Suceso
Nadie en el barrio sabía la edad del loro. Lo había traído un marinero de América. Tenía su jaula a la derecha en la entrada. Entró Cora al restaurante y el loro preguntó: ¿Tiene mesa? Cora contestó con voz de flauta: mira que simpático. Y el loro con la misma voz de Cora, repitió: mira que simpático.
Y le sentó muy mal. Se quejó a la dueña de que el loro hacía burla de su voz. Pero al poco se dio cuenta de que el loro no tenía intenciones, no pensaba, repetía. Era una atracción del restaurante, pero a ella, al oír en la voz del loro su voz cascada, se le atravesó el sitio y como era picajosa y susceptible, se marchó diciendo que un restaurante no era un zoo.
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