tiempo real. Véase lo que dice Alarcos Llorac:

El presente, por ejemplo, no denota siempre la estricta simultaneidad de la noción evocada por la raíz verbal en el momento de habla. En Ya sube la escalera, el «subir» coincide, sin duda, con el momento en que se profiere ese enunciado; pero en Llaman a la puerta, el «llamar» es inmediatamente anterior al acto de habla, y en Ahora mismo subo, el «subir» será inmediatamente posterior a la expresión de esa secuencia. Así, el presente no significa la mera coincidencia de la noción verbal con el acto de habla, sino un segmento temporal en que ese acto está incluido. Por esta latitud de aplicación, puede usarse el presente para denotar hechos que en la realidad temporal están situados en zonas anteriores o posteriores al «ahora (Página 156, n. 220)

El presente, pues, no alude estrictamente al presente cronológico, sino que sirve para denotar cualquier época (Página 157, n. 221)

El segundo. Usa los tiempos gramaticales de pretérito perfecto simple y pretérito imperfecto, que no significan zona de tiempo situada en el pasado, sino ausencia de tiempo, representación de imágenes atemporales.

Uno, el primer discurso se emplea en el coloquio ordinario de la vida, en tiempo vivo. En textos de valor permanente, explicaciones, explicaciones, argumentos, la prosa ordinariamente escrita en libros o leyes y demás intervenciones del mundo real y se excluyen de él narraciones de hechos que se escriben sin tiempo, el presente histórico que es representación sin tiempo y se usa porque como he indicado es tiempo no marcado. Usado por personas singulares que sin diálogo asocian el tiempo de su vida en las comunicaciones generales que producen. Como este libro.

Otro, el segundo, es el narrativo, discurso sin tiempo verdadero y fugitivo, sin diálogo. Tienen verbos de acción, pero solo la imagen, sin tiempo real asociado. Es imagen de tiempo, pero no lo tiene. No se enuncia, no está cargado de tiempo. Ni comunica ni tiene posibilidad de diálogo. Es representación. Todo esto lo he descrito muchas veces. El diálogo en presente, como es natural, de las novelas es reproducción sin tiempo, imagen. ¿Pero los sucesos son tiempo? Se construye una imagen de tiempo con series verbales de accione seguidas. -se asemejan al paso del tiempo.

Por tanto, no asocia tiempo humano a sus palabras. No establece comunicación con nadie. ¿Qué pasa con este lenguaje que emite sin tiempo y sin comunicación? No tiene tiempo vivo asociado y queda simplemente expuesto. Lo que hace el hablante es representar. Usa tiempos pretéritos que no tienen tiempo, para representar lo ausente. Y no comunica porque el narrador trabaja solo en su taller y produce un objeto.

Queda de manifiesto la inadecuada interpretación que hace la gramática de la arquitectura temporal.  Son imágenes de acción sin tiempo. No representan ni señalan el tiempo pasado, sino lo ausente. El pretérito perfecto y el pretérito imperfecto no significan franjas de tiempo, sino la ausencia de tiempo, su desaparición. Lo que el tiempo ha hecho desaparecer. Es la respuesta de la arquitectura temporal a la aporía del tiempo, al tiempo que hace desaparecer las cosas, representa sus imágenes sin tiempo. La narración no es tiempo, sino representación y por lo tanto ausencia. La aporía del tiempo es presencia y ausencia, que la gramática interpreta como presente y pasado.

¿La lengua es siempre comunicación? ¿La enunciación es la única forma de activarla? Lo pongo en duda, me ocuparé de ello en otra ocasión.

Conclusión

El primer discurso es el coloquio en presente hablado y el medio diálogo que es el hablar, sin diálogo, en el tiempo único del presente, es el discurso de las exposiciones, argumentos, leyes, materias de enseñanza. Lo que Weinrich llamó comprometido frente al distanciamiento de la narración. Es hablar comunicativo.

El segundo discurso es el discurso narrativo con toda su complejidad. Granada