La dualidad incompatible: hablar y representar

Son incompatibles, como el decir y el hacer. Para entender la representación se necesita separar la representación de lo representado o al menos distinguirlo. El texto de la narración lleva al mundo representado. Y en la contemplación del mundo se disuelve la comunicación hablada: el yo el tú, los elementos que nos rodean, el tiempo en que habitamos; y ante el espectáculo del mundo creado, hasta el mismo texto, que nos lleva a ese mundo, parece que se esfuma. Las historias no las cuenta nadie.