1. El hombre tiene que representar el pasado y referirse constantemente a él, porque pierde su ser diariamente en cada empresa que acomete. Su deficiencia temporal se compensa con su capacidad inmensa casi infinita, dice san Agustín, para recordar. Esto lo dice en el estudio de la memoria, el libro X que precede al análisis del tiempo en Las Confesiones.
2. Por la enorme deficiencia de su ser temporal tiene que ver y dejar que todo pase, y desaparezca, porque el presente no tiene tiempo y no retiene nada, pero deja en el interior del hombre un inmenso depósito de huellas con el orden y de este depósito obtiene la memoria sus recuerdos. Sobre estos elementos, las huellas que lo que pasó por su presente, tiene un dominio vital y puede invocarlos y volverlos a dejar en su interior ocultos, puede traerlos al presente como imágenes, siempre de modo sucesivo porque fueron presentes.
3. Ni su tiempo ni su memoria soportan una posesión simultánea, por eso aunque su tiempo sea deficiente y su escasez haga que desaparezca la realidad, en su interior alberga sus huellas e imágenes. Esto es lo que explica san Agustín lo transcribo con cierta libertad: Con la mano aparto mi recuerdo para que quede despejado y salte a la vista lo que quiero, las precedentes se retiran ante las consiguientes hasta que de nuevo yo las requiera y otras son proporcionadas fácilmente y en serie, tal como son solicitadas; las precedentes al retirarse son guardadas para presentarse de nuevo. Todo este proceso ocurre cuando narro algo con la sola ayuda de la memoria. [Agustín, San. Confesiones (Biblioteca Clásica Gredos N.º 387) (Página 473). Gredos. Edición de Kindle.]
4. La plenitud de su memoria refuerza con su actividad narrativa la debilidad de su ser. Por lo que la narración es un discurso necesario y de importancia, como lo es el primer discurso del hablar y comunicarse, de uso equiparable, de desarrollo semejante y de adquisición nativa como el hablar. De otra manera el hombre, sin recordar y contar lo pasado, no podría mantener su identidad y tener seguridad de vivir en un lugar conocido, suyo y ser él. Con su lenguaje en lo fue, con memoria y narración es persona. Con su interior conciencia compuesta de historias y tramas combate la escasez y pobreza de su ser temporal.
5. Sin el lenguaje, sin la memoria y la narración, el hombre no sabría quién es, sería incapaz de identidad y para desarrollarla necesita darle forma. Narrando su vida y configurarla con la narración de su lengua. La narración es la condición identificadora de la existencia humana, que retiene su modo de ser temporal. Convierte los sucesos en representaciones, lo que quiere decir reproduciendo el tiempo a no lo tienen. Son como los cuadros en la pared. Los veo en mi tiempo, el que quiera dedicarles, están en la pared inmóviles porque son objetos sin tiempo. El tiempo es del espectador. Y lo mismo pasa en las películas, aunque muevan sus cuadros. El paso de la vida por el presente es lo deficiente de su ser y necesita el relato la representación sin tempo. Eso es lo que da forma a su identificación, de lo que resulta que la identidad humana es identificación narrativa. Y además de la narrativa con lenguaje tiende a construir la historia, parar un poco la vida. Ser geográfico, ir más allá de las frases narrativas sobre el pasado.
Viene a decirnos san Agustín, -pienso yo, extrapolando- que el tiempo es la vida del hombre. Y más aún, nos dice que el tiempo solo es una realidad de la vida, sin vida no tiene tiempo. De modo que se toca un asunto central.
Si se pregunta por la identidad de un individuo la respuesta tiene que ser narrar su vida. Las ideas de estos últimos párrafos no son literales de Ricoeur, pero son suyas, como son comunes al ser del hombre y está en el meollo de la lengua.
Pero Ricoeur se centra en la narración como género literario, porque es imitación de la vida, y le falta la perspectiva que da al discurso la amplitud de la lengua en relación con el tiempo. La perspectiva de los discursos le es ajena. Y precisamente en esta relación es donde está el meollo de la relación de tiempo y narración. La narración es discurso y tiene esa amplitud de la lengua, mientras que la narración como género literario es parte de la lengua. Es conveniente confrontar en el hombre su tiempo y su lengua. La actividad de narrar y el ser y no ser del tiempo, que es su carencia. La confrontación entre tiempo y narración, género literario, tiene un punto de desequilibrio, que pide contrastar el lenguaje con su capacidad para responder a la debilidad de tiempo. El meollo de la relación entre tiempo y género narrativo pasa antes por la exigencia del discurso narrativo en la temporalidad deficiente. El tiempo humano fuerza al hombre a narrar. Las sociedades y los individuos tienen imperiosa necesidad de identidad narrativa. El hablar y comunicarse, discurso general de la lengua se refuerza con el narrar. Por eso este discurso es parte de la arquitectura de la la lengua, que contiene así el desgarrón que la disuelve. Esto es, a mi juicio, lo que suponen las misteriosas operaciones configuradoras de mimesis II de las que habla Ricoeur pero que no explica. Para él la narración es un género literario-
6. El cambio que la mimesis produce equivale a un cambio, que tiene toda la amplitud de la lengua. En mimesis II se emplea la lengua en otra función- De mimesis II sale una forma de narrativa modificada, no un lenguaje literario, imposible de definir, sin un discurso de narrar. La mimesis es un cambio de discurso
Y tiene como pensaba Ricoeur una intrínseca relación de necesidad con el tiempo pone de manifiesto su deficiente ontología, responde al tiempo salvaje y aporético como lo ve san Agustín y es la formación del segundo discurso de narrar.
7. La operación configuradora de mimesis II puede ser el cambio de discurso que tiene lugar cuando se escribe en la narración configurada, en un sistema verbal diferente sin que se aprecie el cambio. La mediación de la mimesis según Ricoeur consiste en la transformación de la narración primera del mundo del hablar, en narración configurada, y la pauta mejor de ese género de narración la expone texto del hablar vivo, pero carece del tiempo de la vida. Tienen la misma forma y son dos discursos. El diálogo es narrativo cuando está en no está vivo y es una representación.
8 Ricoeur establece la relación del tiempo humano con la narración, no con la lengua completa. Afirma que a las aporías del tiempo solo se responde con la actividad narrativa. La trama interpretada por Aristóteles, en contraste con el tiempo de San Agustín, parece que soslaya la paradoja del tiempo humano, la posición de san Agustín sobre el tiempo y lo que dijo lo dijo para siempre.
9. Lo que hace ver Ricoeur, sin que lo diga, es que la existencia del discurso narrar, responde precisamente a la ontología deficiente del tiempo humano, que queda palmaria en las aporías de san Agustín. ¿Quién puede negar que esta deficiencia del tiempo humano es el origen de la referencia al pasado y que del discurso del hablar nace el discurso de narrar?
10. El hombre recurre a la vida representada y simbólica para suplir la deficiencia de la viva realidad. Ricoeur da salida a las aporías con la Poética, la trama considerada justamente como si fuera el tipo logrado de narración.
El relato es un discurso que tiene texto y mundo contenido, nuestra perspectiva no considera todas las dimensiones de la narración, sino solo su texto con su significado primero, que puede considerarse un género, pero se ve que tiene todos los rasgos de un discurso como vengo demostrando.
Ricoeur hace un preciso análisis de la filosofía de San Agustín para cubrir un extremo del puente, y establece para el otro extremo la trama trágica descrita por Aristóteles en la Poética. Y lo eleva a lo sustancial de la narración, pero sin dejar de ser un género. Los dos extremos: por un lado, el ser temporal del hombre que es inestabilidad, discordancia y paradoja constante; y por otro, el análisis Aristotélico de la trama como narración, con su poder de trabazón y permanencia, que forma una imagen superior de estabilidad y concordancia. Una actividad eminentemente verbal en que la concordancia restablece la discordancia. (Página 80).
11. Es decir, el incomprensible ser del tiempo lo hace más comprensible la narración con una respuesta poética, que da un cauce de salida opuesto a la discordancia. La construcción narrativa, que es réplica invertida a la discordancia. Los hechos que el presente disuelve y entrega a la desaparición del no ser, la narración los restablece en una concordancia representada. Aqui se sobrepone lo sintagmático sobre lo paradigmático.
Frente a su ser temporal, que es desvanecimiento continuo, responde con la representación que elimina el problema de la fuga del tiempo. Es solo un modo verbal de superar la deriva del presente, la corriente de naufragio que es su ser temporal que lleva al sumidero del no ser, la esencia de la discordancia. El hombre busca permanencia y su búsqueda le lleva a cierta plenitud y desde ella combate su disolución siempre discordante de la aporía.
En la narración encuentra una respuesta al continuo pasar de su ser a la nada. Por ello la narración es elemento esencial para la vida del ser humano. No es un espectáculo como es la tragedia o un entretenimiento lúdico. Ambos discursos, el hablar en presente y el narrar atemporal, están contrapuestos entre sí por el tiempo. Narrar no es una actividad de origen literario, nace por necesidad constitutiva y ontológica del ser y para vivir. Es la forma de contrarrestar la pérdida instante de su vida en el presente que no puede retener. Responde al tiempo que la disgrega con narración.
Aristóteles en la Poética. 12. Las adaptaciones que tiene que hacer Ricoeur, desde un texto teatral a la trama las hace sin inmutarse, cosa en realidad muy justa, porque el hablar teatral es imitación icónica de acciones y su texto no se puede distinguir del habla
Granada, 3O abril 2026