Los pasos entre la representación, el hablar indirecto y el hablar del narrador

Mc 3, 7-12
Jesús se alejó con sus discípulos hacia el mar. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea.
 También de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán y de los alrededores de Tiro y de Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía.
Y les dijo a sus discípulos que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, por causa de la muchedumbre, para que no le aplastasen;
porque sanaba a tantos, que todos los que tenían enfermedades se le echaban encima para tocarle.
Y los espíritus impuros, cuando lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban diciendo:
—¡Tú eres el Hijo de Dios
Y les ordenaba con mucha fuerza que no le descubriesen.

Universidad de Navarra. Santos Evangelios. EUNSA. Edición de Kindle.

Jesús se alejó con sus discípulos hacia el mar. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea. También de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán y de los alrededores de Tiro y de Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía. Y les dijo a sus discípulos que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, por causa de la muchedumbre, para que no le aplastasen; porque sanaba a tantos, que todos los que tenían enfermedades se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus impuros, cuando lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban diciendo: —¡Tú eres el Hijo de Dios! Y les ordenaba con mucha fuerza que no le descubriesen.

Pido que se admita sin cuestionarlo que esta frase: Jesús se alejó con sus discípulos hacia el mar, es una representación.

Representa una acción, porque las palabras representan, cuando me hacen ver a las personas, a Jesús y discípulos caminando desde un lugar interior hacia el mar. Las palabras en una página escrita están tan desvinculadas de su producción, como lo está un cuadro si representase a las personas en el camino. El escritor es tan externo y está tan separado de ellas como lo está el pintor. ¿Quién está pintando el cuadro? Nadie. ¿Quién está diciendo las palabras? Nadie.

Y lo mismo pido de las siguientes: le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea; vino hacia él una gran multitud.

Y también pido la misma consideración para la siguiente, al oír las cosas que hacía. Esta petición la apoyo con una explicación. Ahora tenemos una relación de causa, porque oyó, o de tiempo, cuando oyó, que relacionan ambas representaciones. Si esa relación no estuviese expresada con palabras, diría: *vino hacia él una gran multitud que oyó las cosas que hacía. Se tendría que inferir la relación, lo haría el lector.

Se trata de dos representaciones tejidas con una relación entre ellas. La representación hecha con palabras es así, permite esos enlaces. Este entrelazamiento no obliga a pensar que lo ha dicho alguien. Lleva a pensar, más bien, que las representaciones hechas con palabras se emplean relaciones que el lenguaje emplea cuando se habla, pero ahora sin hablar. Es privilegio del lenguaje.

Con la siguiente frase, Y les dijo a sus discípulos que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, por causa de la muchedumbre, para que no le aplastasen, la cuestión es distinta. Veamos.

La frase, les dijo a sus discípulos, es la representación del hablar de Jesús, que está incompleto, porque le falta el objeto directo. El objeto de la acción de Jesús son las palabras mismas que dijo. Y esas no vienen. Las palabras que siguen son de alguien distinto, que habla y su acto de decir no ha sido representado antes.  A ese individuo que habla y nos cuenta lo que dijo Jesús, escamoteando sus palabras, lo llamamos narrador. Y ya, con él, no hay representación que valga., estamos ante la voz de un individuo. A esto se le llama en la gramática estilo indirecto.

Bueno, pues ya que llegamos la frase, que le tuviesen dispuesta una pequeña barca, que dice que dijo Jesús, pregunto:
Las frases siguientes ¿son representación, son reportaje de hablar hecho por el narrador, son simple hablar del narrador sobre los hechos acaecidos?

1 por causa de la muchedumbre,
2 para que no le aplastasen;
3 porque sanaba a tantos,
4 que todos los que tenían enfermedades
5 se le echaban encima para tocarle.
6 Y los espíritus impuros,
7 cuando lo veían
8 se arrojaban a sus ies
9 gritaban
10 se arrojaban a sus pies
11 gritaban diciendo:
12 —¡Tú eres el Hijo de Dios!
13 Y les ordenaba con mucha fuerza que
14 no le descubriesen.

O, de otra manera, pregunto:  ¿Cómo lees las frases? ¿Las lees como alguien que te cuenta o recuperas la lectura que te lleva a contemplar hechos representados, sin que ya hable el narrador?

José Antonio Valenzuela Cervera

Ejercicio 8 para cualquiera

Terminado el ejercicio podrás contestar a varias preguntas.
Ahora sigue la lectura del párrafo siguiente
Primero el núcleo
.

La ofrenda de la viuda



Marcos 1, 41-4

Sentado Jesús frente al gazofilacio. miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y  bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas pequeñas que hacen la cuarta parte del as. Llamando a sus discípulos, les dijo:
— En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos los que han echado en el gazofilacio, pues todos han echado algo de lo que les sobra; ella, en cambio, en su necesidad, ha echado todo lo que tenía, todo su sustento.

Señala las acciones de segundo plano, imperfectos




son tres imperfecos de acción

Sentado Jesús frente al gazofilacio. miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y  bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas pequeñas que hacen la cuarta parte del as. Llamando a sus discípulos, les dijo:

Señala el infinitivo, gerundio y participio

son acciones, y sabemos que se atribuyen a Jesús y a la viuda por el verbo personal al que acompañan: miraba sentado, echó dos monedas al llegar, dijo llamando a sus discípulos.

sentado Jesús frente al gazofilacio. miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y  bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas pequeñas que hacen la cuarta parte del as. Llamando a sus discípulos, les dijo:

¿Cuál es la intervención que tiene el narrador?


Es de una persona que habla. Esta frase no representa ningún hecho, solo explica el valor de las monedas.

Sentado Jesús frente al gazofilacio. miraba cómo la gente echaba en él monedas de cobre, y  bastantes ricos echaban mucho. Y al llegar una viuda pobre, echó dos monedas pequeñas que hacen la cuarta parte del as. Llamando a sus discípulos, les dijo:

Este breve y conmovedor párrafo para cualquier persona sensible, tiene cuatro estratos:
núcleo
segundo plano
estrato del hablar del narrador
diálogo


Este breve párrafo
fuerte para cualquiera
tiene cuatro estratos:

núcleo
segundo plano
estrato del narrador
estrato de los diálogos

FIN

Ejercicio 7 para observadores

Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando, rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero; pero, con todo esto, dijo a Sancho:

En este párrafo se hace un ejercicio de observación sobre el uso de los imperfectos, para observarlo, señala el núcleo y retíralo

Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando, rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero; pero, con todo esto, dijo a Sancho

Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando, rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero; pero, con todo esto, dijo a Sancho:

Debajo es lo que queda. Observa bien el texto, haz el ejercicio y contesta a las preguntas:

Media noche era por filo, poco más a menos, ... Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando, rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, ……

Preguntas

Marca los verbos de acción por un lado y los de estado por otro.
Observa si hay trama argumental o ausencia de ellla.
En general, son frases que no dice nadie. ¿Alguna puede ser la excepción?
Y si alguna frase la dice alguien ¿quién habla?
¿Qué relación encuentras entre los imperfectos y el tono, digamos algo solemne, de la entrada en el Toboso?
Sin núcleo hay acciones,sí , algunas, pero ¿qué tienen de particular?
Escribe un párrafo imitando la entrada solemne en el Toboso, si te sientes capaz.

Pon la respuesta en el recuadro mensaje

Ejercicio 5 para reacios

El texto de la narración en español es el libro donde explico el núcleo. En el capítulo seis digo algunas cosas como esta: es parte principal de la narración, sin ser toda. El texto tiene varios hilos, tipos de frases, que forman una trama, veces es difiicil deslindarlos, como se verá en este ejercicio.

Otra idea, también el el libro, es que la narración presenta una historia y no la dice nadie. Lo comprobarás en el núcleo del párrafo que veremos. Esto se cumple más que nada en este hilo de la trama, en el núcleo nadie habla. Compruébalo. Este ejercicio te muestra donde está el núcleo y como se lee para encontrarlo. Basta con que lo estudies y lo entiendas. No necesitas hacer más.

Para reacios

Si has entendido el video, puedes hacer lo mismo con otro párrafo, te lo mandaré. No te digo hacer el video. No, el video, no. Me refiero a entracar el núcleo como resultado y comentarlo algo. Si eres capaz escribe diciéndolo en el recuadro Mensaje, te mandaré un párrfo..

Ejercicio 4 para tranquilos

30 doblones de oro, Jesús Sánchez Adalid. Libro VII, capítulo 3, El Asedio

Amaneció con estrépito de pisadas, voces y agudos silbidos de pífanos. Siguió un silencio expectante, que se alargó durante un rato largo y extraño. Tras el cual, de repente, los gritos arreciaron en las torres:
—¡Ya vienen! ¡Nos atacan! ¡Alerta! ¡Alerta!
Estalló en todas partes la agitación, el desorden y el desconcierto, mientras las campanas iniciaron el pertinente toque a rebato y las cornetas enloquecían resonando en los muros; y al fondo, como un rugir lejano y a la vez próximo, el vocerío y los tambores de los moros.
—¡A las armas! ¡Todo el mundo a las almenas! ¡Preparad las mechas! ¡Apuntad! ¡Esos cañones! ¡Todos los cañones mirando al sur! ¡Que nadie dispare hasta que se dé la orden!
Una tropa de soldados, a la carrera, venía desde la ciudadela para apostarse en las defensas de la parte sur de la fortaleza, los oficiales gritaban las órdenes a voz en cuello y los tambores las transmitían. Arriba las mechas encendidas centelleaban en el crepúsculo y el aire de la madrugada parecía estar impregnado de incertidumbre y temor. Las mujeres, los ancianos y los niños corrieron a cobijarse en los sótanos; y en la plaza desangelada nos quedamos únicamente los hombres sanos y jóvenes, esperando a que alguien viniera a decirnos lo que teníamos que hacer.
Se presentó allí el alférez Juan Antonio del Castillo, sudoroso y aturdido, acompañado por un cabo todavía más joven que él. Nos miraron, pensaron, titubearon, y el alférez acabó diciendo:
—¡¿Qué hacéis ahí parados?! ¡Todo el mundo arriba! ¡Arriba! ¡A las almenas!
—¡No tenemos armas! —repuso alguien—. ¿No van a darnos nada para defendernos?
El joven alférez vaciló, como dudando, miró a su ayudante y le ordenó:
—¡Corre a la intendencia! ¡Que traigan inmediatamente cincuenta mosquetes, munición, pólvora…! ¡Corre! No había acabado de dar la orden cuando estalló arriba un cañonazo… ¡Luego otro!… Y una fuerte voz gritó: —¡Fuego! ¡Disparad!
Un tronar de explosiones y tiros brotó en medio de una nube de humo negro, a la vez que nos llovían encima piedras, pedazos de plomo y otros proyectiles. Corrimos a protegernos bajo los soportales y desde allí vimos el ajetreo en las almenas: la carga de los cañones, el acarreo de las balas, el encendido de las mechas, los estampidos…
No había pasado media hora cuando se oyó gritar:
—¡Se retiran! ¡Se van! ¡Alto! ¡Alto el fuego!
Siguió una calma, con toses y carraspeos entre el humo denso, algún disparo suelto y después el silencio total.
—¡Vamos arriba! —dijo alguien.
Siguió una calma, con toses y carraspeos entre el humo denso, algún disparo suelto y después el silencio total.
—¡Vamos arriba! —dijo alguien.
Subimos a las almenas y vimos a lo lejos el polvo que dejaban atrás en su retirada los asaltantes. Algunos caballos sueltos vagaban en desamparo por la ladera, pasando entre los cadáveres que yacían sobre la hierba aplastada. Abajo, en el llano, los moros se concentraban junto a su campamento.
—¿Hay alguna baja? —preguntó el alférez.
—¡Aquí, señor!
Traían a un muchacho herido. Una bala le había rozado la cabeza, por encima de la oreja; tenía el pelo pegado a la herida y un viscoso chorro de sangre oscura le caía por la mejilla y el cuello, hasta empaparle la camisa; pero la cosa no parecía ser demasiado grave.
—Llevadlo a la enfermería —mandó el alférez.
Un rato después llegaron a la plaza dos carretones con nuestras armas. A los que nunca habíamos tenido un mosquete en las manos nos dieron cuatro instrucciones básicas: la manera de agarrarlo, la carga, la mecha, el disparo… A cada cual se le asignó su puesto en las defensas, con severa indicación de no disparar hasta que se diera la orden. Había poca munición y no se debía desperdiciar.
A pleno sol, a resguardo de mi almena, me quedé yo en el sitio que me fijaron, al lado de un soldado viejo que debía aleccionarme en aquellos menesteres de la guerra tan desconocidos para mí.
En mi absoluto desconcierto, le pregunté:
– ¿Cómo ve vuestra merced la cosa?
Aguzando sus ojos de aguilucho hacia donde estaba el enemigo, oteó primeramente el panorama, y luego respondió con mucha circunspección:
—¡Quiá! Son cuatro moros piojosos… Han hecho un amago para ver cómo andábamos de fuerzas…
 —¿Entonces?
—Cualquiera sabe…

Ejercicio

Copia capítulo y pégalo en tu procesador de texto.
Marca las frases con verbos en pretérito imperfecto de indicativo.
Retira todos los pretéritos imperfectos de indicativo, con las demás palabras que le acompañan, la frase entera. Haz todo como en el ejemplo. Las frases en diálogo no se tocan, aunque tengan imperfectos. He marcado los pretéritos pluscuamperfectos también para retirarlos (habíamos tenido).

El ejercicio consiste en observar bien el texto, releerlo. En apreciar la distribución del suceso en sus estratos diferentes. Al retirar parte, queda el texto en su núcleo y con los diálogos. Ahora, prescinde también de los diálogos. ¡Ya está aislado el núcleo! Escríbe la lista de las acciones del núcleo en infinitivos. El infinitivo es el modo de nombrar las acciones. Escribe tus obervaciones y mándalas con el formulario. ¿Cómo explicarías la diferencia entre núcleo y le demás, en este escrito?

Amaneció con estrépito de pisadas, voces y agudos silbidos de pífanos. Siguió un silencio expectante, que se alargó durante un rato largo y extraño. Tras el cual, de repente, los gritos arreciaron en las torres:
—¡Ya vienen! ¡Nos atacan! ¡Alerta! ¡Alerta!
Estalló en todas partes la agitación, el desorden y el desconcierto, mientras las campanas iniciaron el pertinente toque a rebato y las cornetas enloquecían resonando en los muros; y al fondo, como un rugir lejano y a la vez próximo, el vocerío y los tambores de los moros.
—¡A las armas! ¡Todo el mundo a las almenas! ¡Preparad las mechas! ¡Apuntad! ¡Esos cañones! ¡Todos los cañones mirando al sur! ¡Que nadie dispare hasta que se dé la orden!
Una tropa de soldados, a la carrera, venía desde la ciudadela para apostarse en las defensas de la parte sur de la fortaleza, los oficiales gritaban las órdenes a voz en cuello y los tambores las transmitían. Arriba las mechas encendidas centelleaban en el crepúsculo y el aire de la madrugada parecía estar impregnado de incertidumbre y temor. Las mujeres, los ancianos y los niños corrieron a cobijarse en los sótanos; y en la plaza desangelada nos quedamos únicamente los hombres sanos y jóvenes, esperando a que alguien viniera a decirnos lo que teníamos que hacer.
Se presentó allí el alférez Juan Antonio del Castillo, sudoroso y aturdido, acompañado por un cabo todavía más joven que él. Nos miraron, pensaron, titubearon, y el alférez acabó diciendo:
—¡¿Qué hacéis ahí parados?! ¡Todo el mundo arriba! ¡Arriba! ¡A las almenas!
—¡No tenemos armas! —repuso alguien—. ¿No van a darnos nada para defendernos?
El joven alférez vaciló, como dudando, miró a su ayudante y le ordenó:
—¡Corre a la intendencia! ¡Que traigan inmediatamente cincuenta mosquetes, munición, pólvora…! ¡Corre! No había acabado de dar la orden cuando estalló arriba un cañonazo… ¡Luego otro!… Y una fuerte voz gritó: —¡Fuego! ¡Disparad!
Un tronar de explosiones y tiros brotó en medio de una nube de humo negro, a la vez que nos llovían encima piedras, pedazos de plomo y otros proyectiles. Corrimos a protegernos bajo los soportales y desde allí vimos el ajetreo en las almenas: la carga de los cañones, el acarreo de las balas, el encendido de las mechas, los estampidos…
No había pasado media hora cuando se oyó gritar:
—¡Se retiran! ¡Se van! ¡Alto! ¡Alto el fuego!
Siguió una calma, con toses y carraspeos entre el humo denso, algún disparo suelto y después el silencio total.
—¡Vamos arriba! —dijo alguien.
Siguió una calma, con toses y carraspeos entre el humo denso, algún disparo suelto y después el silencio total.
—¡Vamos arriba! —dijo alguien.
Subimos a las almenas y vimos a lo lejos el polvo que dejaban atrás en su retirada los asaltantes. Algunos caballos sueltos vagaban en desamparo por la ladera, pasando entre los cadáveres que yacían sobre la hierba aplastada. Abajo, en el llano, los moros se concentraban junto a su campamento.
—¿Hay alguna baja? —preguntó el alférez.
—¡Aquí, señor!
Traían a un muchacho herido. Una bala le había rozado la cabeza, por encima de la oreja; tenía el pelo pegado a la herida y un viscoso chorro de sangre oscura le caía por la mejilla y el cuello, hasta empaparle la camisa; pero la cosa no parecía ser demasiado grave.
—Llevadlo a la enfermería —mandó el alférez.
Un rato después llegaron a la plaza dos carretones con nuestras armas. A los que nunca habíamos tenido un mosquete en las manos nos dieron cuatro instrucciones básicas: la manera de agarrarlo, la carga, la mecha, el disparo… A cada cual se le asignó su puesto en las defensas, con severa indicación de no disparar hasta que se diera la orden. Había poca munición y no se debía desperdiciar.
A pleno sol, a resguardo de mi almena, me quedé yo en el sitio que me fijaron, al lado de un soldado viejo que debía aleccionarme en aquellos menesteres de la guerra tan desconocidos para mí.
En mi absoluto desconcierto, le pregunté:
– ¿Cómo ve vuestra merced la cosa?
Aguzando sus ojos de aguilucho hacia donde estaba el enemigo, oteó primeramente el panorama, y luego respondió con mucha circunspección:
—¡Quiá! Son cuatro moros piojosos… Han hecho un amago para ver cómo andábamos de fuerzas…
 —¿Entonces?
—Cualquiera sabe…

Amaneció con estrépito de pisadas, voces y agudos silbidos de pífanos. Siguió un silencio expectante, que se alargó durante un rato largo y extraño. Tras el cual, de repente, los gritos arreciaron en las torres:
—¡Ya vienen! ¡Nos atacan! ¡Alerta! ¡Alerta!
Estalló en todas partes la agitación, el desorden y el desconcierto, mientras las campanas iniciaron el pertinente toque a rebato y las cornetas enloquecían resonando en los muros; y al fondo, como un rugir lejano y a la vez próximo, el vocerío y los tambores de los moros.
—¡A las armas! ¡Todo el mundo a las almenas! ¡Preparad las mechas! ¡Apuntad! ¡Esos cañones! ¡Todos los cañones mirando al sur! ¡Que nadie dispare hasta que se dé la orden!
Una tropa de soldados, a la carrera, venía desde la ciudadela para apostarse en las defensas de la parte sur de la fortaleza, los oficiales gritaban las órdenes a voz en cuello y los tambores las transmitían. Arriba las mechas encendidas centelleaban en el crepúsculo y el aire de la madrugada parecía estar impregnado de incertidumbre y temor. Las mujeres, los ancianos y los niños corrieron a cobijarse en los sótanos; y en la plaza desangelada nos quedamos únicamente los hombres sanos y jóvenes, esperando a que alguien viniera a decirnos lo que teníamos que hacer.
Se presentó allí el alférez Juan Antonio del Castillo, sudoroso y aturdido, acompañado por un cabo todavía más joven que él. Nos miraron, pensaron, titubearon, y el alférez acabó diciendo:
—¡¿Qué hacéis ahí parados?! ¡Todo el mundo arriba! ¡Arriba! ¡A las almenas!
—¡No tenemos armas! —repuso alguien—. ¿No van a darnos nada para defendernos?
El joven alférez vaciló, como dudando, miró a su ayudante y le ordenó:
—¡Corre a la intendencia! ¡Que traigan inmediatamente cincuenta mosquetes, munición, pólvora…! ¡Corre! No había acabado de dar la orden cuando estalló arriba un cañonazo… ¡Luego otro!… Y una fuerte voz gritó: —¡Fuego! ¡Disparad!
Un tronar de explosiones y tiros brotó en medio de una nube de humo negro, a la vez que nos llovían encima piedras, pedazos de plomo y otros proyectiles. Corrimos a protegernos bajo los soportales y desde allí vimos el ajetreo en las almenas: la carga de los cañones, el acarreo de las balas, el encendido de las mechas, los estampidos…
No había pasado media hora cuando se oyó gritar:
—¡Se retiran! ¡Se van! ¡Alto! ¡Alto el fuego!
Siguió una calma, con toses y carraspeos entre el humo denso, algún disparo suelto y después el silencio total.
—¡Vamos arriba! —dijo alguien.
Siguió una calma, con toses y carraspeos entre el humo denso, algún disparo suelto y después el silencio total.
—¡Vamos arriba! —dijo alguien.
Subimos a las almenas y vimos a lo lejos el polvo que dejaban atrás en su retirada los asaltantes. Algunos caballos sueltos vagaban en desamparo por la ladera, pasando entre los cadáveres que yacían sobre la hierba aplastada. Abajo, en el llano, los moros se concentraban junto a su campamento.
—¿Hay alguna baja? —preguntó el alférez.
—¡Aquí, señor!
Traían a un muchacho herido. Una bala le había rozado la cabeza, por encima de la oreja; tenía el pelo pegado a la herida y un viscoso chorro de sangre oscura le caía por la mejilla y el cuello, hasta empaparle la camisa; pero la cosa no parecía ser demasiado grave.
—Llevadlo a la enfermería —mandó el alférez.
Un rato después llegaron a la plaza dos carretones con nuestras armas. A los que nunca habíamos tenido un mosquete en las manos nos dieron cuatro instrucciones básicas: la manera de agarrarlo, la carga, la mecha, el disparo… A cada cual se le asignó su puesto en las defensas, con severa indicación de no disparar hasta que se diera la orden. Había poca munición y no se debía desperdiciar.
A pleno sol, a resguardo de mi almena, me quedé yo en el sitio que me fijaron, al lado de un soldado viejo que debía aleccionarme en aquellos menesteres de la guerra tan desconocidos para mí.
En mi absoluto desconcierto, le pregunté:
– ¿Cómo ve vuestra merced la cosa?
Aguzando sus ojos de aguilucho hacia donde estaba el enemigo, oteó primeramente el panorama, y luego respondió con mucha circunspección:
—¡Quiá! Son cuatro moros piojosos… Han hecho un amago para ver cómo andábamos de fuerzas…
 —¿Entonces?
—Cualquiera sabe…

José Antonio Valenzuela

Ejercicio 6 para perspicaces

María es una novela autobiográfica en la que Efraím cuenta la historia de su amor por ella. Efraím, primera persona, es el que dice las frases con los sucesos de su vida y de su amor. Un párrafo de la novela:

Volví al salón. Mientras mi hermana ensayaba en la guitarra un valse nuevo. María me refirió la conversación que al regreso del paseo había tenido con mi padre. Nunca se había mostrado tan expansiva conmigo: recordando ese diálogo, el pudor le velaba frecuentemente los ojos y el placer le jugaba en los labios

Isaacs, Jorge, 1967, María

Efraím dice, en primera persona, Volví al salón. Y también él dice esta otra: mi hermana ensayaba en la guitarra un valse nuevo. María es tercera persona. Al decir mi hermana, sabemos que sigue hablando él. Él cuenta la historia romántica de la novela.

Ahora bien, si la historia no la contara Efraím, lo haría otro y se escribiría en tercera persona, se leería esto: Efraím volvió al salón. Y la otra frase sería, su hermana ensayaba en la guitarra un valse nuevo. También en tercera persona, su hermana, ella. Esto signica que tanto Efraím como su hermana son terceras personas. Antes solo lo era María. Efraím era primera persona.

Ejercicio

Escribe todo el párrafo en tercera persona y compruéba que está bien con la solución, al final. Escribe en la casilla Mensaje tu contestación a estas preguntas.

¿Quién dice las frases que ya no dice Efraím?
¿Las dices tú, porque las has escrito, quitándoselas de boca a Efraím?
¿Se podría cambiar la novela entera a tercerra persona?
Si se cambia, ¿ sería diferente en el argumento?
¿Se pueden decir todos los cambios que sufría la novela o no?
Los cambios que aprecio son: …

Párrafo conmutado a tercera persona.

*Volvió al salón. Mientras su hermana ensayaba en la guitarra un valse nuevo. María le refirió la conversaciónque al regreso del paseo había tenido con su padre. Nunca se había mostrado tan expansiva con él: recordando ese diálogo, el pudor le velaba frecuentemente los ojos y el placer le jugaba en los labios.

Sobre este ejercicio para perspicaces

Perspicaz es la persona de agudo ingenio

Escribe como te salió el ejercicio y algún comentario

Ejercicio 2 para trabajadores

Texto de estructura básica

(García Márquez. Crónica de una muerte annciada, cap. primero)

En esas estaban cuando el pueblo entero despertó con el bramido estremecedor del buque de vapor en que llegaba el obispo. La casa era un antiguo depósito de dos pisos, con paredes de tablones bastos y un techo de cinc de dos aguas, sobre el cual velaban los gallinazos por los desperdicios del puerto. Había sido construido en los tiempos en que el río era tan servicial que muchas barcazas de mar, e inclusive algunos barcos de altura, se aventuraban hasta aquí a través de las ciénagas del estuario. Cuando vino Ibrahim Nasar con los últimos árabes, al término de las guerras civiles, ya no llegaban los barcos de mar debido a las mudanzas del río, y el depósito estaba en desuso. Ibrahim Nasar lo compró a cualquier precio para poner una tienda de importación que nunca puso, y sólo cuando se iba a casar lo convirtió en una casa para vivir. En la planta baja abrió un salón que servía para todo, y construyó en el fondo una caballeriza para cuatro animales, los cuartos de servicio, y tina cocina de hacienda con ventanas hacia el puerto por donde entraba a toda hora la pestilencia de las aguas. Lo único que dejó intacto en el salón fue la escalera en espiral rescatada de algún naufragio. En la planta alta, donde antes estuvieron las oficinas de aduana hizo dos dormitorios amplios y cinco camarotes para los muchos hijos que pensaba tener, y construyó un balcón de madera sobre los almendros de la plaza, donde  Plácida Linero se sentaba en las tardes de marzo a consolarse de su soledad.

Ejercicio

1 Separa el núcleo, escríbelo en un cuaderno. No lo hagas mentalmente.

2 Compruébalo con la solucción siguiente

Pimer plano

Segundo plano, imperfecos

 En ésas estaban
cuando el pueblo entero despertó con el bramido estremecedor del buque de vapor en que 
 llegaba el obispo.
  La casa era un antiguo depósito de dos pisos, con paredes de tablones bastos y un techo de cinc de dos aguas, sobre el cual
  velaban los gallinazos por los desperdicios del puerto.
  Había sido construido en los tiempos en que el río
 era tan servicial que muchas barcazas de mar, e inclusive algunos barcos de altura, se
  aventuraban hasta aquí a través de las ciénagas del estuario.
Cuando vino Ibrahim Nasar con los últimos árabes, al término de las guerras civiles, ya 
  no llegaban los barcos de mar debido a las mudanzas del río, y
  el depósito estaba en desuso.
 Ibrahim Nasar lo compró a cualquier precio para poner una tienda de importación 
que nunca puso, y sólo cuando 
 se iba a casar lo convirtió en una casa para vivir.
En la planta baja abrió un salón que 
  servía para todo, y
construyó en el fondo una caballeriza para cuatro animales, los cuartos de servicio, y una cocina de hacienda con ventanas hacia el puerto por donde 
  entraba a toda hora la pestilencia de las aguas.
Lo único que dejó intacto en el salón fue la escalera en espiral rescatada de algún naufragio. 
  En la planta alta, donde antes estuvieron (*habían estado) las oficinas de aduana,
hizo dos dormitorios amplios y cinco camarotes para los muchos hijos que 
  pensaba tener, y
construyó un balcón de madera sobre los almendros de la plaza, donde 
  Plácida Linero se sentaba en las tardes de marzo a consolarse de su soledad.

3 Haz la lista de la serie de verbos en indefinidos de la primera columna y envíala.

Lista de verbos en idefinido. Haz un comentario. ¿Fue fácil o no?

Ejercicio 3 para aplicados

El texto es de san Marcos

Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre.
Viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó por si encontraba algo en ella, pero cuando llegó no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos.
Y la increpó:
 — Que nunca jamás coma nadie fruto de ti.
Y sus discípulos lo estaban escuchando. Llegaron a Jerusalén. Y, entrando en el Templo, comenzó a expulsar a los que vendían y a los que compraban en el Templo, y volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba diciendo:

Marcos , capítulo 11 12-16

Tiene tres estratos:

1 Primer estrato. Primer plano

sintió hambre.
se acercó (a la higuera)… llegó no encontró más que hojas … la increpó:
Llegaron a Jerusalén. Y, entrando en el Templo, comenzó a expulsar … volcó las mesas de los cambistas

2 Segundo estrato. Segundo plano

Al día siguiente, cuando salían de Betania,…Viendo de lejos una higuera que tenía hojas, …por si encontraba algo en ella … no era tiempo de higos. Y sus discípulos lo estaban escuchando. … los que vendían y a los que compraban en el Templo… los que vendían palomas …Y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba

3 Tecer estrato. Diálogo directo

la increpó:
 — Que nunca jamás coma nadie fruto de ti.

Notas:

viendo (viendo de lejos una higuera), entrando (entrando en el Templo) son gerundios que puede conmutarse por primer plano vio, entró. pero no por segundo *veía, *entraba.

2 Comprueba si son posibles y gramaticales conmutaciones ente acciones de primer plano a segundo. Este ejercicio consiste en la obsevación nada más. Si se puede conmutar o no lo sabe cualquier nativo y lo comprueba sin ayuda. La lista siguente sirve de guía.

cuando salían de Betania
sintió hambre.
que tenía hojas,
se acercó por si encontraba algo en ella
cuando llegó
no encontró más que hojas,
no era tiempo de higos.
Y la increpó:

Y sus discípulos lo estaban escuchando.
Llegaron a Jerusalén.
Y, entrando en el Templo,
comenzó a expulsar a
los que vendían y a
los que compraban en el Templo, y
volcó las mesas de los cambistas y los
Y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.

Manda un comentario sobre el ejercicio y te contesto

Ejercicio 2

Texto de estructura básica

(García Márquez. Crónica de una muerte annciada, cap. primero)

En esas estaban cuando el pueblo entero despertó con el bramido estremecedor del buque de vapor en que llegaba el obispo. La casa era un antiguo depósito de dos pisos, con paredes de tablones bastos y un techo de cinc de dos aguas, sobre el cual velaban los gallinazos por los desperdicios del puerto. Había sido construido en los tiempos en que el río era tan servicial que muchas barcazas de mar, e inclusive algunos barcos de altura, se aventuraban hasta aquí a través de las ciénagas del estuario. Cuando vino Ibrahim Nasar con los últimos árabes, al término de las guerras civiles, ya no llegaban los barcos de mar debido a las mudanzas del río, y el depósito estaba en desuso. Ibrahim Nasar lo compró a cualquier precio para poner una tienda de importación que nunca puso, y sólo cuando se iba a casar lo convirtió en una casa para vivir. En la planta baja abrió un salón que servía para todo, y construyó en el fondo una caballeriza para cuatro animales, los cuartos de servicio, y tina cocina de hacienda con ventanas hacia el puerto por donde entraba a toda hora la pestilencia de las aguas. Lo único que dejó intacto en el salón fue la escalera en espiral rescatada de algún naufragio. En la planta alta, donde antes estuvieron las oficinas de aduana hizo dos dormitorios amplios y cinco camarotes para los muchos hijos que pensaba tener, y construyó un balcón de madera sobre los almendros de la plaza, donde  Plácida Linero se sentaba en las tardes de marzo a consolarse de su soledad.

Ejercicios

Separa el núcleo, escríbelo en un cuaderno y compruébalo con la solucción siguiente. no lo hagas mentalmente.

Pimer plano

Segundo plano, imperfecos

 En ésas estaban
cuando el pueblo entero despertó con el bramido estremecedor del buque de vapor en que 
 llegaba el obispo.
  La casa era un antiguo depósito de dos pisos, con paredes de tablones bastos y un techo de cinc de dos aguas, sobre el cual
  velaban los gallinazos por los desperdicios del puerto.
  Había sido construido en los tiempos en que el río
 era tan servicial que muchas barcazas de mar, e inclusive algunos barcos de altura, se
  aventuraban hasta aquí a través de las ciénagas del estuario.
Cuando vino Ibrahim Nasar con los últimos árabes, al término de las guerras civiles, ya 
  no llegaban los barcos de mar debido a las mudanzas del río, y
  el depósito estaba en desuso.
 Ibrahim Nasar lo compró a cualquier precio para poner una tienda de importación 
que nunca puso, y sólo cuando 
 se iba a casar lo convirtió en una casa para vivir.
En la planta baja abrió un salón que 
  servía para todo, y
construyó en el fondo una caballeriza para cuatro animales, los cuartos de servicio, y una cocina de hacienda con ventanas hacia el puerto por donde 
  entraba a toda hora la pestilencia de las aguas.
Lo único que dejó intacto en el salón fue la escalera en espiral rescatada de algún naufragio. 
  En la planta alta, donde antes estuvieron (*habían estado) las oficinas de aduana,
hizo dos dormitorios amplios y cinco camarotes para los muchos hijos que 
  pensaba tener, y
construyó un balcón de madera sobre los almendros de la plaza, donde 
  Plácida Linero se sentaba en las tardes de marzo a consolarse de su soledad.

1 Haz la lista de la serie de verbos en indefinidos de la primera columna

2 Comprueba la posibilidad de cambiar algún indefinido pasandolo a la segunda columna de imperfectos. Y al revés. Haz la observación y comenta este aspecto.

3 Cambia la historia por otro edificio o lugar y escribe otro segundo plano sustituyendo al del ejemplo

Si envias el ejercicio y haces un comentario te contestaré.

Ejercicio 1 de básico interés

Texto de estructura básica.

Los edificios tienen una viga maestra que no se ve y los sotienen. Esta narración tiene una, la llamo núcleo. El ejercicio consiste en descubrirla. Sin ella la narración no se sostiene y se descompondría.

(García Márquez. Crónica de una muerte anunciada, cap. primero)

Victoria Guzmán, la cocinera, estaba segura de que no había llovido aquel día. Ni en todo el mes de febrero. “Al contrario”, me dijo cuando vine a verla, poco antes de su muerte. “El sol calentó más temprano que en agosto”. Estaba descuartizando tres conejos para el almuerzo, rodeada de perros acezantes, cuando Santiago Nasar entró en la cocina. “Siempre se levantaba con cara de mala noche”, recordaba sin amor Victoria Guzmán. Divina Flor, su hija, que apenas empezaba a florecer, le sirvió a Santiago Nasar un tazón de café cerrero con un chorro de alcohol de caña, como todos los lunes, para ayudarlo a
sobrellevar la carga de la noche anterior. La cocina enorme, con el cuchicheo de
la lumbre y las gallinas dormidas en las perchas, tenía una respiración sigilosa.
Santiago Nasar masticó otra aspirina y se sentó a beber a sorbos lentos el tazón de
café, pensando despacio, sin apartar la vista de las dos mujeres que destripaban
los conejos en la hornilla. A pesar de la edad, Victoria Guzmán se conservaba
entera. La niña, todavía un poco montaraz, parecía sofocada por el ímpetu de sus
glándulas. Santiago Nasar la agarró por la muñeca cuando ella iba a recibirle el
tazón vacío.
—Ya estás en tiempo de desbravar —le dijo.
Victoria Guzmán le mostró el cuchillo ensangrentado.
—Suéltala, blanco —le ordenó en serio—. De esa agua no beberás mientras
y o esté viva.

1 Estudia, lee despacio, este texto.

2 Separa el núcleo, que se compone de las frases en indefinidos y escribelas en una columna. En la segunda columna pon las frases en imperfectos. Escríbelo en la hoja de un cuaderno.

3 Compruéba tu rsultado con las columnas siguientes. Este ejercicio es para aprender a hacerlo.

El núcleo indefinidos.
Segundo plano imperfectos.
Fue la última vez que lo vio. 
 Victoria Guzmán, la cocinera, estaba segura de que no había llovido aquel día, ni en todo el mes de febrero. Estaba descuartizando tres conejos para el almuerzo, rodeada de perros acezantes, cuando
Santiago Nasar entró en la cocina. 
 Divina Flor, su hija, que apenas empezaba a florecer,
le sirvió a Santiago Nasar un tazón de café cerrero con un chorro de alcohol de caña, como todos los lunes, para ayudarlo sobrellevar la carga de la noche anterior. 
 La cocina enorme, con el cuchicheo de la lumbre y las gallinas dormidas en las perchas, tenía una respiración sigilosa.
Santiago Nasar masticó otra aspirina y se sentó a beber a sorbos lentos el tazón de café, 
 pensando despacio, sin apartar la vista de las dos mujeres que destripaban los conejos en la hornilla. A pesar de la edad, Victoria Guzmán se conservaba entera. La niña, todavía un poco montaraz, parecía sofocada por el ímpetu de sus glándulas.
Santiago Nasar la agarró por la muñeca 
 cuando ella iba a recibirle el tazón vacío.
-Ya estás en tiempo de desbravar-le dijo. 
Victoria Guzmán le mostró el cuchillo ensangrentado. 
-Suéltala, blanco -le ordenó en serio-. De esa agua no beberás mientras yo este viva.

4 Lée cada columnas separada.

5 Escribe la lista de los verbos del núcleo. Compruébala


la última vez que lo vio
Santiago entró en la cocina
Divina Flor, la hija, sirvió un tazón de café
Santiago masticó otra aspirina
Se sentó
Agarró por la muñeca
Lenguaje directo:
-Santiago:
-la madre:

Dime si entendiste lo que hay que hacer y si eres capaz de hacerlo con otro texto que te ponga.

Ejercicio 2, Sobre el narrador

Referencia  ”Jorge Isaacs, María. Memorias”:  http://wp.me/p842Dr-jt

Con este ejercicio se comprueba la diferencia que puede haber entre un narador no personaje y otro ue sí lo es. Dicho de otro modo el narrador en primera persona es la narración que hace un personaje representado.

Ejercicio:  Cambia el párrafo en primera persona a tercera persona.

Texto de María en el capítulo 28:

Volví al salón. Mientras mi hermana ensayaba en la guitarra un valse nuevo. María me refirió la conversación que al regreso del paseo había tenido con mi padre. Nunca se había mostrado tan expansiva conmigo: recordando ese diálogo, el pudor le velaba frecuentemente los ojos y el placer le jugaba en los labios.   

Resulta este:

Volvió al salón. Mientras su hermana ensayaba en la guitarra un valse nuevo. María le refirió la conversación que al regreso del paseo había tenido con su padre. Nunca se había mostrado tan expansiva con él: recordando ese diálogo, el pudor le velaba frecuentemente los ojos y el placer le jugaba en los labios.

¿Que cambia del suceso? No se altera nada.  Al hacer esta trasposición a una forma no autobiográfica, Efraín es tercera persona, y entonce no habla como narrador. puede hablar como  personaje,  en estilo directo que no lo introduciría él “le respondió” en lugar de “le respondí”. Se ve que en realidad es un personaje como los demás representados. Su hablar no es de narrador propiamente. Es hablar de un personaje que cuenta su caso. Es la narración que hace un personaje representado.