Tipos de escrito I. Descripción

Tipos de escrito I: Narración y descripción

Por Miriam Álvarez

El libro, editado por Arco libros, Tipos de escrito I: Narración y descripción de Miriam Álvarez, me sirve como ejemplo de las ideas comunes que circulan acerca de la descripción narrativa. Las pongo en contraste con las que en este blog expongo. Ya me ocupé de lo que la autora dice de la narración. En esta entrada comento la descripción.

La descripción es la segunda parte de este primer cuaderno de la colección que dirige L. Gómez Torrego y que, a diferencia de la primera parte, ya comentada, está más en consonancia con la realidad del texto que describo en este blog. Esto tiene su razón de ser.

Es muy explicable, porque el texto narrativo toma su carácter propio de su núcleo interior, la serie de indefinidos, que contiene la historia o suceso, lo que estrictamente se entiende por “narración”. La descripción es una representación que carece de argumento, de suceso hilvanado o historia, y no contiene, por lo tanto, el núcleo articulado de la representación temporal: el suceso. Pero la descripción no se separa de él. La autora lo entiende bien, no se puede separar del texto narrativo. Aparta, en cambio, de su consideración las descripciones técnicas, ajenas a la narración y propias de exposiciones de este carácter.

La autora al exponer la descripción recoge sus elementos esenciales, los de su estrato en la estructura del texto.

En primer lugar, compara la descripción con una pintura hecha con palabras, lo que ya da idea de que nadie habla. Así es la contemplación Visual de lo sensible, en la pintura se apoya en este tipo de percepción, pero la lengua puede describir el mundo interior de pensamientos y sentimientos. Este es un terreno que requiere deslindar la descripción del hablar del narrador, que no está en el pensamiento de la autora.

Se describe con palabras lo interior y lo no visible. Y esta peculiaridad de la representación descriptiva realizada con la lengua es una acertada puntualización. Tiene, en efecto, consecuencias en el entendimiento de la representación narrativa. Se pueden representar, dice, no solo los pensamientos y sentires, sino las realidades abstractas. Ejemplifica con la distinción clásica entre topografía y etopeya. Por ello, las figuras literarias, entre ellas la comparación y la metáfora, se presentan como procedimientos descriptivos en los textos narrativos.

La comparación que comenta: la basura y las sobras las mueve el aire “como mariposas de se buscan y huyen” (La Regenta), es descripción de la realidad, representación de ella y no exige – añado yo – interpretar que detrás de la comparación, está hablando alguien. Es descripción, mostración eficaz. El lenguaje permite este procedimiento. Es representación en la que nadie habla. Y se deduce que las comparaciones y
metáforas y otras figuras de lenguaje son parte del texto en que nadie habla.

Nada de lo que se dice está en contradicción con lo esencial de la forma narrativa ni impide entender que la representación es un ejercicio
y es también un texto, ejercicio como pintar, pero con lenguaje se pinta la realidad visible y la no visible.

También explora el campo de la vinculación entre suceso y descripción y el de la descripción en presente y sin historia.

Con respecto a las formas verbales recoge lo que es doctrina tradicional: se describe con imperfectos y con presentes, por ser formas abiertas que no encadenan acciones. Dan lo estático, pero no hace referencia al hecho de que el imperfecto tanto como el presente pueden contener acción argumental, formando un segundo plano que no es descriptivo. Y entiende que el imperfecto es acción pretérita, aunque le adscribe cierta atemporalidad, la interpretación que da de este tiempo es distinta.

Por lo demás observo que su meta es que el estudiante se ejercite en conocer las partes narrativas y descriptivas, con sus diversa formas y elementos. Esto, es ya algo. Facilita la identificación de los textos y los comentarios. Pero los estudiantes de Lengua Española son ya escritores y narradores. Tienen que escribir mejor las frases que ya escriben y desarrollar los estratos del texto que también escriben. Hay que poner delante de ellos las frases descriptivas y ejercitarlos en ellas, escribiéndolas una y otra vez, hasta comprenderlas en su uso, como el aspirante a pintor en su estudio.

Yo soy de la opinión que no sirve de mucho aconsejar que, para escribir, hay que ser observador y tener sensibilidad, si no se pone al estudiante en el trance y en la necesidad de serlo. En parte, creo, que no se enseña a escribir, porque no se conoce el texto de la narración.

Pienso que hay que empezar los ejercicios por los diálogos y el núcleo de indefinidos, que son lo elemental y asequible a todos en la lengua hablada cotidiana. Siempre con el caballete y los pinceles bajo el brazo. Sin conocer bien el texto mismo, no se puede enseñar a escribir, se enseña en todo caso a comentar textos.

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